Entradas clasificadas como 'Ciencia ficción/Futurista'
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3 de septiembre de 2010 a las 7:45 GMT+1
seleucus
La editorial Valdemar ha publicado recientemente en su colección Gótica un compendio de relatos con los muertos vivientes como eje. Los de verdad, no los políticos españoles. Una vez más en esta editorial, las traducciones son mejorables, pero qué le vamos a hacer si esto es lo que hay.
El título completo es La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes. La primera parte del título es propiamente uno de los relatos, "La plaga de los zombis", de John Burke, y no precisamente el mejor. El editor externo que ha seleccionado y coordinado la edición es un tal Jesús Palacios, especialista en la literatura de horror y responsable de unos prólogos muy acertados que podrían ser incluso mejores si se hubieran cuidado ciertos detalles con un esmero mayor.
Confieso que me lo compré porque nunca he leído cuentos de zombis más allá de "Herbert West, reanimador", de Lovecraft (presente en esta antología), y necesitaba comprobar algo que me cruzó por la cabeza: que el cine de zombis moderno (a partir de Romero y su La noche de los muertos vivientes, de 1968) no tiene sus raíces tanto en la narrativa zombi anterior cuanto en el vampirismo tal como lo describe Matheson en Soy leyenda. Lo que he leído me lo ha confirmado, y es más, el mismo Jesús Palacios lo afirma, si bien no de un modo tan tajante.
Como el volumen tiene chicha para rato, en los próximos días me centraré brevemente en cada uno de los relatos que lo componen. En mi abyección bloguera, reconozco sin pudor que es un modo de ir escribiendo algo que no me ocupe mucho tiempo. Necesito estar libre para preparar mi traslado a Singapur el 22 de septiembre, ya que posiblemente no me deje caer por Barcelona hasta el próximo junio. Y si todo va bien, dicho regreso será sólo para pasar un mes de vacaciones antes de volver allí.
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12 de julio de 2010 a las 7:21 GMT+1
seleucus
Veo que no he reseñado muchos libros desde las recomendaciones para el 23 de abril (Sant Jordi). Cambio de hábitos, es indudable. Y lo que queda, porque en Singapur leeré más bien pocas novedades del mercado español.
Ahí van los seis libros que he considerado dignos de estar entre las recomendaciones literarias:
La asesina, de Aléxandros Papadiamandis (Periférica). Clásico griego publicado por primera vez en español. Existen dos traduciones catalanas en las editoriales El Tall y Adesiara.
Nosotros, de Evgueni Zamiatin (Akal). Buena novela mal editada en términos generales. Una pena.
Un lugar incierto, de Fred Vargas (Siruela). Otro novelón impresionante de la reina del género negro en Francia.
Crímenes pitagóricos, de Tefcros Mijailidis (Roca). Novela policíaca griega.
La papisa Juana, de Emmanuil Roídis (Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla). Otro clásico griego.
Magnitud imaginaria, de Stanisław Lem (Impedimenta). El único que no es narrativa en esta lista.
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7 de julio de 2010 a las 7:11 GMT+1
seleucus
Encontré en la novela Nosotros algunos pasajes donde el autor nos muestra un humor brillantemente absurdo y similar al de Gógol, nada singular dada la influencia que dejó en las letras rusas. Ahí va uno en que el protagonista acude al médico porque se siente mal y éste, como no podría ser de otro modo en cierto tipo de Estado totalitario, le suelta que se le ha formado el alma:
"–¡Mal asunto el suyo! Por lo visto, se le ha formado el alma.
¿El alma? Era una palabreja extraña, antigua, olvidada hace mucho tiempo. A veces hablábamos de 'llegar al alma', 'desalmado', 'con el alma en vilo', eso sí... Pero 'alma' a secas...
–Es... muy peligroso –balbuceé.
–Incurable –zanjó el doctor de los labios-tijera.
[...]
–¿Qué significa esto? ¿Cómo que el alma? ¿El alma dice usted? ¡El diablo sabe lo que es! De seguir así, pronto brotará la peste. Le digo que habría que extirpar la imaginación a todo el mundo. Aquí sólo cabe la cirugía, sólo la cirugía..." [Páginas 131-132; traducción de Sergio Hernández-Ranera para Akal.]
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30 de junio de 2010 a las 7:13 GMT+1
seleucus
Y otra entrada dedicada a Nosotros, de Zamiatin. El protagonista, fiel servidor del Estado Único, dirige unas palabras a los supuestos habitantes de Venus y Urano, destino de la nave espacial que la dictadura mundial está preparando para que cualquier tipo de vida inteligente que haya por ahí comprenda que, sin obediencia ciega al Estado, no hay felicidad:
"Ustedes los uranitas, inflexibles y oscuros como los antiguos españoles (quienes supieron sabiamente quemar en hogueras a la gente), guardarán silencio, pues creo que son de mi opinión. Pero ya oigo cómo los sonrosados venusinos hablan de torturas, castigos y de la vuelta a los tiempos bárbaros. Queridos lectores: siento pena por ustedes, pues no son capaces de pensar en términos filosóficos y matemáticos." [Página 161; traducción de Sergio Hernández-Ranera para Akal.]
La España negra llega a los confines de la Vía Láctea.
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23 de junio de 2010 a las 7:48 GMT+1
seleucus
Ayer hablé de Nosotros, la gran obra de Zamiatin y una de las primeras distópicas de la historia de la literatura. Hay algo digno de análisis con cierto detenimiento.
La sociedad totalitaria del futuro, basada en las matemáticas y en la noción de abolición de la libertad como paso necesario para la felicidad (sin libertad no hay error, luego todos contentos), vive encerrada en ciudades donde no hay nada natural. Ni siquiera un árbol. Y lo que es más: un muro separa la vida interior del exterior, donde la naturaleza campa a sus anchas.
Dicha contraposición pone a huevo que se lleve a cabo una disección bajo el prisma del idealismo alemán postkantiano. La separación radical, mediante dicho muro, entre inteligencia y naturaleza es la establecida por Fichte como Yo y No-Yo, donde el Yo solipsista, a diferencia de lo que ocurre en el sistema hegeliano, es una categoría lógica (nunca mejor traído en una dictadura matemática). Sin embargo, también Hegel tiene su lugar, ya que la naturaleza es inorganicidad contrapuesta a la organicidad de la consciencia.
El concurso, con todo, lo gana Fichte. La dictadura de ese Estado perfecto no es susceptible de caber en la dialéctica hegeliana porque no es un sistema inclusivo, es decir, la antítesis (inorganicidad) no contiene la tesis (organicidad); de ahí que en dicho Estado no se observen las trazas de la eticidad (familia-sociedad-Estado). Así, resulta evidente que su encaje es más bien con un sistema fichteano.
Volveré a referirme a Nosotros por otros motivos.
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22 de junio de 2010 a las 7:11 GMT+1
seleucus
Zamiatin (1884-1937) fue un ingeniero naval ruso que pasó a la historia como novelista. Suya es la distopía Nosotros, escrita en 1920 y prohibida casi hasta la caída de la URSS. Ciertamente, es bastante anterior a 1984 de Orwell o a Brave New World de Huxley, y sin duda contiene una dosis menor de mala leche y desazón. Dicen los expertos que, sin embargo, no es la primera del género, ya que tal honor lo atesora El Talón de Hierro, de Jack London, fechada en 1908.
En los próximos días me extenderé acerca de la obra. Lo único que conviene resaltar ahora es que la acción se sitúa en un futuro bastante lejano, y por lo tanto algo kitsch y desdibujado dado el nivel tecnológico en la época de Zamiatin. La humanidad superó la Guerra de los Doscientos Años entre los habitantes de los grandes núcleos urbanos y del campo con la victoria de los primeros, quienes se encerraron en sus ciudades y empezaron a regirse por un gobierno totalitario basado en las matemáticas. Así, los seres humanos son números y no tienen nombres propios.
No puedo dejar de enfatizar que el prólogo, a cargo del traductor (Sergio Hernández-Ranera), provoca vergüenza ajena, así como la contracubierta, probablemente del mismo individuo. Como traductor es bastante correcto, de modo que ahí no voy a entrar por más que haya puntos mejorables. Los problemas son más bien del editor (Akal) por publicar prólogos de ese jaez y por no revisar la ortotipografía: por ejemplo, hay paréntesis que se abren y no se cierran.
Otra dosis en breve.
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29 de mayo de 2010 a las 9:03 GMT+1
seleucus
Recomendaciones literarias para comprar en la Feria del Libro de Madrid que empezó ayer.
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12 de mayo de 2010 a las 7:14 GMT+1
seleucus
Dijo no sé quién que mejor permanecer en silencio y mantener vivo el enigma que abrir la boca y quedar como un imbécil.
Algo así viene a decir Daniel Keyes en un pasaje de su Algernon, Charlie, and I: A Writer's Journey, libro que ya referí en otra entrada. La cosa va así:
"Una tarde, mientras estaba en el tren de vuelta a casa desde la Thomas Jefferson High School, un colega se sentó junto a mí.
–Dan, he leído Flores para Algernon. Es un buen relato –dijo–. Me he estado preguntado por algunas de sus imágenes y sus significados.
El reconocimiento es maravilloso.
Mencionó algo que había percibido. Estaba seguro de que tenía un significado simbólico y me pidió que se lo explicara.
Lo hice. Pontifiqué acerca de los niveles de significado, los motivos simbólicos central y periférico.
Cuando hube terminado, se quedó mirándome con curiosidad, arqueando las cejas.
–Oh... –dijo–, ¿eso es todo?
Sus palabras permanecen grabadas en algún lugar de mi psique de escritor. Desde entonces, nunca he explicado, aclarado o interpretado mi trabajo, los significados, los niveles, los temas. Mi colega me había dado una lección. Mientras el escritor, o cualquier artista para el caso, mantenga la boca cerrada, habrá argumentos, discusiones y varias interpretaciones y significados. Pero una vez que el escritor ha explicado o analizado su propio trabajo, lo trivializa." [Páginas 112-113, traducción mía; lo que su compañero había leído no era la novela sino la 'novelette' original, que he traducido como 'relato'.]
Pues eso.
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10 de mayo de 2010 a las 7:56 GMT+1
seleucus
La lectura, hace cuatro años, de Flowers for Algernon me dejó patidifuso. Lo que Daniel Keyes había conseguido era propio de un gigante literario que brilla de modo excepcional durante un instante, como Salinger. Instante, sin embargo, que se perpetúa por los siglos de los siglos.
Recordemos brevemente el argumento: Charlie, un joven discapacitado mental, se somete a un experimento para superar su retraso por medios quirúrgicos. Dado que todo el libro está escrito en primera persona, vemos cómo la gramática y el vocabulario que usa en su diario mejoran a medida que los resultados de la operación se manifiestan. Es decir, medio libro está deliberadamente mal escrito, pero siempre con una lógica implacable dentro del continuo error lingüístico. Y a todo esto, ¿quién es Algernon? Pues el ratón de laboratorio, su amigo.
El año pasado descubrí que Keyes había escrito un librito de memorias intitulado Algernon, Charlie, and I: A Writer's Journey (Harcourt, 2004), y me lo compré. Después de leerlo, me reafirmo en mi juicio de que es un narrador de primer orden. Ahí va un pasaje donde explica cómo aprendió a escribir:
"Me di cuenta de que tenía que entrenarme en el arte de la escritura. Había estudiado todos los libros que había encontrado acerca del tema. Somerset Maugham, en su autobiografía The Summing Up, explica que aprendió a escribir pasando días en la biblioteca para copiar pasajes de autores que admiraba. Al principio, eso me extrañó, pero luego lo comprendí. E hice lo mismo con los libros de la biblioteca del barco." [Página 38, traducción mía.]
Lo del barco viene a cuento de que Keyes estaba en el US Maritime Service, un servicio de instrucción de la época. Tenía 18 años y era el médico a bordo. Se le murió un marinero alcohólico por intoxicación de no sé qué. Entonces abandonó la promesa hecha a sus padres de dedicarse a la medicina y se volcó en la escritura. Menos mal.
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