Entradas clasificadas como 'Antonio Priante'

Bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra

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2 comentarios 24 de marzo de 2009 a las 7:14 GMT+1 seleucus

Hoy es su día. Mariano José de Larra y Sánchez de Castro nació en Madrid el 24 de marzo de 1809 y se suicidó en la misma ciudad el 13 de febrero de 1837. No voy a extenderme en nada que se pueda encontrar en la Wikipedia.

Antonio Priante me envió un vínculo sorprendente, al menos para mí: Luis Cernuda leyendo un poema dedicado a Larra. Lo tenéis en Palabra Virtual.

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Vuelve a entrar Priante con El corzo herido de muerte

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9 comentarios 23 de marzo de 2009 a las 10:21 GMT+1 seleucus

Mañana iremos de cumpleaños: doscientos años del nacimiento de Mariano José de Larra. Por eso hoy aprovecho para colgar en la pestaña superior "Textos", en pdf gratis, el capítulo X de la novela El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba). El año pasado ya colgué el primer capítulo, mas creo oportuno repetir en estas fechas.

La novela es una ficción epistolar basada en las cartas que Larra enviaba a su amigo Ventura de la Vega. Si alguien quiere profundizar en esta obra de Priante, tiene a su disposición los apuntes que usó para su redacción.

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Me llevo a Antonio Priante a otra conferencia

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3 comentarios 19 de enero de 2009 a las 7:26 GMT+1 seleucus

Por tercera vez, segunda en el colegio Loreto-Abad Oliba de Barcelona. A los alumnos de la ESO les ha encantado El corzo herido de muerte, novela cuyo protagonista es Mariano José de Larra. No obstante, por motivos inconfesables sólo tengo fotos de la conferencia que le organicé en la UB por la novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer.

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Substitución de textos: sale Antonio Priante, entra Lefteris Panusis

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Añadir comentario 30 de junio de 2008 a las 11:20 GMT+1 seleucus

Ya está lista La Virgen de las Aguas de Lefteris Panusis, novela histórica griega ambientada en el Imperio Bizantino. La publicará la editorial Ciudadela en octubre, de modo que os pongo quince páginas para abrir boca, en la pestaña superior de "Textos".

El texto que he substituido es el primer capítulo de la novela El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (editorial Cahoba), donde se narra el suicidio del romántico español Mariano José de Larra. No soy su agente literario, me había limitado a colgar esas primeras páginas porque la novela es casi una obra maestra y era de justicia promocionarla. Las estadísticas: ha estado 140 días disponible y ha tenido 136 descargas, lo que arroja una media de 0'97 al día.

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El Correo Literario y Mercantil habla de Antonio Priante

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Añadir comentario 19 de junio de 2008 a las 6:17 GMT+1 seleucus

La entrada se refiere principalmente a Lesbia mía, un título descatalogado en la trayectoria literaria de Priante. Al final hay una referencia a este blog. Se agradece.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, IV

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2 comentarios 30 de mayo de 2008 a las 6:25 GMT+1 seleucus

Cuarta parte del texto de Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. La tercera se vio ayer.

4. ENCONTRAR EL ALMA

Algún profesional de la filosofía me ha preguntado si era consciente de que en mi obra exponía el pensamiento de Schopenhauer con más claridad y acierto que en la mayoría de las obras especializadas. He de responder que no, que no era consciente. Al contrario, mientras escribía la novela tenía casi la seguridad de que, cuando se publicase, iba a recibir palos de los filósofos especialistas en el tema, que descubrían infinidad de fallos que un profano como yo no podría menos que cometer. La sorpresa ha sido que, una vez publicada, los pocos especialistas que se han pronunciado lo han hecho, de manera unánime, positivamente. ¿Cuál ha sido el secreto de este extraño “prodigio”? Desde luego, no el haber recurrido a un libro determinado. Yo creo que ha habido otra razón, que trataré de exponer a la luz de la estética de Schopenhauer, y quizá con sus mismas palabras (o mías de la novela, ya no sé).

Toda creación auténtica se basa en un conocimiento verdadero, y este conocimiento tiene su origen, no en los fríos datos, sino en una percepción intuitiva en la que queda implicada toda la personalidad del sujeto cognoscente. Ha de haber una conmoción en el sujeto, un misterioso presentimiento de la tierra prometida. Es entonces cuando aquella percepción intuitiva del objeto, aún siendo momentánea e indivisible, confiere alma y vida a todo el proceso de creación de la obra por largo que éste sea, igual que la gota de un reactivo confiere a toda la solución los colores del precipitado. El núcleo fundamental de una obra de arte es una intuición objetiva, y ésta exige el aquietamiento absoluto de la voluntad (es decir, de las propias apetencias o intereses). Porque sólo entonces el artista se convierte en sujeto puro de conocimiento.

Pues bien, parece que conseguí esa “percepción intuitiva del objeto”, de manera que, habiéndome apropiado de la totalidad de la persona del filósofo, no podía errar en la exposición de su filosofía. Pero ha de quedar claro que todo esto es algo que un crítico o especialista de la literatura ni aceptará ni comprenderá. Porque ocurre que los críticos y especialistas estudian las obras de arte analizándolas, descomponiéndolas, desconstruyéndolas. No está mal, ya que así suelen llegar a algunos resultados apreciables. Lo malo es cuando se imaginan que un creador opera de la misma manera, pero al revés: juntando las piezas, componiendo el artefacto. Pues no. Es como si un estudiante de medicina, que para estudiar un cuerpo ha de diseccionarlo, desmontarlo, imaginase que la naturaleza, para formar ese cuerpo, ha operado de la misma manera: juntando las piezas. Pues no. Y es que en la mesa de operaciones no se puede encontrar el alma. Porque el alma, en las obras y en las personas, es expresión de una totalidad, que sólo se puede captar intuitivamente. Si se empieza a analizar, a separar, a trocear, se destruye esa totalidad y ya no hay manera de encontrar el alma... Claro que siempre se pueden escribir muchos tratados de cientos o miles de páginas, pero ése es otro asunto.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, III

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Añadir comentario 29 de mayo de 2008 a las 6:22 GMT+1 seleucus

Tercera parte del texto del escritor Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe (la segunda se vio ayer):

3. ¿NOVELA HISTÓRICA?

Algunos han considerado una virtud que la obra esté exenta de la parafernalia típica de las novelas históricas (en este caso faltarían pelucas empolvadas, candelabros, miriñaques, coches de caballo, etc.). Virtud o no, es verdad que El silencio de Goethe, igual que mis anteriores novelas, situadas todas en una época que no es la nuestra, carece de los ingredientes típicos de la llamada novela histórica, hasta el extremo de que yo no las incluiría en este género. Y es que nunca me ha interesado el decorado, sino las acciones y pasiones de los personajes. Sin embargo, a veces quisiera ser menos adusto o austero o esencialista, o como mejor se diga, y me gustaría dar un poco (sólo un poco) de color y animación a los escenarios. Pero no puedo; no sé. Así que ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que todo eso que ahora se aplaude pudiera ser más el resultado de un defecto que el de una virtud del autor... defecto de terribles consecuencias en el mundo editorial. Ahí va un ejemplo.

Tengo una novela, escrita hace veinte años, que aunque bastantes asesores literarios han considerado de gran calidad, ninguna editorial ha querido publicar. ¿Por qué? La mayoría se limitaban a la explicación típica (no encaja en la línea, etc.). Pero dos fueron más explícitas. Dijeron que estaban dispuestas a publicar la novela siempre que introdujese algunas reformas. ¿Qué reformas? Es fácil de imaginar. Se trata de una novela ambientada en el mundo romano del siglo IV, donde se describe el enfrentamiento amistoso de dos temperamentos, dos poetas (Décimo Magno Ausonio y Paulino de Nola), que ejemplifican dos maneras de ver el mundo, escrita con mi habitual economía de efectos escénicos. ¡Inconcebible! ¿Se ha visto alguna vez una novela de romanos donde no haya circo, gladiadores, batallas, asesinatos, incestos? Así, que había que subsanar esto de alguna manera. Me negué, en ambos casos me negué. Y no sólo por dignidad, sino también y como he apuntado antes... porque no hubiese sabido cómo hacerlo. Todo lo cual demuestra algo que muchos ya sabíamos sin necesidad de demostración: que las bondades de una obra artística nada tienen que ver con los intereses de la industria y el comercio.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, II

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Añadir comentario 28 de mayo de 2008 a las 6:06 GMT+1 seleucus

Segunda parte del texto en que Antonio Priante discurre acerca de su novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer (publiqué la primera parte ayer):

2. LA CLAVE

Otra objeción que se me ha hecho es que el diálogo que el filósofo mantiene con August Becker es mucho menos creíble que el que mantiene con Eckermann. En esto tengo que dar toda la razón al crítico, sin reticencias ni ironías. Es cierto que el diálogo con August Becker no parece ni la mitad de creíble que el mantenido con Eckermann. Yo mismo me he estado preguntando por qué, y creo que al final he dado con la respuesta. Respuesta que, curiosamente (o naturalmente), se puede exponer con los términos propios de la estética schopenhaueriana.

Por si no quedaba suficientemente claro a lo largo de lo que iba escribiendo, quise crear una escena en que, de una manera viva y rotunda, quedase retratado el carácter de nuestro filósofo. Entonces supuse que Schopenhauer podría estar celoso de Eckermann por la familiaridad que éste había tenido con Goethe y que tan poco había sabido aprovechar (según mi personaje). Y los puse ahí, uno frente a otro, y dejé que se expresasen en absoluta libertad. Es decir, me abandoné a la contemplación directa del objeto, con aquietamiento absoluto de la voluntad (el interés, panfletario, de demostrar esto o aquello).

En el diálogo con August Becker la cosa fue muy diferente. Veía que la novela se estaba acabando; gracias a no sé qué extraña inspiración había solucionado el problema de que el filósofo explicase (¡a sí mismo!) su propia filosofía: contándosela a su fiel perrito en la noche de insomnio. Pero tenía algunos temas pendientes que quería aclarar: la rectificación final de su opinión sobre las mujeres, la excéntrica tipología de sus lectores (militares, mujeres, hombres de negocios, artistas), su no antisemitismo dentro del contexto de la época (mito tan difícil de erradicar), sus relaciones con Wagner, en las que curiosamente se reproducía la situación asimétrica (falta de correspondencia por parte del “maestro”) que él mismo había sufrido con Goethe... Había leído que, unos días antes de su muerte, Schopenhauer había recibido la visita de Gwiner, uno de sus “apóstoles”, con el que había pasado una tarde muy agradable, hablando de los temas más variados. Podría aprovechar esa conversación, pensé... pero no, porque de esa conversación hay constancia y, aun en el caso de que pudiese acceder a ella, no me serviría para los fines mencionados. Entonces imaginé que, por los mismos días, había tenido la visita de otro “apóstol”: el jurista Johann August Becker, con el que, además, mantenía una correspondencia, que fue publicada por el hijo de Becker. ¿Y por qué Becker, y no Frauenstädt o cualquiera de sus otros fieles? Simplemente porque Becker era jurista, como yo lo he sido, y así podía imaginármelo con intereses más fuertes que los de su oficio, como ha sido mi caso. O sea, que se podría decir que August Becker soy yo... tratando de aclarar con mi personaje algunos de los temas que teníamos pendientes. Y es ese intento de aclarar y precisar, es ese enfoque interesado, no contemplativo, el que dio un resultado menos artístico que el del diálogo con Eckermann, como muy agudamente detectó mi crítico.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, I

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Añadir comentario 27 de mayo de 2008 a las 6:31 GMT+1 seleucus

Antonio Priante me ha pasado un texto que escribió después de que la editorial Cahoba le publicase su obra maestra El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. Se divide en cuatro partes donde se presentan consideraciones de diversa índole. Os las voy a suministrar en cuatro dosis. Aquí la primera:

1. ARTE Y REALIDAD

Se ha dicho que el personaje de la novela es más un arquetipo que el reflejo fiel del que pudo ser el Schopenhauer real. Estoy absolutamente de acuerdo: el personaje de la novela es un arquetipo y no es ni puede ser un fiel reflejo de algo real. Por la sencilla razón de que es un producto artístico, y un producto artístico no es nunca un reflejo fiel de nada. Para reflejos fieles, los espejos (aunque tienen la buena idea de invertir las imágenes), las fotografías mecánicas y las películas, dramas y series televisivas realistas, es decir, de esas “que encuentran la vida cruda y la dejan sin hacer” (O. Wilde). Sí, toda creación verdaderamente artística es autónoma respecto a la realidad. La realidad puede ser tomada como referencia lejana, como materia prima para desbastar y utilizar, pero el objeto y fundamento del arte es siempre el arte, es decir, la plasmación de la Idea que la naturaleza apunta pero que es incapaz de realizar. Para aclarar más este concepto mío (y de Schopenhauer y de Goethe, ¡en algo estaban de acuerdo!) recomiendo la lectura de la página 121 del libro.

Lo que ocurre es que, cuando se trata de personajes de pura ficción (o legendarios, que casi es lo mismo), el hecho de que sean arquetipos (piénsese en Don Quijote, Werther, Don Juan, Fausto, Raskólnikov, etc.), no plantea ningún problema. En cambio, cuando el personaje arranca de cierto individuo que vivió realmente (el Julio César de Shakespeare, el Adriano de Yourcenar, el Schopenhauer de éste que escribe) se plantea naturalmente el problema de si debe o no ser, en la novela, un fiel reflejo de lo que fue en la vida.

Sobre “si debe”, las respuestas pueden ser varias; sobre “si es”, para mí, sólo hay una respuesta verdadera: no, no es ni puede ser un fiel reflejo, no puede haber una correspondencia exacta entre el personaje de la novela y el ser vivo que existió en otro tiempo. El novelista debe descubrir la Idea del personaje, no sus funciones neurovegetativas o su agenda diaria.

Pero en todo esto hay una paradoja. Y es que el escritor ha de crear la obra como si eso (lo que acabo de negar) fuese posible. Ha de imbuirse de la personalidad del novelado, llegando en cierto modo a ser él mismo. Esto es lo que yo hago, lo que yo hice en esta novela, sabiendo sin embargo que el producto no sería una fotocopia de Schopenhauer, sino una obra de arte...

Y para seguir con el tono antimodesto de este comentario, voy a citarme. Lo que sigue es un párrafo de una conferencia que pronuncié sobre la novela histórica (centrada en la antigüedad clásica):

“Pero ocurre que una novela no es ni puede ser una reconstrucción histórica, no puede pretender un resultado de máxima fidelidad al carácter del personaje histórico y a la realidad de los acontecimientos. Si muy poco podemos saber de la vida verdadera del vecino de enfrente, ¿cómo nos atreveríamos a decir que, sobre la base de los cuatro papeles que nos dejó escritos, hemos reproducido con exactitud las vivencias y sentimientos de una persona muerta hace dos mil años? Es ésta una tarea imposible. Yourcernar confiesa haberlo intentado. Pero nadie sabrá nunca si lo ha conseguido. Quiero decir que sabemos que su Memorias de Adriano es una obra maestra, pero nunca sabremos si el Adriano que gobernó Roma se reconocería en ella.”

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Un pastor alemán, propiedad de Mauricio Casals según afirma un vecino de Valldoreix, mordió ayer a Antonio Priante

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6 comentarios 16 de abril de 2008 a las 22:52 GMT+1 seleucus

Esto ya parece un tabloide sensacionalista. A ver: el chalé (por llamarlo así) que hay frente a la casa de Antonio Priante es propiedad de Mauricio Casals, que no sé qué cargo tiene exactamente en La Razón (director editorial o algo así). Priante salía de su casa y un pastor alemán se le echó encima. Según un vecino, el animal es propiedad de Casals, hombre de confianza de Lara. El mordisco no fue serio, pero le rompió la manga de la chaqueta. Tras salir de urgencias, Priante fue a presentar una denuncia.

Veremos en qué termina todo esto.

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