Corrimiento de la sci-fi clásica hacia el technothriller

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10 comentarios 4 de noviembre de 2009 a las 7:21 GMT+1 seleucus

Aviso: como no soy un especialista en ciencia ficción, invito específicamente a los adictos al género a que me corrijan si lo consideran oportuno.

A medida que uno va adquiriendo consciencia de clase, perdón, literaria, se fija en determinados fenómenos que le pasaban desapercibidos. Últimamente me he dado cuenta de que la ciencia ficción quizá lleve décadas deslizándose peligrosamente hacia el technothriller.

Si establecemos una frontera más o menos difusa en la Segunda Guerra Mundial, los escritores nacidos antes de ese período (H.G. Wells, Alfred Bester, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Robert A. Heinlein, etc.) han escrito los grandes clásicos del género. En este grupo estarían también autores aún vivos como Joe Haldeman (nacido en 1943) o Jack McDevitt (1953), pero quizá no muchos más. Las generaciones posteriores, según parece, tienden a mezclar la ciencia ficción pura y dura con el thriller, obteniendo como resultado un texto más comercial, algo que no tiene nada de malo a primera vista; sin embargo, mal conducida literariamente, dicha mezcla lleva a un producto de calidad más baja.

Que yo sepa, los autores más conocidos de technothriller son, precisamente, bombas comerciales como Michael Crichton, recientemente fallecido, y Dan Brown (este último sólo en dos novelas: Deception Point y Digital Fortress). En esta línea, aunque con infinitamente más gracia y calidad que Brown, está Robert J. Sawyer, de quien llevo días hablando a propósito de la novela Flashforward, cuya serie emite Cuatro. Todas las novelas de este género technothrilleresco que he leído comparten los mismos defectos estructurales: primero, los capítulos, e incluso los parágrafos, parecen escritos como si ya fueran el guión de la futura serie o película; segundo, los diálogos son impostados; tercero, se percibe que el proceso de creación literaria está marcado por la voluntad inequívoca de popularizar (léase 'vulgarizar') la ciencia ficción para convertirla en literatura de aeropuerto. Es decir, se pretende (y se consigue de sobras) que el lector que nunca compraría clásicos inmortales como Solaris (Stanislaw Lem) o El planeta de los simios (Pierre Boulle) compre Esfera (Crichton) o Fortaleza digital (Brown).

En suma, viene a ser lo mismo que leer Crepúsculo emocionado (o más bien emocionada) hasta las cachas, mas ignorando la existencia de Drácula y Soy leyenda.

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Dan Brown se despacha con The Lost Symbol

Popularidad: 7%

19 comentarios 30 de septiembre de 2009 a las 7:43 GMT+1 seleucus

Hace muy poco, el 15 de septiembre, salió a la venta en papel en los Estados Unidos y el Reino Unido la última novela de Dan Brown, The Lost Symbol. SuperSantiEgo, sacrificándose por nosotros, ya la ha leído y creo que la recomienda a todo aquel que quiera descojonarse con algo a duras penas legible. Falta ver cómo saldrá la traducción al español que publicará Planeta. Me llegó que pagaron una burrada de anticipo (más de un millón de euros) por su próximo libro, superando la oferta de la editorial Umbriel, la que, hasta la fecha, lo había venido publicando. Y eso que dicho libro ni siquiera estaba escrito. Supongo que es éste.

Por lo que al formato digital de The Lost Symbol se refiere (para el Kindle de Amazon), en algún momento se ha vendido más que en papel, según leo en una entrada de Bitelia que no me queda clara expositivamente. No obstante, dicho fenómeno parece ser del todo nuevo, y no deja de ser curioso teniendo en cuenta que la novela estaba disponible en eMule y similares a las pocas horas de haberse puesto a la venta digitalmente. No tardaron ni medio día en reventar el sistema de protección anticopia de Amazon. Supongo que al final se darán cuenta de que los DRM no sirven para nada.

Para terminar, me aventuraré con una conjetura. He leído páginas de la novela de un modo más bien discontinuo y su estructura, típica de superventas anglosajón, da que pensar. Tiene 133 capítulos, una auténtica salvajada, y el parágrafo más largo que he localizado es de 7 líneas. A bote pronto, hay dos métodos de creación literaria que darían ese resultado:

1. El autor se hizo un esquema extraordinariamente minucioso antes de abordar mecánicamente la redacción de la obra. Es una manera muy profesional de enfocar el trabajo, y más usado de lo que parece. No deja nada al albur de la inspiración y garantiza la consecución del objetivo por lo que hace a la trama. Otra cosa es que la novela sea un ladrillo.

2. El texto se ha escrito a varias manos, coordinadas y supervisadas por el firmante, a saber, Dan Brown.

No me escandalizaría si la segunda opción fuera acertada. En términos generales, Dan Brown va a lo que va sin dárselas de gran literato. Es thriller masivo de ínfima calidad, puro y duro, y no se engaña a nadie. A nadie que no desee engañarse, se entiende.

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