“Ganas más vendiendo salchichas que langostas”

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Añadir comentario 10 de Marzo de 2010 a las 7:46 GMT+1 seleucus

Eso no me lo dijo un actor porno sino un amigo cocinero de primer nivel, mientras me explicaba por qué cierra El Bulli, el conocido restaurante de Ferran Adrià. Entonces pensé que quizá haya cierta similitud con el sector editorial. Quién sabe...

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Todo fluye, de Vasili Grossman

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4 comentarios 1 de Marzo de 2010 a las 7:37 GMT+1 seleucus

Segundo volumen que leo de Grossman, de nuevo en Galaxia Gutenberg y traducido por Marta Rebón. Me ha gustado más que Vida y destino, aunque está claro por qué ése ha llegado más lejos que el que hoy me ocupa.

Me parece de lo más normal que Todo fluye se erija como el testamento literario de Grossman (1905-1964). Representa otra vuelta de tuerca, un paso más en la dramatización de lo que conlleva la vida en un régimen totalitario, y más específicamente comunista. El protagonista es Iván Grigórievich, liberado, a la muerte de Stalin, de un campo de concentración donde ha sobrevivido los últimos 29 años. Intenta volver a casa, pero ya no hay casa. No hay nada. Unos amigos han muerto, bien por causas naturales bien por causas estatales, y otros preferirían que Iván no hubiera regresado de entre los muertos en vida para recordarles que el crimen no se borra con Tipp-Ex. El abismo que se abre entre él, inmutable tras su congelamiento literal en los campos, y el fluir de la vida fuera de ellos me ha recordado a los regresos a la Tierra de los soldados espaciales en The Forever War: los años lo han cambiado todo durante siglos, pero ellos han permanecido jóvenes, viajando a la velocidad de la luz, y ya no pueden adaptarse. La única solución al desajuste vital consiste en volver a enrolarse para luchar contra los alienígenas más allá del Sistema Solar.

No obstante, Grigórievich no se enrola en nada, y menos aún regresa al campo de concentración. Quien quiera saber más, que lea la novela. No se arrepentirá.

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Pleonasmos y procesos ad infinitum

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12 comentarios 25 de Febrero de 2010 a las 7:50 GMT+1 seleucus

No sé qué pasa pero cada día pongo títulos más raros a las entradas.

A propósito de Un héroe de nuestro tiempo, de Lérmontov, comenté que el traductor había usado el verbo 'semientornar' en una frase:

"A través de sus pestañas semientornadas [...]" [Nórdica Libros y traducción de Luis Abollado Vargas; página 93.]

El problema no es que el verbo no exista sino que no significa nada. 'Entornar' ya quiere decir 'entrecerrar', de modo que el 'semi' sobra sintácticamente, por no decir que además queda fatal.

Eso me llevó a una palabra que sí existe oficialmente pero que tampoco significa nada, y que se usa de continuo. Es el substantivo 'precalentamiento' (curiosamente el DRAE no da por existente el verbo 'precalentar'), mencionado en las retransmisiones deportivas. No hace falta ser deportista o haber practicado asiduamente deporte alguno para darse cuenta de que el acto al cual nos referimos mediante ese substantivo es, en realidad, el calentamiento. Un futbolista calienta antes de saltar al campo para así evitar lesiones; lo que no hace es precalentar, dado que estaría calentando para calentar antes de jugar. Absurdo y regresivo. Si continuamos así, terminaremos diciendo que el jugador anteprecalienta, y luego que proanteprecalienta, etc. Nos remitiremos al infinito en una acción interminable de calentamiento eterno.

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The Road, la película

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3 comentarios 23 de Febrero de 2010 a las 7:02 GMT+1 seleucus

Llego tarde a la reseña de la película porque no me gusta ir cuando se acaba de estrenar. Manías personales.

En mi opinión, últimamente hemos tenido el raro privilegio de asistir en directo al nacimiento de una obra mayor en la literatura y de su reflejo excelso en el cinematógrafo. No es una coincidencia que se dé muy a menudo. La versión en imágenes no se separa del texto escrito excepto en la culminación final, mucho más abierta que la original aunque en absoluto errónea desde un punto de vista meramente estético. Nada que objetar.

La crudeza es extrema, más por lo que se insinúa que por lo que se muestra, y las interpretaciones puntúan veinte sobre diez, igual que la dirección y el diseño de producción. El recuerdo amargo de lo que fue y ya no es, y de lo que pudo haber sido y nunca será, te acompañan desde el primer fotograma. En medio, las tres alternativas: el suicidio como única vía de escape, la supervivencia manteniendo a cualquier precio los antiguos valores de la civilización o la subsistencia a través de la eliminación de todo rastro de conciencia que evoque a la humanidad. Ahí, en la elección, se percibe la fuerza de Viggo Mortensen para convencernos de que haría lo que fuera por su hijo, incluso pactar con Dios, pasar por loco y guardar un silencio eterno y solipsista a cambio de que todo volviera a ser como antes. Es decir, a la manera de Tarkovski en Sacrificio.

En conjunto, una clase magistral de cómo sobrevivir al Apocalipsis eludiendo a la chusma caníbal que merodea por ahí.

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Ciudadela no publicará La Virgen de las Aguas, de Lefteris Panusis

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Añadir comentario 10 de Febrero de 2010 a las 6:15 GMT+1 seleucus

El responsable de Ciudadela ha decidido no publicar la novela histórica griega La Virgen de las Aguas, a pesar de que la traducción de María Enguix Tercero esté lista. Así es la vida. A buscar editor otra vez.

Os recuerdo que las primeras páginas están colgadas en este blog para quien desee leerlas by the face. Con todo, puede que me dé por quitarlas dentro de unos días.

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Caballería roja, de Isaak Bábel

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6 comentarios 9 de Febrero de 2010 a las 7:47 GMT+1 seleucus

En el año 1999, Galaxia Gutenberg publicó este volumen de relatos breves en traducción de Ricardo San Vicente, profesor de ruso en la Facultad de Filología Eslava de Barcelona, y Círculo de Lectores la reeditó en 2004 añadiendo acertadamente un prólogo del escritor argentino Rodolfo Enrique Fogwill.

Bábel es uno de los asesinados en los campos de concentración comunistas, como narra Vitali Shentalinski en Esclavos de la libertad. Judío nacido en Odesa en 1894, estudió Derecho y se puso a trabajar como periodista. Durante la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21 estuvo destacado en el frente, donde se inspiró para la redacción de los treinta y seis relatos que componen este volumen de poco más de 200 páginas. Instantáneas de la miseria y el sufrimiento, de la desgracia de adultos desahuciados por la vida y de huérfanos cuyos padres hablaban la lengua enemiga en el momento y el lugar equivocados. Me recuerda mucho al compendio La patria de la electricidad, del siempre deprimente Platónov.

En cuanto lo acusaron de trotskista, sus días estaban contados. Murió fusilado en Siberia en 1939, dejándonos un legado literario de primer orden. RIP.

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Miserias, miserias…

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Añadir comentario 2 de Febrero de 2010 a las 10:53 GMT+1 seleucus

Hoy no iba a publicar porque, por exigencias del guión, necesito tiempo para otras cosas. Pero en Malapartiana he encontrado una entrada donde se resume la explotación que muchos traductores sufren por parte de ciertas editoriales.

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Contando a Miklós Bánffy

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5 comentarios 1 de Febrero de 2010 a las 5:22 GMT+1 seleucus

Dos elementos más bien anecdóticos me llamaron la atención durante la lectura de Los días contados, del húngaro Bánffy (Libros del Asteroide).

El primero está en la página 299 (y eso es medio libro, shit yourself little parrot). Leemos:

"Por un instante, la mirada de Adrienne pareció reflejar miedo. Pero después, levantó la barbilla y le ofreció sus labios a Bálint. Éste le dio un beso largo en la boca cerrada, abrazándola ligeramente, estrechando contra sí el cuerpo de la mujer." [Traducción de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño. Las negritas son mías, parafraseando a Mandingo.]

Ya de pequeño me fijaba en que en las películas de ahora (por decirlo vagamente) los amantes se besan con lengua. Como en la vida misma. Sin embargo, en las de antes los besos siempre son a boca cerrada. Vale que no entran moscas, pero el desarrollo de los mecanismos de besuqueo en el celuloide da que pensar. Y la frase de Bánffy también.

Del segundo no puedo poner la referencia porque no marqué la página, y cualquiera se pone a buscarla en un tocho como ése. No importa. La cosa iba así: en cierto diálogo, alguien mencionaba una cacería, quizá de perdices, en la cual, al parecer, uno de los participantes estuvo a punto de asesinar a otro de modo encubierto. Ya se sabe que las armas las carga el Diablo, no Godzilla, y que si un grupo de aristócratas alcoholizados se pasea por el monte con escopetas cargadas es muy fácil que algún heredero termine con el cerebro entre las setas.

Entonces pensé: "0-0, vaya mierda de partido... espera, si en El último encuentro, de Sándor Márai, novela posterior a Los días contados, uno de los protagonistas está a punto de liquidar accidentalmente a otro en una cacería, y Bánffy, por lo que sé, es una de las influencias literarias de Márai...".

Exactamente ahí dejé de pensar.

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Tesis doctorales por escribir

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5 comentarios 18 de Enero de 2010 a las 7:46 GMT+1 seleucus

Después de doctorarme y de llevar años dando la vara con este blog, he llegado a la conclusión de que ideas aparentemente frikis pueden cristalizar en un trabajo académico óptimo, siempre que el director de tesis sea bueno y el asunto se tome en serio. Ahí va lo que me ha pasado por la cabeza en mis incontables momentos de solaz:

La categoría de literatura de aeropuerto y su influencia en el imaginario colectivo. (Campos: Filología, Filosofía, Psicología, Sociología.) Aquí cabe de todo: Dan Brown, Steve Alten, etc.

Sintaxis y vocabulario en las peores novelas del siglo XXI en lengua española. (Campo: Filología.) Sobran nombres: Manuel Maristany, Maria de la Pau Janer, etc.

La falta de exigencia literaria y el servilismo en tanto que identificación con el agresor. (Campos: Filología, Filosofía, Psicología, Sociología.)

Transición de la novela vampírica al cine de zombis: la dialéctica de la sangre. (Campos: Filología, Filosofía, Historia del Arte.)

Mercadotecnia editorial: cómo vender lo que ni siquiera debería haberse escrito. (Campos: Empresariales, Publicidad.)

Gestión de la imagen y mecanismos psicológicos: el escritor millonario como rebelde comprometido y los acólitos que se lo creen. (Campos: Psicología, Publicidad, Sociología.)

Las drogas y su uso en las novelas distópicas. (Campos: Farmacología, Psicología, Psiquiatría, Química, Sociología.) Se me ocurren Brave New World, A Scanner Darkly, Logan's Run, A Clockwork Orange y Noir. No recuerdo si en 1984 se controla a la población mediante drogas, aunque creo que algo de eso se descubre hacia el final.

Hermenéutica y desconstrucción en la corrección gramatical de novelas ilegibles. (Campos: Filología y Filosofía.)

Evolución de lo kitsch en las cubiertas de las novelas erótico-románticas. (Campos: Bellas Artes, Filosofía, Historia del Arte.)

Si se os ocurre algo más, ya sabéis...

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Otra lista: los libros de la década

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8 comentarios 15 de Enero de 2010 a las 6:54 GMT+1 seleucus

Como ya dije de la lista que La Vanguardia presentó de las cincuenta mejores películas de esta década primera, seguiré la corriente a pesar de que aún no hayamos pasado a la segunda y comentaré la jugada. Esta vez, en internet sólo he encontrado los que son, a juicio de los críticos literarios de ese mismo diario, los diez mejores libros del inicio del siglo XXI. Huelga decir que tengo la edición en papel (28-12-2009) para llenar los huecos, dado que esta lista también llega hasta la posición quincuagésima, y mezcla imprudentemente ensayo con novela y lo que haga falta. Mal hecho. Me centraré sólo en la categoría de novela, que ya da para cincuenta. Por cierto, deduzco por la presencia de Vida y destino, de Vasili Grossman, que si la novela no se ha escrito en los últimos diez años, tiene que haberse publicado, al menos, bajo forma de versión definitiva en lengua española en este período. Un criterio un poco raro, pero si esto es lo que hay, al menos lo aprovecharé sin escrúpulos.

Lo primero que llama la atención es que declaren explícitamente que han querido tratar la lengua catalana igual que las otras. Gracias, lo daba por descontado, y precisamente porque lo dicen me da que algo ha ido mal. Con un vistazo es evidente. Según La Vanguardia, de los diez libros mejores o más importantes publicados como novedad en todo el mundo, en todas las lenguas y en los últimos diez años, dos se han escrito en catalán. ¿No exageramos un pelín? Yo aceptaría uno y sólo si fuera La pell freda (La piel fría), de Albert Sánchez Piñol, pero tal obra maestra está en la posición vigésimo novena, por detrás de La sombra del viento. En serio. La han metido en la lista. Ya puestos a no cortarse un pelo, que coloquen La enfermera de Brunete, de Manuel Maristany.

Los aciertos no tapan los errores. Está el insigne Philip Roth (La mancha humana) con un libro pero Baltasar Porcel con dos. Están escritores conocidos que, a pesar de que no me convenzan, acepto en la lista en un momento de debilidad (Murakami y Coetzee), pero varios libros de un asunto que ya me ha saturado: la Guerra Civil Española. Vale ya, ¿no? Tu rostro mañana, de Javier Marías; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez; Dientes de leche, de Ignacio Matínez de Pisón. ¿Esto es una lista que refleja los libros de la década en todas las lenguas en todo el mundo, o una paletada localista? ¿Bromean?

Como hice el otro día con las películas, doy alternativas de primer nivel, hasta donde llego y he leído:

Europa Central, de William T. Vollmann (Mondadori)

Waltenberg, de Hédi Kaddour (Edhasa)

El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)

Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)

El labrador de aguas, de Huda Barakat (La otra orilla)

Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez (Destino)

En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano (Anagrama)

La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza)

La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama)

El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)

Yendo un poco más allá y para acabar, pondré novela griega, inexistente en la lista de La Vanguardia. Porque, aunque parezca mentira, en Grecia se produce literatura de primer nivel e incluso se publican libros. En serio. Papel, tinta, etc. Libros de verdad, no de gominola. Ahí van tres que ya tienen años pero que se han publicado hace poco. Si está Vida y destino, que es del siglo pasado, no veo por qué no van a estar éstos:

Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (traducción mía en Rey Lear)

Gioconda, de Nikos Kokantzis (de momento, sólo en catalán y en la editorial Pagès)

L'assassina, de Aléxandros Papadiamandis (de momento, sólo en catalán y en las editoriales Adesiara y El Tall)

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Cinco regresos

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3 comentarios 12 de Enero de 2010 a las 6:54 GMT+1 seleucus

Una parte de lo que voy a exponer ya lo traté hace tiempo, pero el visionado de [REC] 2 me llevó a otro enlace de referencias y me decidí a escribir esta entrada.

Hay cinco regresos a casa, y no por Navidad, que ponen los pelos de punta. El primero, y quizá sea el punto de partida histórico para el resto (menos para uno, el español), es el que describe W.W. Jacobs en el relato "The Monkey's Paw": la desgraciada madre desea que su hijo muerto vuelva a casa. Pero claro, es muy imprudente hacer eso mientras sostienes una pata de mono disecada que, aunque tenga el poder de concederte lo que deseas, lo hará siempre con un reverso tenebroso. Y si, justo después de desearlo, oyes pasos en el jardín mientras algo indescriptible te hiela la sangre en las venas, tanto peor. El capítulo de La hora de Alfred Hitchcock basado en este relato era muy malo, pero el final lograba transmitir el espanto.

El segundo retorno es el de la protagonista del relato "La resucitada", de Emilia Pardo Bazán. Una fenecida sale del mausoleo y vuelve a casa para horror de su marido e hijos, quienes se dan cuenta de que el amor que sintieron por ella no puede regresar ante la evidencia de que algo innatural ha cristalizado en su vida cotidiana. El rechazo familiar la lleva de vuelta a la tumba por voluntad propia en una escena memorable: su presencia inefable ha roto lo irrompible.

El tercero es el de I Am Legend, de Matheson. El protagonista, el último hombre en un planeta de vampiros (ventaja: no pagas impuestos ni hay televisión pública), recuerda el día en que enterró a su mujer, víctima de la plaga, así como el preciso instante en que la puerta de casa se abrió y ella reapareció, viva en muerte, balbuceando su nombre a lo zombi pero sin intención alguna de consumación matrimonial. Se entiende que uno, después de resucitar vampíricamente, necesite sangre. Con un Cacaolat no llegas.

El cuarto es el de la mujer e hijo del protagonista en la película El cementerio viviente, basada en una novela de Stephen King que no he leído. Nunca hay que enterrar a los muertos en un suelo (sagrado para los indios, a lo Poltergeist) que tiene la propiedad de resucitar al personal, mas dotándole de una mala baba sanguinaria espectacular. Así, el notas, que no se da por aludido cuando el fantasma de uno a quien vio morir se aparece para avisarlo, no tiene ninguna idea mejor que enterrar a su hijo y a su mujer allí. A quién se le ocurre. Como presentarse en El Corte Inglés el primer día de rebajas.

El quinto regreso no es exactamente como los anteriores. No obstante, tiene un toque diferencial que me pilló totalmente desprevenido. Es el de una mujer en [REC] 2. Cuando el marido entra en el piso del edificio infectado, acompañado por las fuerzas especiales de la policía, percibe que en la cocina hay alguien. La tensión sube y te agarras a la butaca. El grupo se desliza en sigilo por el pasillo y entonces se oye que la zombi se pone a batir un huevo para hacer una tortilla. Matrícula de honor para Jaume Balagueró, porque te esperas cualquier cosa menos eso. El marido penetra en la cocina a medialuz, contraviniendo las órdenes de los policías, y la que en vida fue su esposa intenta sazonar la tortilla con su sangre.

Eso es lo que se llama "alta cocina catalana".

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La carretera, de Cormac McCarthy

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9 comentarios 11 de Enero de 2010 a las 7:07 GMT+1 seleucus

Se ha dicho mucho de este autor, y por críticos que lo conocen mejor que yo, de modo tiraré por otra dirección, no sin antes sintetizar el argumento para quien no sepa nada de la obra: padre e hijo pequeño se dirigen a la costa por una carretera interestatal de lo que antaño fueron los Estados Unidos, evitando caer en manos de los grupos de caníbales que acechan por doquier.

Ahora, punto por punto:

Primero, la he leído en la traducción catalana que me ha dejado un amigo. Está en Edicions 62. Mejorable, a mi juicio, en algunos aspectos inesperados, a menos que los mandamases oficiales del cortijo hayan cambiado por la cara el funcionamiento de los pronombres personales débiles y yo ni me haya enterado. La traducción española, por su lado, está en Mondadori.

Segundo, la considero casi una obra maestra, y con doble mérito porque ya es difícil, a estas alturas, escribir algo bueno alrededor de un tema tan recurrido como el fin apocalíptico de la humanidad.

Tercero, la figura del niño no está correctamente caracterizada porque adolece de un exceso de cobardía. A pesar de que se adivine que dicha afección terminará desapareciendo a través de la negatividad como aprendizaje vital, no me resulta creíble que el personaje tenga miedo con tanta frecuencia. Y no porque el mundo horrible donde vive no lo provoque sino porque él ya ha nacido en ese mundo. Es decir, no ha conocido la civilización. De este modo, ya está hecho a una situación espantosa que es nueva para su padre, pero no para él. Para él es el estado natural de cosas.

Cuarto, la novela me ha recordado a una película, cuyo título he olvidado, en la cual los protagonistas están en una estación orbital alrededor de la Tierra y, de pronto, ven cómo estalla una guerra nuclear. Acongojados, regresan a los Estados Unidos en un módulo de aterrizaje y lo primero que le pasa a uno de ellos es que un grupo de caníbales lo devora sin pedirle siquiera permiso. Un verdadero escándalo.

Quinto, y tal como me pasó con Soy leyenda (a la cual La carretera se parece mucho), no la veo propiamente como una obra de ciencia ficción sino de terror, incluso sobrenatural a partir del momento en que no se explica por qué toda la vida ha muerto. Como si Dios hubiera apagado la luz para siempre, hastiado de nosotros. Pone los pelos de punta. La medianoche del paraíso lleva al amanecer del infierno.

Sexto, el final, y más concretamente el último parágrafo, es brillante como pocos. Hacía tiempo que no leía algo así.

Como epílogo, una reseña negativa que me ha pasado una amiga. Que el libro haya gustado en general no significa que haya gustado a todo el mundo.

Y ahora, a esperar la película.

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¿Las películas de la primera década?

Popularidad: 4%

12 comentarios 7 de Enero de 2010 a las 7:42 GMT+1 seleucus

Como lo psicológico puede más que lo matemático, han aparecido en varios medios las listas de las mejores películas de la primera década del presente milenio. Según los responsables, la década terminó el 31 de diciembre de 2009, por lo cual es de suponer que, cuando cuentan, empiezan siempre por el 0 y no por el 1.

Pero da igual, jugaremos de todos modos. Al fin y a la postre, siempre podemos decir que el juego es un fin en sí mismo y no algo ordenado a una finalidad superior. Así, me centraré en la lista, con aciertos y desaciertos, que publicó La Vanguardia el 25 de diciembre pasado. Lo primero es el título de las dos páginas dedicadas al asunto: "Cine del desasosiego. Los filmes del decenio del 11-S y la crisis muestran una sociedad descarnada". En otras palabras: una burrada como cualquier otra. Lo mismo habrían dicho de la década de los 70 (Vietnam, Watergate, Guerra del Yom Kippur...; películas como The Deer Hunter), de los 80 (Guerra de Irán e Iraq, Guerra de las Malvinas, intervención de la URSS en Afganistán...; películas como Sacrificio) o de los 90 (implosión de Yugoslavia, bombardeo sobre Serbia...; películas como Eyes Wide Shut). O sea que ya empezamos con malos titulares.

A continuación, la lista que ese periódico presenta es de 50 películas. A mi juicio, mezclan erróneamente filmes que no pueden ir juntos por su naturaleza, al margen de la calidad que presenten o dejen de presentar. Es decir: telefilmes (Saraband), películas de animación (Up) y documentales (Bowling for Columbine). Y por si fuera poco, a más de un director le meten más de una cinta en la lista. Porque claro, se ha hecho poco cine en una década, ¿verdad? Así, al gran Clint Eastwood le dan tres plazas de las 50. Vale que es bueno, pero leer que un desastre como Mystic River es una de las grandes provoca, como mínimo, sorpresa.

A Michael Haneke le colocan dos, y ninguna es su obra maestra La pianista sino La cinta blanca (me callo, no la he visto) y Escondido (un fraude cinematográfico como pocos me he tragado). También dos a Almodóvar, y, atención, ¡a David Lynch! Supongo que redactaron la lista hasta arriba de vodka. Otros errores de bulto son Big Fish (lo peor que ha hecho Burton, y con diferencia) y The Man Who Wasn't There (lo peor de los Cohen hasta que cavaron su tumba al filmar Burn After Reading).

Algunos de los aciertos, que los hay, son Dogville, Oldboy (alucine coreano), Memento, Match Point y Kill Bill tomada como una unidad. Tampoco se han olvidado de Darren Aronofsky, el tío que rodó Pi y que entra aquí con Requiem for a Dream, aunque podría haber entrado con The Wrestler sin problema alguno.

Para terminar, refiero algunas películas que se han quedado fuera a pesar de atesorar muchísimos más méritos que otras para entrar en esa lista:

Pleno verano, una maravilla vietnamita del genio que ya dirigió El olor de la papaya verde;

Cloverfield, de la cual ya hablé en el blog;

Cine de directores españoles injustamente poco reconocidos: [REC] e Intacto;

The Butterfly Effect, película de un nivel tan alto como inesperado;

Black Hawk Down, una de las mejores cintas bélicas de la historia;

Redbelt, el testamento cinematográfico de David Mamet, donde demuestra que practica la teoría dramática que predica en su libro Bambi contra Godzilla;

Sun taam, prodigio rodado en Hong Kong con cuatro dólares y titulada en inglés Mad Detective;

Caterina va in città, o cómo la clase media tira del carro, asumiendo de modo suicida la función de subestructura orgánica, para que los aurigas vivan sin hacer nada;

Uranya, una griega;

Déjame entrar, para mí la mejor de vampiros jamás filmada;

Battle Royale, una salvajada alucinógena con Takeshi Kitano;

Children of Men, odiosa para algunos pero magistral en mi opinión;

Moon, la ganadora en el último Festival Internacional de Sitges;

Ghost World, crítica social friki pero que, en realidad, es la única que funciona precisamente por desligarse de ideologías subyacentes y trasnochadas;

Once, cuyo Oscar a la Mejor Canción no le sirvió de mucho.

Quien quiera criticar con argumentos serios y añadir lo que juzgue oportuno, que lo haga libremente. Huelga decir que borraré comentarios ofensivos, como he venido haciendo últimamente sin escrúpulo alguno.

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Fallo los Premios Seléucidas 2009

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5 comentarios 31 de Diciembre de 2009 a las 7:13 GMT+1 seleucus

Un año más, un jurado compuesto por el abajo firmante (es un decir) falla los premios literarios de este blog. Os recuerdo que tienen que ser novedades en la medida de lo posible, y el gran problema es que no caen tantas en mis manos. Además, en dos categorías el autor tiene que estar vivo: en la de Litteraturæ Magister (dado a uno de los grandes que nunca recibirá el Nobel) y en la de Mejor Autor. En el resto de casos, los escritores pueden estar esperándonos en los Campos Elíseos.

Por otro lado, el premio de este año es una foto que me costó lo suyo:

[Evidencia científica irrefutable de que los mamíferos leen, literalmente, cualquier cosa.]

Así, hecho ya el trabajo de campo, paso a dar la lista:

Litteraturæ Magister por toda una vida literaria: J.D. Salinger (Nueva York, 1919)

Mejor Autor: Christine Arnothy, por Tengo quince años y no quiero morir (Barril & Barral)

Mejor Compendio de Cuentos: Relatos de Kolimá II, de Varlam Shalámov (Minúscula)

Mejor Editorial: Galaxia Gutenberg

Mejor Novela: Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide)

Mejor Otro: Nostalgia de Charlie Parker, de Robert George Reisner (Global Rhythm Press)

Mejor Traducción: Xavier Roca-Ferrer, por El viaje de Shakespeare, de Léon Daudet (Barril & Barral)

Mejor Volumen: El rival de Prometeo, de varios autores (Impedimenta)

Premios Seléucidas 2009 a la Decadencia

Cubierta Más Espantosa: El amante, de Nicole Jordan (Esencia, Grupo Planeta)

Novela Más Impresentable: La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones (Grijalbo)

Peor Frase Publicitaria: “El más exacto rigor histórico, talento narrativo y poder de la autora como creadora de atmósferas prenderán la atención del lector para conducirlo sin pausa hasta el final. Una excelente novela”, por José Saramago en La casa de los siete pecados, de Mari Pau Domínguez (Grijalbo)

Accésit al Desastre Estético Más Lamentable: Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet (Tusquets)

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Cine navideño pata negra: Ninja Assassin

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2 comentarios 29 de Diciembre de 2009 a las 7:34 GMT+1 seleucus

Da gusto ver que cierto cine de acción mantiene la tradición de estructurarse alrededor de un guión que podría haber escrito mi sobrina de 3 años. Ninja Assassin cumple las espectativas sin defraudar: acción inverosímil, diálogos imposibles y tal cantidad de sangre que uno se pregunta cómo no se descalabró nadie resbalando durante el rodaje. Lo único negativo es que las chicas sólo estén moderadamente buenas.

El planteamiento ya tiene su cosa: protagonista coreano cachas, guapo y atormentado que pasa por... ¿japonés? (o eso me pareció), acompañado de una policía negra de no sé qué departamento de la Europol o algo así, sito en Berlín (aquí los dos; él debería rodar anuncios de galletas Príncipe donde ella haría, justamente, de galleta). A él lo crió un tarado que arranca el corazón a la gente, pero que oficialmente y por lo que a Hacienda se refiere trabaja como profesor-gurú de un arte marcial chunguísimo en una escuela secretérrima localizada en lo alto de una montaña que está en algún lugar de Asia. Los guionistas (parece mentira pero han hecho falta dos cerebros para pergeñar esto) no se molestan en decir dónde porque Asia es un continente especialmente pequeño. Todos tranquilos.

Sin embargo, él renuncia a ese clan de ninjas porque, en el fondo, es muy buena persona y no quiere asesinar por encargo. Y como casi se lo cargan por traicionar a la "familia" en una escena memorable en el tejado de un rascacielos, de noche y mientras llueve a cántaros (todo muy original), jura venganza, especialmente contra dos sujetos: el profesor-gurú que recoge a huérfanos para entrenarlos y convertirlos en ninjas capaces de desaparecer a voluntad, y uno de sus antiguos compañeros, el que ejecutó a la única chica que había en el grupo de ninjas, incauta que intentó abandonar la escuela porque, no sabiendo nada de la liberación femenina, prefería jugar con la casita de la Señorita Pepis antes que destripar a desconocidos. A destacar que ella estaba tan loca por el protagonista que lo habría acompañado hasta el fin del mundo para montar un todo a cien, de no ser porque la mentada escuela ya estaba en el fin del mundo. Eso es un guión y lo demás son memeces.

Me guardo el final, un delirio que raya el desequilibrio mental, por si alguien decide pagar por verla. Tan solo añadiré que el mejor tuneado que he visto en mi vida es el del coche de la policía buenorra, que circula a toda mecha con las estrellas ninja clavadas por doquier. Se ve que la munición milenaria ninja no es perforante ni tiene núcleo de uranio empobrecido.

Dicho esto, servidor confiesa que incluso en filmes como éste uno puede ver detalles de altura que, precisamente por eso, están fuera de lugar en tales productos. Por ejemplo, el golpeteo rítmico de una plancha metálica contra el asfalto con cada vehículo que le pasa por encima, sonido que trae a la memoria del héroe el latido del corazón de su amiga ejecutada. Aquí me acordé de ese detallazo técnico que es la elipsis usada en Thai-Dragon (AKA Tom Yum Goong), cuando el macho y la hembra elefantes desaparecen en el bosque bajo la mirada del niño e, inmediatamente, aparece por el mismo sitio una cría de elefante que se pone a jugar con quien fuera el chavalín, que ya ha crecido para transformarse en Toni Jaa. ¿Para qué vas a liberar al p*to Willy cuando tienes un elefante en casa?

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