Dan Brown se despacha con The Lost Symbol

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19 comentarios 30 de septiembre de 2009 a las 7:43 GMT+1 seleucus

Hace muy poco, el 15 de septiembre, salió a la venta en papel en los Estados Unidos y el Reino Unido la última novela de Dan Brown, The Lost Symbol. SuperSantiEgo, sacrificándose por nosotros, ya la ha leído y creo que la recomienda a todo aquel que quiera descojonarse con algo a duras penas legible. Falta ver cómo saldrá la traducción al español que publicará Planeta. Me llegó que pagaron una burrada de anticipo (más de un millón de euros) por su próximo libro, superando la oferta de la editorial Umbriel, la que, hasta la fecha, lo había venido publicando. Y eso que dicho libro ni siquiera estaba escrito. Supongo que es éste.

Por lo que al formato digital de The Lost Symbol se refiere (para el Kindle de Amazon), en algún momento se ha vendido más que en papel, según leo en una entrada de Bitelia que no me queda clara expositivamente. No obstante, dicho fenómeno parece ser del todo nuevo, y no deja de ser curioso teniendo en cuenta que la novela estaba disponible en eMule y similares a las pocas horas de haberse puesto a la venta digitalmente. No tardaron ni medio día en reventar el sistema de protección anticopia de Amazon. Supongo que al final se darán cuenta de que los DRM no sirven para nada.

Para terminar, me aventuraré con una conjetura. He leído páginas de la novela de un modo más bien discontinuo y su estructura, típica de superventas anglosajón, da que pensar. Tiene 133 capítulos, una auténtica salvajada, y el parágrafo más largo que he localizado es de 7 líneas. A bote pronto, hay dos métodos de creación literaria que darían ese resultado:

1. El autor se hizo un esquema extraordinariamente minucioso antes de abordar mecánicamente la redacción de la obra. Es una manera muy profesional de enfocar el trabajo, y más usado de lo que parece. No deja nada al albur de la inspiración y garantiza la consecución del objetivo por lo que hace a la trama. Otra cosa es que la novela sea un ladrillo.

2. El texto se ha escrito a varias manos, coordinadas y supervisadas por el firmante, a saber, Dan Brown.

No me escandalizaría si la segunda opción fuera acertada. En términos generales, Dan Brown va a lo que va sin dárselas de gran literato. Es thriller masivo de ínfima calidad, puro y duro, y no se engaña a nadie. A nadie que no desee engañarse, se entiende.

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Carlos Ruiz Zafón comunica que dejará de escribir para siempre y hasta que el sol se apague

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7 comentarios 28 de diciembre de 2008 a las 7:35 GMT+1 seleucus

Ayer, en vísperas del 28 de diciembre, Carlos Ruiz Zafón convocó una rueda de prensa urgente en la Sala de Actos del edificio Planeta, sito en la Avenida Diagonal de Barcelona. Rodeado de periodistas y con una visible afectación en su faz, declaró que jamás perdonará a su editor, Emilio Rosales, que lo haya mantenido engañado "por espacio de" tanto tiempo, haciéndole pensar que sus libros valen más que la tinta de calamar usada en el proceso de impresión, a lo que Rosales, más conocido como "el interfecto", respondió que de no ser por él habría prevalecido el nombre original de La sombra del viento, que era La sombra del nabo (se supone que vegetal). Acto seguido, Zafón añadió que nunca más volverá a deambular "entre los entresijos" ni por "pasillos" ni "gallerías en espiral" (consúltese un tratado de arquitectura para saber si tales estructuras son siquiera físicamente posibles), y que dedicará sus millones a su ONG Tinta sin Fronteras destinada a salvaguardar del calentamiento global, precisamente, a los calamares que tanto han hecho por él hasta la fecha.

De este modo, se suspende sine die, ad calendas Græcas y gracias a Dios la publicación de las otras dos entregas de la tetralogía zafoniana de Barcelona.

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Cómo no hay que escribir, III: El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón

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6 comentarios 8 de octubre de 2008 a las 6:25 GMT+1 seleucus

Zaf-on, Zaf-off.

Veamos (dijo un incauto blogger mientras le temblaban las manos). Al principio del extracto tenemos un resumen que ocupa un parágrafo, presumiblemente escrito por el editor:

"Calcuta, 1932: El corazón de las tinieblas [fusilando a Conrad sin piedad ni vergüenza]. Un tren en llamas atraviesa la ciudad. Un espectro de fuego siembra el terror en las sombras de la noche [lo normal en Calcuta, como todo el mundo sabe]. Pero eso no es más que el principio [no, si ya decía yo...]. En la víspera de su decimosexto cumpleaños, Ben, Sheere y sus amigos deberán enfrentarse al más terrible y mortífero enigma de la historia de la ciudad de los palacios."

Bueno, cuando los adolescentes normales se dedican a hacer lo imposible por perder la virginidad, éstos se enfrentan a enigmas tan chungos que harían que Hulk se defecara encima. Pero vayamos a Zafón de una vez.

"Nunca podré olvidar la noche en que nevó sobre Calcuta. [...]"

Nunca podré olvidar lo pelma que eres. Tópicos hasta la extenuación. Siempre lo mismo. Una página y media después, como eco de sí mismo:

"Nunca podré olvidar los rostros de aquellos muchachos asustados la noche en que nevó sobre Calcuta. [...]"

Es innegable que no le falta fósforo. Menuda memoria atesora el colega. No olvida nada ni por ésas. O quizá sí olvide algo: que basarse, cada tres parágrafos, en imágenes arquetípicas trilladísimas no ayuda a construir lo que él considera "literatura de calidad", para usar la expresión que mencionó en esa mítica entrevista publicada por El País, donde dijo que los mejores escritores trabajan hoy día haciendo guiones televisivos y cinematográficos, insinuando que la excepción es... él (nuevo libro: La sombra de la modestia). Hay que ser abrazafarolas para decir eso. Alguien debería explicarle que: 1. Los escritores portentosos que se dedican sólo a la literatura son bastantes, y él no está en ese grupo; 2. Los procesos creativos de un guión y de una novela guardan menos relación de la que él cree, y la que efectivamente guardan es distinta de la que él cree; 3. Siempre ha habido buenos escritores trabajando en esos ámbitos; sin ir más lejos, el 10% de los guiones de The Twilight Zone los escribió Richard Matheson.

Pero sigamos con el horror zafoniano:

"Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor de una maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, [...]."

Parece que esté intentanto imitar a Lovecraft y sólo consiga hacer el ridículo. Profundicemos:

"Se detuvo a recuperar el aliento oculto bajo la escalinata de un viejo almacén de telas cuyos muros estaban sembrados de carteles que anunciaban su pronto derribo por orden oficial. [...]"

Hablando de aliento, nos ha dejado sin. Menuda frasecita carente de pausas. ¿Comas? ¿Puntos? ¿Alternativas sintácticas? ¿Para qué? Y además, ¿quién está oculto bajo una escalinata? ¿El personaje o su aliento?

Y para terminar con la pesadilla en Zafón Street, veamos su característica más evidente como pseudoescritor: una incapacidad manifiesta para construir diálogos creíbles.

"–Nunca fui buena contigo –le dijo–. Temía por mi hija, por la vida que podía tener junto a un oficial británico. Pero estaba equivocada. Supongo que nunca me lo perdonarás.

–Eso ya no tiene ninguna importancia –respondió Peake–. Debo irme. Ahora."

Madre mía, los guionistas de Falcon Crest y Dallas eran Esquilo comparados con eso. Sí, debes irte. Ahora.

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Cómo no hay que escribir, I: Presentación

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3 comentarios 6 de octubre de 2008 a las 6:36 GMT+1 seleucus

A veces es mejor hacer las cosas al revés. Por eso, esta semana la dedicaré a un intensivo de cómo no hay que escribir, en lugar de hablar de cómo hay que escribir.

Ejemplos no faltan, pero aprovecharé una joya de lo impresentable caída en mis manos hace un año. Iba a ver a mi director de tesis en la Universidad de Barcelona cuando, de pronto, una chica de buen ver puso en mis manos un libro de bolsillo del Grupo Planeta. Y es que los tíos, como pasta no les falta, habían montado un chiringuito dentro de la Facultad de Filosofía. Prescindiendo de que fuera o no el lugar más indicado, regalaban un horror intitulado Pequeños placeres. Los libros más buscados en bolsillo. En la cubierta no había sino un gnomo de porcelana o plástico con un libro en las manos y la mirada perdida en el horizonte. Reprimí las arcadas y acepté el regalo. No todos los días una azafata es tan altruista conmigo.

El volumen en cuestión contiene fragmentos selectos de lo peor de Planeta, con honrosas excepciones (En el nombre del cerdo, de Pablo Tusset, buen libro de un buen autor). Hay también escritores extranjeros, pero los pasaré por alto porque están traducidos y lo ideal es trabajar con originales en español. Así, el orden de esta semana será:

Martes: Pasión india, de Javier Moro.

Miércoles: El Palacio de la Medianoche, de Carlos Ruiz Zafón.

Jueves: La fortuna de Matilda Turpin, de Álvaro Pombo.

Viernes: Epílogo planetario sangrante.

Nos vemos mañana.

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