Popularidad: 6%
28 de agosto de 2009 a las 7:36 GMT+1
seleucus
El otro día volví a ver In the Mouth of Madness, peliculón de John Carpenter que en España se tituló En la boca del miedo y, según la Wikipedia, también Al borde de la locura (este título más bien parece de una película de Antena 3 el domingo por la tarde).
Si olvidamos que la música inicial es un tanto desafortunada, la cinta se erige en una obra maestra del terror y del desasosiego. Una verdadera pieza del mal rollo discretamente oculta bajo un disfraz de cine de horror de estar por casa. Gran parte de la crítica no lo entendió así, por supuesto.
No sólo el título está basado en la novela de H.P. Lovecraft At the Mountains of Madness, sino que encontramos referencias continuas al de Providence y su obra en los detalles más nimios. Es obvio que el escritor superventas que coprotagoniza la película (el actor alemán Jürgen Prochnow) está creado a imagen y semejanza de Lovecraft, y sus novelas, de títulos lovecraftianos, tratan de dioses monstruosos que intentan volver a nuestro mundo para dominarlo, tal como hicieran a la sazón. La vuelta de tuerca está en que el detective coprotagonista de la película, encarnado por el actor Sam Neill, desconoce que no es una persona real sino una creación vital de ese escritor, de modo que los que leen las novelas y luego lo ven a él por la calle tienen la facultad de "ver", de confirmar que la realidad es una copia de la ficción (quizá por eso sangren por los ojos). Las novelas del escritor inspirado en Lovecraft se convierten en un disangelio que anuncia el cambio de rumbo en la Historia de la Salvación hacia la Historia de la Perdición. Que dicho evangelio invertido se manifieste en forma de bestseller no deja de tener su gracia en los tiempos de bazofia pseudoliteraria que soportamos. Como dice el editor del libro (festival de Charlton Heston) sin saber lo que en realidad está haciendo, quien no lea el libro verá la película. Nadie se escapará de la mala nueva. Cuantos más libros se vendan, más seguidores vean la película y más incautos se conviertan a la nueva fe, antes llegará el Apocalipsis.
Uno de los mayores logros de Carpenter consiste en plasmar la transfiguración de la naturaleza humana cuando el Mal se apodera de ella. Los niños de la ciudad que Carpenter inventa tomando como modelo las Innsmouth o Arkham de Lovecraft, transformados en caníbales, ponen los pelos de punta, igual que el perro que va perdiendo paulatinamente partes del cuerpo (se insinúa que terminan en el estómago de los críos). Pero el espanto verdaderamente magistral es el cuadro en la recepción del hotel. Los dos enamorados que pasean por la margen del lago se tornan, poco a poco, en abominaciones que reptan por el suelo.
Quedan para la historia de los préstamos literarios dos referencias. La primera a un relato de John Ramsey Campbell cuyo título he olvidado: los viejos dioses curvan el espacio, de modo que el joven en bicicleta nunca conseguirá alcanzar su destino, ni Sam Neill escapar de la ciudad (en este caso, momentáneamente). La segunda a Soy leyenda, de Richard Matheson, muy al final, cuando Neill explica al psiquiatra, mientras el caos se apodera de la Tierra, que la nueva raza convertirá a los humanos en la sombra de un pasado inexistente, un mito para distraer a sus niños.
Sic transeunt homines mundi... et novi Dii adveniunt.
Entrada clasificada como: Literatura y cine,Observaciones varias,Sobrenatural/Terror/Fantasía
Etiquetas: Charlton Heston, John Carpenter, Lovecraft, Sam Neill
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6 de abril de 2008 a las 12:27 GMT+1
seleucus
Charlton Heston nos ha dejado a los 83 años (no 84, como dicen). Siempre lo recordaré de rodillas frente a la Estatua de la Libertad en Planet of the Apes, o cuando gritaba "¡El Soylent Green lo hacen con los muertos!" en Soylent Green (Cuando el destino nos alcance, en España) o matando mutantes en la versión de I Am Legend intitulada The Omega Man.
I'll miss you, old pal.
Entrada clasificada como: Literatura y cine,Observaciones varias
Etiquetas: Charlton Heston, Soylent Green
Popularidad: 25%
22 de diciembre de 2007 a las 6:39 GMT+1
seleucus
Creo que fue Anaxímenes quien dijo: "A la tercera va la vencida, nenghj". Pues no le faltaba razón. Hemos tenido que comernos una mala película y disfrutar otra aceptable hasta que Will Smith ha encarnado a Robert Neville en la tercera versión del clásico del vampirismo. A mi juicio, la mejor de las tres, sin ser tampoco una obra maestra. Pero iré por partes.
Richard Matheson siempre ha estado vinculado al celuloide. Sin ir más lejos, ha sido el guionista de míticos episodios de The Twilight Zone. Por ejemplo, aquél de 1963 intitulado "Pesadilla a 20.000 pies", en el cual William Shatner (el colega de Star Trek) veía un gremlin en el ala del avión. Décadas más tarde, Steven Spielberg haría un remake en su película de episodios, y en un especial Halloween de los Simpsons, Bart se enfrentaría a un gremlin que intentaba destrozar el autobús de la escuela.
En 1964 se estrenó la primera versión cinematográfica de Soy leyenda, coproducción italoamericana titulada The Last Man on Earth. El protagonista era Vincent Price. Es una de las peores películas que he visto en mi vida (y las he visto espantosas), de manera que no me explico que puntúe 7 sobre 10. A destacar que Price se deshace a empujones de los vampiros que lo atacan. Quien tenga tiempo que perder, puede quedarse dormido viéndola en Google.
Luego llegó The Omega Man en 1971, con Charlton Heston en su edad dorada de la ciencia ficción, ya que protagonizó también Soylent Green (traducida al español como Cuando el destino nos alcance, toma ya) y El Planeta de los Simios.
Ahora llega la última versión, y la primera que, al menos, mantiene el título original de la novela. A los muchos que odian a Will Smith les diré que está a la altura interpretativa requerida, como también el perro (en concreto, el bicho está que se sale). El problema de esta versión es que empieza de forma extraordinaria y, a partir de la muerte del can va perdiendo fuelle hasta terminar de manera edulcorada (es decir, como nunca terminan las obras de Matheson). Además, hay elementos que no vienen al caso, como la carga teológica imprimida, del todo ausente en las obsesiones del escritor (que siempre son de índole más bien sexual), y otros inverosímiles, como que Will Smith consiga frenar con los brazos a un perro mutante-rabioso.
Para terminar, aunque se les ha ido un poco la olla con los efectos especiales, han querido y sabido mantener guiños artesanales a la película de Charlton Heston: el color del deportivo que conduce por las desiérticas calles de Manhattan (rojo) y los maniquís a los cuales les dirige la palabra para no enloquecer hablando solo. Y algo muy destacable: el director, Francis Lawrence, ha logrado mantener la tensión introspectiva de la obra evitándonos sustos innecesarios; algo en lo que era fácil caer en muchas escenas, como aquélla en que penetra en un edificio que está a oscuras y poblado de mutantes antropófagos (no hay huella de vampirismo en la película).
Resumiendo: con todos los defectos que pueda tener, es la mejor hasta la fecha, y a mi juicio vale la pena.
Entrada clasificada como: Ciencia ficción/Futurista,Literatura y cine,Recomendaciones literarias,Sobrenatural/Terror/Fantasía
Etiquetas: Charlton Heston, Matheson, Soylent Green, Vincent Price