Entradas clasificadas como 'Ciencia ficción/Futurista'
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12 de julio de 2010 a las 7:21 GMT+1
seleucus
Veo que no he reseñado muchos libros desde las recomendaciones para el 23 de abril (Sant Jordi). Cambio de hábitos, es indudable. Y lo que queda, porque en Singapur leeré más bien pocas novedades del mercado español.
Ahí van los seis libros que he considerado dignos de estar entre las recomendaciones literarias:
La asesina, de Aléxandros Papadiamandis (Periférica). Clásico griego publicado por primera vez en español. Existen dos traduciones catalanas en las editoriales El Tall y Adesiara.
Nosotros, de Evgueni Zamiatin (Akal). Buena novela mal editada en términos generales. Una pena.
Un lugar incierto, de Fred Vargas (Siruela). Otro novelón impresionante de la reina del género negro en Francia.
Crímenes pitagóricos, de Tefcros Mijailidis (Roca). Novela policíaca griega.
La papisa Juana, de Emmanuil Roídis (Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla). Otro clásico griego.
Magnitud imaginaria, de Stanisław Lem (Impedimenta). El único que no es narrativa en esta lista.
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7 de julio de 2010 a las 7:11 GMT+1
seleucus
Encontré en la novela Nosotros algunos pasajes donde el autor nos muestra un humor brillantemente absurdo y similar al de Gógol, nada singular dada la influencia que dejó en las letras rusas. Ahí va uno en que el protagonista acude al médico porque se siente mal y éste, como no podría ser de otro modo en cierto tipo de Estado totalitario, le suelta que se le ha formado el alma:
"–¡Mal asunto el suyo! Por lo visto, se le ha formado el alma.
¿El alma? Era una palabreja extraña, antigua, olvidada hace mucho tiempo. A veces hablábamos de 'llegar al alma', 'desalmado', 'con el alma en vilo', eso sí... Pero 'alma' a secas...
–Es... muy peligroso –balbuceé.
–Incurable –zanjó el doctor de los labios-tijera.
[...]
–¿Qué significa esto? ¿Cómo que el alma? ¿El alma dice usted? ¡El diablo sabe lo que es! De seguir así, pronto brotará la peste. Le digo que habría que extirpar la imaginación a todo el mundo. Aquí sólo cabe la cirugía, sólo la cirugía..." [Páginas 131-132; traducción de Sergio Hernández-Ranera para Akal.]
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30 de junio de 2010 a las 7:13 GMT+1
seleucus
Y otra entrada dedicada a Nosotros, de Zamiatin. El protagonista, fiel servidor del Estado Único, dirige unas palabras a los supuestos habitantes de Venus y Urano, destino de la nave espacial que la dictadura mundial está preparando para que cualquier tipo de vida inteligente que haya por ahí comprenda que, sin obediencia ciega al Estado, no hay felicidad:
"Ustedes los uranitas, inflexibles y oscuros como los antiguos españoles (quienes supieron sabiamente quemar en hogueras a la gente), guardarán silencio, pues creo que son de mi opinión. Pero ya oigo cómo los sonrosados venusinos hablan de torturas, castigos y de la vuelta a los tiempos bárbaros. Queridos lectores: siento pena por ustedes, pues no son capaces de pensar en términos filosóficos y matemáticos." [Página 161; traducción de Sergio Hernández-Ranera para Akal.]
La España negra llega a los confines de la Vía Láctea.
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23 de junio de 2010 a las 7:48 GMT+1
seleucus
Ayer hablé de Nosotros, la gran obra de Zamiatin y una de las primeras distópicas de la historia de la literatura. Hay algo digno de análisis con cierto detenimiento.
La sociedad totalitaria del futuro, basada en las matemáticas y en la noción de abolición de la libertad como paso necesario para la felicidad (sin libertad no hay error, luego todos contentos), vive encerrada en ciudades donde no hay nada natural. Ni siquiera un árbol. Y lo que es más: un muro separa la vida interior del exterior, donde la naturaleza campa a sus anchas.
Dicha contraposición pone a huevo que se lleve a cabo una disección bajo el prisma del idealismo alemán postkantiano. La separación radical, mediante dicho muro, entre inteligencia y naturaleza es la establecida por Fichte como Yo y No-Yo, donde el Yo solipsista, a diferencia de lo que ocurre en el sistema hegeliano, es una categoría lógica (nunca mejor traído en una dictadura matemática). Sin embargo, también Hegel tiene su lugar, ya que la naturaleza es inorganicidad contrapuesta a la organicidad de la consciencia.
El concurso, con todo, lo gana Fichte. La dictadura de ese Estado perfecto no es susceptible de caber en la dialéctica hegeliana porque no es un sistema inclusivo, es decir, la antítesis (inorganicidad) no contiene la tesis (organicidad); de ahí que en dicho Estado no se observen las trazas de la eticidad (familia-sociedad-Estado). Así, resulta evidente que su encaje es más bien con un sistema fichteano.
Volveré a referirme a Nosotros por otros motivos.
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22 de junio de 2010 a las 7:11 GMT+1
seleucus
Zamiatin (1884-1937) fue un ingeniero naval ruso que pasó a la historia como novelista. Suya es la distopía Nosotros, escrita en 1920 y prohibida casi hasta la caída de la URSS. Ciertamente, es bastante anterior a 1984 de Orwell o a Brave New World de Huxley, y sin duda contiene una dosis menor de mala leche y desazón. Dicen los expertos que, sin embargo, no es la primera del género, ya que tal honor lo atesora El Talón de Hierro, de Jack London, fechada en 1908.
En los próximos días me extenderé acerca de la obra. Lo único que conviene resaltar ahora es que la acción se sitúa en un futuro bastante lejano, y por lo tanto algo kitsch y desdibujado dado el nivel tecnológico en la época de Zamiatin. La humanidad superó la Guerra de los Doscientos Años entre los habitantes de los grandes núcleos urbanos y del campo con la victoria de los primeros, quienes se encerraron en sus ciudades y empezaron a regirse por un gobierno totalitario basado en las matemáticas. Así, los seres humanos son números y no tienen nombres propios.
No puedo dejar de enfatizar que el prólogo, a cargo del traductor (Sergio Hernández-Ranera), provoca vergüenza ajena, así como la contracubierta, probablemente del mismo individuo. Como traductor es bastante correcto, de modo que ahí no voy a entrar por más que haya puntos mejorables. Los problemas son más bien del editor (Akal) por publicar prólogos de ese jaez y por no revisar la ortotipografía: por ejemplo, hay paréntesis que se abren y no se cierran.
Otra dosis en breve.
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29 de mayo de 2010 a las 9:03 GMT+1
seleucus
Recomendaciones literarias para comprar en la Feria del Libro de Madrid que empezó ayer.
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12 de mayo de 2010 a las 7:14 GMT+1
seleucus
Dijo no sé quién que mejor permanecer en silencio y mantener vivo el enigma que abrir la boca y quedar como un imbécil.
Algo así viene a decir Daniel Keyes en un pasaje de su Algernon, Charlie, and I: A Writer's Journey, libro que ya referí en otra entrada. La cosa va así:
"Una tarde, mientras estaba en el tren de vuelta a casa desde la Thomas Jefferson High School, un colega se sentó junto a mí.
–Dan, he leído Flores para Algernon. Es un buen relato –dijo–. Me he estado preguntado por algunas de sus imágenes y sus significados.
El reconocimiento es maravilloso.
Mencionó algo que había percibido. Estaba seguro de que tenía un significado simbólico y me pidió que se lo explicara.
Lo hice. Pontifiqué acerca de los niveles de significado, los motivos simbólicos central y periférico.
Cuando hube terminado, se quedó mirándome con curiosidad, arqueando las cejas.
–Oh... –dijo–, ¿eso es todo?
Sus palabras permanecen grabadas en algún lugar de mi psique de escritor. Desde entonces, nunca he explicado, aclarado o interpretado mi trabajo, los significados, los niveles, los temas. Mi colega me había dado una lección. Mientras el escritor, o cualquier artista para el caso, mantenga la boca cerrada, habrá argumentos, discusiones y varias interpretaciones y significados. Pero una vez que el escritor ha explicado o analizado su propio trabajo, lo trivializa." [Páginas 112-113, traducción mía; lo que su compañero había leído no era la novela sino la 'novelette' original, que he traducido como 'relato'.]
Pues eso.
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10 de mayo de 2010 a las 7:56 GMT+1
seleucus
La lectura, hace cuatro años, de Flowers for Algernon me dejó patidifuso. Lo que Daniel Keyes había conseguido era propio de un gigante literario que brilla de modo excepcional durante un instante, como Salinger. Instante, sin embargo, que se perpetúa por los siglos de los siglos.
Recordemos brevemente el argumento: Charlie, un joven discapacitado mental, se somete a un experimento para superar su retraso por medios quirúrgicos. Dado que todo el libro está escrito en primera persona, vemos cómo la gramática y el vocabulario que usa en su diario mejoran a medida que los resultados de la operación se manifiestan. Es decir, medio libro está deliberadamente mal escrito, pero siempre con una lógica implacable dentro del continuo error lingüístico. Y a todo esto, ¿quién es Algernon? Pues el ratón de laboratorio, su amigo.
El año pasado descubrí que Keyes había escrito un librito de memorias intitulado Algernon, Charlie, and I: A Writer's Journey (Harcourt, 2004), y me lo compré. Después de leerlo, me reafirmo en mi juicio de que es un narrador de primer orden. Ahí va un pasaje donde explica cómo aprendió a escribir:
"Me di cuenta de que tenía que entrenarme en el arte de la escritura. Había estudiado todos los libros que había encontrado acerca del tema. Somerset Maugham, en su autobiografía The Summing Up, explica que aprendió a escribir pasando días en la biblioteca para copiar pasajes de autores que admiraba. Al principio, eso me extrañó, pero luego lo comprendí. E hice lo mismo con los libros de la biblioteca del barco." [Página 38, traducción mía.]
Lo del barco viene a cuento de que Keyes estaba en el US Maritime Service, un servicio de instrucción de la época. Tenía 18 años y era el médico a bordo. Se le murió un marinero alcohólico por intoxicación de no sé qué. Entonces abandonó la promesa hecha a sus padres de dedicarse a la medicina y se volcó en la escritura. Menos mal.
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1 de mayo de 2010 a las 10:48 GMT+1
seleucus
Dedicado a El rival de Prometeo, miscelánea imprescindible publicada por Impedimenta.
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19 de abril de 2010 a las 7:25 GMT+1
seleucus
Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:
Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.
Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.
Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.
Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.
Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).
El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.
Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).
Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.
Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.
Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.
La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).
Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la "Trilogía transilvana" del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.
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26 de febrero de 2010 a las 20:27 GMT+1
seleucus
"Flashforwardeando". Hoy toca Robert J. Sawyer.
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23 de febrero de 2010 a las 7:02 GMT+1
seleucus
Llego tarde a la reseña de la película porque no me gusta ir cuando se acaba de estrenar. Manías personales.
En mi opinión, últimamente hemos tenido el raro privilegio de asistir en directo al nacimiento de una obra mayor en la literatura y de su reflejo excelso en el cinematógrafo. No es una coincidencia que se dé muy a menudo. La versión en imágenes no se separa del texto escrito excepto en la culminación final, mucho más abierta que la original aunque en absoluto errónea desde un punto de vista meramente estético. Nada que objetar.
La crudeza es extrema, más por lo que se insinúa que por lo que se muestra, y las interpretaciones puntúan veinte sobre diez, igual que la dirección y el diseño de producción. El recuerdo amargo de lo que fue y ya no es, y de lo que pudo haber sido y nunca será, te acompañan desde el primer fotograma. En medio, las tres alternativas: el suicidio como única vía de escape, la supervivencia manteniendo a cualquier precio los antiguos valores de la civilización o la subsistencia a través de la eliminación de todo rastro de conciencia que evoque a la humanidad. Ahí, en la elección, se percibe la fuerza de Viggo Mortensen para convencernos de que haría lo que fuera por su hijo, incluso pactar con Dios, pasar por loco y guardar un silencio eterno y solipsista a cambio de que todo volviera a ser como antes. Es decir, a la manera de Tarkovski en Sacrificio.
En conjunto, una clase magistral de cómo sobrevivir al Apocalipsis eludiendo a la chusma caníbal que merodea por ahí.
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4 de febrero de 2010 a las 8:22 GMT+1
seleucus
Segunda novela que leo de McDevitt. La primera fue Odisea, también perteneciente al ciclo Las máquinas de Dios.
Seguimos en el siglo XXIII. La tecnología permite viajar por el hiperespacio a distancias siderales (nunca mejor dicho) en tiempos asumibles para la corta vida humana. En esto, la humanidad, que continúa con lo mismo de siempre a pie de calle (hambrunas en África, etc.), empieza a tomarse seriamente la existencia de las Omega, unas nubes enormes que viajan por el espacio y destruyen por la cara toda civilización que encuentran. Vale que la más cercana a la Tierra tardará mil años en llegar, pero algunos juzgan que quizá sea necesario no dejar para el siglo XXXIII lo que se pueda hacer en el XXIII.
McDevitt, una vez más y a pesar de cierta querencia por la estética del technothriller, conduce con salero una trama que da mucho juego: ¿Cómo salvar de las Omega a una civilización alienígena cuyo estado de desarrollo es similar al de la humanidad en la época del Imperio Romano? Y es más, ¿cómo hacerlo sin que se den cuenta ni interpreten que los humanos son dioses que vienen del cielo?
Lo negativo: traducción mejorable, como es demasiado usual en La Factoría de Ideas.
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Etiquetas: McDevitt
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