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17 de septiembre de 2010 a las 7:31 GMT+1
seleucus
Octavo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.
Alpheus Hyatt Verrill (1871-1954) fue un arqueólogo americano que, fuera de horas, se dedicó a la ficción más chunga para la revista Amazing Stories. Sin ir más lejos, "La plaga de los muertos vivientes" se publicó en dicha revista en abril de 1927, y se erige en un relato no sólo divertido sino tan imaginativo que traspasa lo zombi para caer de lleno en lo surrealista. Con todo, literariamente no vale nada. Trata de un científico que descubre el exilir de la vida eterna, con el peligro que ello conlleva: que no la palme nadie. Acabáramos.
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15 de septiembre de 2010 a las 7:24 GMT+1
seleucus
Séptimo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.
Ashton Smith (1893-1961) era amigo de Lovecraft, y aunque la diferencia de edad era mínima, su narrativa estaba muy influida por el cabecilla del llamado Círculo de Lovecraft, donde también militaban August Derleth o Robert Bloch, el autor de Psicosis.
"El Imperio de los Nigromantes" se publicó en la revista Weird Tales en septiembre de 1932. Es un buen ejemplo de la prosa poética del autor, y lo zombi se trata de un modo totalmente ajeno a la tradición del horror haitiano o de los muertos caníbales del cine. La verdad es que tiene más aire de espada y brujería que de otra cosa.
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14 de septiembre de 2010 a las 7:29 GMT+1
seleucus
Sexto relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de J.M. Nebreda.
Poco hay que decir del genio de Providence, que publicó este relato en la revista Home's Brew durante los seis meses que van de febrero a julio de 1922. Y se nota. Hay repeticiones un tanto cansinas que no se habrían producido si la obra se hubiera creado de modo integral y no por partes.
Sin embargo, y una vez más, Lovecraft transmite a la perfección esa sensación de malestar turbador que sus lectores buscan. En este caso no estamos en el ciclo de los Mitos de Cthulhu sino en un entorno independiente del resto de su narrativa. El protagonista es un médico à la Frankenstein, obsesionado con devolver la vida a los cadáveres que va pillando por ahí. Por supuesto, las cosas salen mal y la sangre corre de lo lindo. De otro modo, pediría que me devolvieran el dinero.
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13 de septiembre de 2010 a las 7:42 GMT+1
seleucus
Quinto relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.
Thorp McClusky (1906-1975), nos explica el editor externo Jesús Palacios, fue un profesional de la pulp fiction. Es innegable que debemos tomarlo al pie de la letra, pues literariamente "Cuando caminan los zombis" deja mucho que desear. Incluso podría hacerse un juego de palabras poco sutil con el nombre del autor y el adjetivo 'torpe'.
La historia trata de un malvado sacerdote que resucita muertos mediante vudú y del héroe que le parará los pies, y de paso los muertos. No vale la pena exponer nada más.
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10 de septiembre de 2010 a las 7:51 GMT+1
seleucus
Cuarto relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar), y además le cede el título a todo el libro. Traducción de Marta Lila Murillo.
De John Burke se sabe poco. Parece que nació en Inglaterra en 1922 y que aún vive, sea como nosotros o como zombi. En realidad, este relato es una adaptación del guión original de Peter Bryan para la película La plaga de los zombis dirigida en 1966 por John Gilling. No la he visto, pero me imagino que será como el texto que nos ocupa: para pasar el rato y poco más.
Que no se diga que no doy más detalles: un aristócrata más malo que la tiña importa a Inglaterra los ritos del vudú para dominar a su antojo a la pobre gente que vive en sus tierras y aledaños. Grrrrrr...
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9 de septiembre de 2010 a las 7:03 GMT+1
seleucus
Tercer relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Se supone que la traducción es de Marta Lila Murillo.
Puntualización: "Yo anduve como un zombi" sería un título adecuado para una de Pajares y Esteso. Pero aquí es "con", no "como".
De Inez Wallace no se sabe mucho. Según Jesús Palacios, el editor y prologuista de este volumen zombístico, nació en 1893 y murió en 1947, mientras que IMDb me da las fechas 1888-1967. En todo caso, era periodista y de su crónica haitiana "Yo anduve con un zombi" salió la película de Jacques Tourneur, ciertamente turbadora por más que no haya envejecido bien (no como los zombis, que se quedan igual).
Narrativamente, este relato no tiene nada del otro mundo (nunca mejor dicho), pero algunos puntos desasosiegan un rato. De ahí que lo coloque en "Recomendaciones literarias". Tampoco vamos a hacer sangre.
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7 de septiembre de 2010 a las 7:36 GMT+1
seleucus
Segundo relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Traducción de Marta Lila Murillo.
Por lo que se ve, el señor Hearn era un friki pata negra. De madre griega y padre irlandés, nació en 1850 en Léucade, una de las Islas Jónicas (a la sazón todas bajo dominio otomano), y murió en Tokio en 1904, convertido al budismo, con pasaporte japonés y nuevo nombre: Koizumi Yakumo. Su lengua literaria era el inglés.
"El país de los que regresan" no es propiamente una relato de zombis sino la narración de lo que te puede pasar si te vas de farra nocturna en Haití: la que parece una joven buenorra se revela como otra cosa que no es de este mundo. En casos así, las precauciones no pasan por usar preservativos sino por echar a correr, literalmente. Y es que no está el horno para pollos. O bollos, da lo mismo.
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6 de septiembre de 2010 a las 7:33 GMT+1
seleucus
Primer relato del volumen La plaga de los zombis (Valdemar). Es de suponer que la traducción es de José Luis Moreno Ruiz.
William Seabrook (1884-1945) era todo un personaje. Estadounidense alcohólico que se quedó más bien poco en casa, viajó por todo el mundo, conoció al satanista Aleister Crowley por sus intereses comunes en el ocultismo y terminó practicando canibalismo en compañía de no sé qué tribu (la víctima había muerto por causas naturales, o eso dicen). A la postre, se suicidó. Todo parece indicar que era el individuo más extravagante de la Generación Perdida, el grupo de escritores de diversas procedencias que vivió en París durante el período de entreguerras (Ezra Pound, John Dos Passos, Erich Maria Remarque, etc.).
"Muertos que trabajan en los campos de caña" es el único relato sobre zombis del libro La isla mágica, dedicado a Haití. Seabrook nos ilustra con una descripción de las prácticas de vudú empleadas para resucitar cadáveres recientes y usarlos como esclavos en los campos. Este tipo de zombi se parece más a un robot que a cualquier otra cosa, y es absolutamente inofensivo. Hay que destacar que en el Artículo 249 del Código Penal de Haití se recoge que:
"También será considerado como intento de asesinato el empleo en perjuicio de otra persona de sustancias, las cuales, sin ocasionar la muerte real, producen en el sujeto un coma letárgico de duración variable. Si, tras la administración de dichas sustancias, la persona resultara enterrada, el acto se consideraría asesinato, fuera cual fuera el desenlace final."
Como podría decir un anuncio del Ministerio de Turismo: "Ven a Haití. No querrás volver".
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3 de septiembre de 2010 a las 7:45 GMT+1
seleucus
La editorial Valdemar ha publicado recientemente en su colección Gótica un compendio de relatos con los muertos vivientes como eje. Los de verdad, no los políticos españoles. Una vez más en esta editorial, las traducciones son mejorables, pero qué le vamos a hacer si esto es lo que hay.
El título completo es La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes. La primera parte del título es propiamente uno de los relatos, "La plaga de los zombis", de John Burke, y no precisamente el mejor. El editor externo que ha seleccionado y coordinado la edición es un tal Jesús Palacios, especialista en la literatura de horror y responsable de unos prólogos muy acertados que podrían ser incluso mejores si se hubieran cuidado ciertos detalles con un esmero mayor.
Confieso que me lo compré porque nunca he leído cuentos de zombis más allá de "Herbert West, reanimador", de Lovecraft (presente en esta antología), y necesitaba comprobar algo que me cruzó por la cabeza: que el cine de zombis moderno (a partir de Romero y su La noche de los muertos vivientes, de 1968) no tiene sus raíces tanto en la narrativa zombi anterior cuanto en el vampirismo tal como lo describe Matheson en Soy leyenda. Lo que he leído me lo ha confirmado, y es más, el mismo Jesús Palacios lo afirma, si bien no de un modo tan tajante.
Como el volumen tiene chicha para rato, en los próximos días me centraré brevemente en cada uno de los relatos que lo componen. En mi abyección bloguera, reconozco sin pudor que es un modo de ir escribiendo algo que no me ocupe mucho tiempo. Necesito estar libre para preparar mi traslado a Singapur el 22 de septiembre, ya que posiblemente no me deje caer por Barcelona hasta el próximo junio. Y si todo va bien, dicho regreso será sólo para pasar un mes de vacaciones antes de volver allí.
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12 de enero de 2010 a las 6:54 GMT+1
seleucus
Una parte de lo que voy a exponer ya lo traté hace tiempo, pero el visionado de [REC] 2 me llevó a otro enlace de referencias y me decidí a escribir esta entrada.
Hay cinco regresos a casa, y no por Navidad, que ponen los pelos de punta. El primero, y quizá sea el punto de partida histórico para el resto (menos para uno, el español), es el que describe W.W. Jacobs en el relato "The Monkey's Paw": la desgraciada madre desea que su hijo muerto vuelva a casa. Pero claro, es muy imprudente hacer eso mientras sostienes una pata de mono disecada que, aunque tenga el poder de concederte lo que deseas, lo hará siempre con un reverso tenebroso. Y si, justo después de desearlo, oyes pasos en el jardín mientras algo indescriptible te hiela la sangre en las venas, tanto peor. El capítulo de La hora de Alfred Hitchcock basado en este relato era muy malo, pero el final lograba transmitir el espanto.
El segundo retorno es el de la protagonista del relato "La resucitada", de Emilia Pardo Bazán. Una fenecida sale del mausoleo y vuelve a casa para horror de su marido e hijos, quienes se dan cuenta de que el amor que sintieron por ella no puede regresar ante la evidencia de que algo innatural ha cristalizado en su vida cotidiana. El rechazo familiar la lleva de vuelta a la tumba por voluntad propia en una escena memorable: su presencia inefable ha roto lo irrompible.
El tercero es el de I Am Legend, de Matheson. El protagonista, el último hombre en un planeta de vampiros (ventaja: no pagas impuestos ni hay televisión pública), recuerda el día en que enterró a su mujer, víctima de la plaga, así como el preciso instante en que la puerta de casa se abrió y ella reapareció, viva en muerte, balbuceando su nombre a lo zombi pero sin intención alguna de consumación matrimonial. Se entiende que uno, después de resucitar vampíricamente, necesite sangre. Con un Cacaolat no llegas.
El cuarto es el de la mujer e hijo del protagonista en la película El cementerio viviente, basada en una novela de Stephen King que no he leído. Nunca hay que enterrar a los muertos en un suelo (sagrado para los indios, a lo Poltergeist) que tiene la propiedad de resucitar al personal, mas dotándole de una mala baba sanguinaria espectacular. Así, el notas, que no se da por aludido cuando el fantasma de uno a quien vio morir se aparece para avisarlo, no tiene ninguna idea mejor que enterrar a su hijo y a su mujer allí. A quién se le ocurre. Como presentarse en El Corte Inglés el primer día de rebajas.
El quinto regreso no es exactamente como los anteriores. No obstante, tiene un toque diferencial que me pilló totalmente desprevenido. Es el de una mujer en [REC] 2. Cuando el marido entra en el piso del edificio infectado, acompañado por las fuerzas especiales de la policía, percibe que en la cocina hay alguien. La tensión sube y te agarras a la butaca. El grupo se desliza en sigilo por el pasillo y entonces se oye que la zombi se pone a batir un huevo para hacer una tortilla. Matrícula de honor para Jaume Balagueró, porque te esperas cualquier cosa menos eso. El marido penetra en la cocina a medialuz, contraviniendo las órdenes de los policías, y la que en vida fue su esposa intenta sazonar la tortilla con su sangre.
Eso es lo que se llama "alta cocina catalana".
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