Entradas clasificadas como 'Antonio Priante'

Décimo octavo artículo en Factual

Popularidad: 3%

4 comentarios 13 de junio de 2010 a las 21:00 GMT+1 seleucus

Recordando a Mariano José de Larra a través de la novela El corzo herido de muerte, de Antonio Priante.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas: , ,

Artículo de Antonio Priante acerca de Mariano José de Larra

Popularidad: 6%

7 comentarios 14 de abril de 2010 a las 7:31 GMT+1 seleucus

Antonio Priante, autor de El corzo herido de muerte, una novela magistral con Larra de protagonista, nos regala este artículo.

LARRA ÍNTIMO

SUICIDA... ¿POR  QUÉ?

El año del bicentenario de Mariano José de Larra no ha sido muy generoso en conmemoraciones. En absoluto en Barcelona, de donde procedía el escritor por línea paterna (Langelot era el segundo apellido del padre). En Madrid y otros lugares sí ha sido objeto de ciertas celebraciones y homenajes, y algunas revistas literarias le han dedicado artículos especiales. Pero lo cierto es que el ambiente no recuerda nada al de hace un siglo, cuando la periodista Carmen de Burgos pudo escribir: "En Fígaro [Larra] hay una fuerza que le mantiene siempre vivo y joven cerca de nosotros… Larra no envejece como los otros; Larra conserva su prestigio de escritor, su prestigio de hombre y hasta su prestigio de suicida. Es eternamente joven, eternamente original."

Quizá es lo que mejor conserva en estos momentos: su prestigio de suicida. Y se comprende. La España de hoy poco tiene que ver con la España de los años treinta del siglo XIX (excepto por algún problema en el norte, que entonces se llamaba carlismo, y alguna cosita más), así que lo que dijo el escritor, el periodista de actualidad, poco importa ya (por más que muchos insistan en colocarnos como sea su "vuelva usted mañana"). En cambio, la  persona, el hombre aureolado por el fogonazo del disparo final, conserva todo su atractivo romántico. Pero ¿quién era esa persona? ¿Cómo era el hombre llamado Larra cuando no ejercía  de corrosivo fustigador de los vicios públicos?

"El carácter moral de este escritor consiste en ser excesivamente generoso, desprendido de todo interés, ambicioso de gloria, muy amante de su patria, cariñoso con sus padres, buen amigo, bastante enamorado, algo orgulloso, noble en sus maneras y porte, aficionado a la alta sociedad y muy estudioso."

Es posible que no haya descripción más ajustada y verdadera del carácter de Larra que la contenida en estas líneas escritas por su tío Eugenio. El joven Larra tenía en el hermano de su padre a un amigo y un confidente. Hubo entre los dos una especial relación de cariño, y el tío pudo escribir tan acertadamente del sobrino porque le quería, y querer bien a una persona es la única manera segura de conocerla. Un par de siglos después alguien podrá retratar a Larra como una especie de enano egoísta y acosador de mujeres, contradiciendo la clara imagen que nos dejó don Eugenio. No hay que tenerlo en cuenta. Son cosas que se cuecen al calor del prejuicio (feminista en este caso) y la ignorancia.

Pero suicida, ¿por qué? La vieja polémica sigue hoy viva con sus dos líneas de argumentación enfrentadas: la cívica o política, que nos habla de su frustración y abatimiento ante la situación de España, y la romántica o novelesca, que pone el énfasis en el fracaso amoroso. Quizá ambas se equivoquen, quizás ambas no tengan en cuenta un factor previo a cualquier lance social o amoroso. Me refiero a su constante y arraigado sentimiento de vacío, que sólo una pasión poderosa podía vencer.

Existe, claro, la tentación de explicar este vacío como la consecuencia de determinados acontecimientos vitales: el fracaso político, el fracaso amoroso. Pero no hay que caer en la tentación. Las vicisitudes no marcan el carácter; es el carácter el que se expresa a través de las vicisitudes. Yo creo que, en Larra, el sentimiento de vacío no es consecuencia de ciertas experiencias vitales, sino, al contrario,  el modo en que experimenta la vida es consecuencia de su sentimiento de vacío.

Que el sentimiento de vacío es en Larra anterior a toda experiencia quizá lo pruebe este párrafo de "El Café", escrito en febrero de 1828, poco antes de cumplir 19 años (y si alguien alega que a esa edad ya contaba con la supuesta decepción amorosa y filial de sus 16 años, atención a mis cursivas):

"Seguí quejándome hasta mi casa sin ninguna gana de reir de mis observaciones como en otros días, aunque siempre convencido de que el hombre vive de ilusiones y según las circunstancias, y sólo al meterme en la cama, después de apagar mi luz y conciliar el sueño confesé como acostumbro: 'Éste es el único que no es quimera en este mundo'."

La vida es un entramado de ilusiones sobre circunstancias cambiantes. Sólo el sueño es verdad. El sueño, imagen de la muerte.

Así, cuando a los 26 años, en pleno conflicto amoroso, escribe "allí donde está el mal, allí está la verdad. Lo malo es lo cierto. Sólo los bienes son ilusión" ("La sociedad", 16-1-1835), no hace sino manifestar, propiciado por las circunstancias, lo que desde siempre ha sabido.

Si, como es cierto, todo hecho es efecto de una serie de causas, el suicidio de Larra hubo de tener forzosamente las suyas, puesto que nada es gratuito ni se produce ex novo en la naturaleza (incluida la naturaleza humana). Pero ocurre que los que buscan las causas de este tipo de hechos -los actos humanos- suelen olvidarse de la fundamental: el carácter del individuo. El carácter no como algo forjado por las circunstancias, el ambiente, la educación, no, el carácter de verdad, originario, congénito, eso que nada ni nadie puede cambiar, aunque pueda manifestarse de diferentes maneras según los motivos que las circunstancias le ofrecen.

En el carácter de Larra -como en el de cada cual- se hallaba esbozado su destino. Sólo unas circunstancias extremadamente favorables hubieran podido darle una forma menos trágica.

Pero esas circunstancias no se dieron. Al contrario. El gran amor que pudo salvarlo resultó ser un espejismo del enamorado. Fue entonces cuando, sin pensarlo, Larra se abandonó a su destino.

"Sólo un Dios y un Dios Todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida." (Larra, “La vida de Madrid”, 12-12-1834.)

Antonio Priante, julio de 2009

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas: ,

Antonio Priante en Scribd

Popularidad: 5%

8 comentarios 3 de marzo de 2010 a las 7:04 GMT+1 seleucus

Antonio Priante, autor de las novelas El silencio de Goethe y El corzo herido de muerte, irá colgando en Scribd uno de sus textos inéditos, Mundo, Demonio y Fausto. El primer capítulo está a disposición de todos, y veo que acaba de colgar el segundo.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Otra lista: los libros de la década

Popularidad: 8%

9 comentarios 15 de enero de 2010 a las 6:54 GMT+1 seleucus

Como ya dije de la lista que La Vanguardia presentó de las cincuenta mejores películas de esta década primera, seguiré la corriente a pesar de que aún no hayamos pasado a la segunda y comentaré la jugada. Esta vez, en internet sólo he encontrado los que son, a juicio de los críticos literarios de ese mismo diario, los diez mejores libros del inicio del siglo XXI. Huelga decir que tengo la edición en papel (28-12-2009) para llenar los huecos, dado que esta lista también llega hasta la posición quincuagésima, y mezcla imprudentemente ensayo con novela y lo que haga falta. Mal hecho. Me centraré sólo en la categoría de novela, que ya da para cincuenta. Por cierto, deduzco por la presencia de Vida y destino, de Vasili Grossman, que si la novela no se ha escrito en los últimos diez años, tiene que haberse publicado, al menos, bajo forma de versión definitiva en lengua española en este período. Un criterio un poco raro, pero si esto es lo que hay, al menos lo aprovecharé sin escrúpulos.

Lo primero que llama la atención es que declaren explícitamente que han querido tratar la lengua catalana igual que las otras. Gracias, lo daba por descontado, y precisamente porque lo dicen me da que algo ha ido mal. Con un vistazo es evidente. Según La Vanguardia, de los diez libros mejores o más importantes publicados como novedad en todo el mundo, en todas las lenguas y en los últimos diez años, dos se han escrito en catalán. ¿No exageramos un pelín? Yo aceptaría uno y sólo si fuera La pell freda (La piel fría), de Albert Sánchez Piñol, pero tal obra maestra está en la posición vigésimo novena, por detrás de La sombra del viento. En serio. La han metido en la lista. Ya puestos a no cortarse un pelo, que coloquen La enfermera de Brunete, de Manuel Maristany.

Los aciertos no tapan los errores. Está el insigne Philip Roth (La mancha humana) con un libro pero Baltasar Porcel con dos. Están escritores conocidos que, a pesar de que no me convenzan, acepto en la lista en un momento de debilidad (Murakami y Coetzee), pero varios libros de un asunto que ya me ha saturado: la Guerra Civil Española. Vale ya, ¿no? Tu rostro mañana, de Javier Marías; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez; Dientes de leche, de Ignacio Matínez de Pisón. ¿Esto es una lista que refleja los libros de la década en todas las lenguas en todo el mundo, o una paletada localista? ¿Bromean?

Como hice el otro día con las películas, doy alternativas de primer nivel, hasta donde llego y he leído:

Europa Central, de William T. Vollmann (Mondadori)

Waltenberg, de Hédi Kaddour (Edhasa)

El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)

Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)

El labrador de aguas, de Huda Barakat (La otra orilla)

Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez (Destino)

En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano (Anagrama)

La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza)

La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)

Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama)

El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)

Yendo un poco más allá y para acabar, pondré novela griega, inexistente en la lista de La Vanguardia. Porque, aunque parezca mentira, en Grecia se produce literatura de primer nivel e incluso se publican libros. En serio. Papel, tinta, etc. Libros de verdad, no de gominola. Ahí van tres que ya tienen años pero que se han publicado hace poco. Si está Vida y destino, que es del siglo pasado, no veo por qué no van a estar éstos:

Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (traducción mía en Rey Lear)

Gioconda, de Nikos Kokantzis (de momento, sólo en catalán y en la editorial Pagès)

L'assassina, de Aléxandros Papadiamandis (de momento, sólo en catalán y en las editoriales Adesiara y El Tall)

Entrada clasificada como: Anagrama,Antonio Priante,Belacqua/La otra orilla,Cahoba,Ciencia ficción/Futurista,Editoriales respetables,Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores,Literatura de aeropuerto,Recomendaciones literarias,Rey Lear,Ánguelos Terzakis

Etiquetas: , , , , , , ,

Descuelgo el pdf de Antonio Priante

Popularidad: 17%

Añadir comentario 13 de mayo de 2009 a las 9:26 GMT+1 seleucus

Quito el pdf con un capítulo de El corzo herido de muerte, novela de Antonio Priante acerca del escritor español Mariano José de Larra. Lo colgué el 23 de marzo, cuando celebramos el ducentésimo aniversario de su nacimiento. Ha estado disponible en lectura gratis 51 días y ha tenido 40 bajadas, lo que da una media de 0'78 al día. El libro, de la editorial Cahoba, continúa a la venta y vale mucho la pena.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Propuestas de lectura

Popularidad: 39%

20 comentarios 8 de abril de 2009 a las 7:53 GMT+1 seleucus

Basándome en las experiencias de mis amigos profesores, y redondeando lo dicho ayer acerca de las malas elecciones como lectura obligatoria en ESO y Bachillerato (aunque me centre en el currículo español, es extrapolable a otros países), menciono algunos libros que son óptimos para menores de edad. Unos son los de toda la vida, otros no, pero todos tienen en común que son literatura pata negra, muy alejada de la bazofia al uso. Por orden:

ESO +12 años

Constandina y las telarañas, de Alki Zei, Lóguez (traducción catalana mía: La Konstantina i les teranyines, Cruïlla; me disculparéis que barra para dentro)

La pulga de acero, de Nikolái Leskov (Impedimenta)

ESO +14 años

Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear, otra traducción mía)

La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)

El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger (no sé por qué traducen 'in' por 'entre')

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde

Un mundo feliz, de Aldous Huxley

Bachillerato

El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)

El ministerio del dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)

1984, de George Orwell

Soy leyenda, de Richard Matheson

Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski

El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)

Relatos de Kolimá I, de Varlam Shalámov (Minúscula)

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

Y al margen de esa división por edades, aludo a una novela ideal para los alumnos interesados en las matemáticas: El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis. Hay, o había si no se ha agotado ya, traducción catalana.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Belacqua/La otra orilla,Cahoba,Ciencia ficción/Futurista,Cuentos,Editoriales respetables,Impedimenta,Infantil/juvenil,Minúscula,Recomendaciones literarias,Rey Lear,Sobrenatural/Terror/Fantasía,Ánguelos Terzakis

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,

Bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra

Popularidad: 24%

2 comentarios 24 de marzo de 2009 a las 7:14 GMT+1 seleucus

Hoy es su día. Mariano José de Larra y Sánchez de Castro nació en Madrid el 24 de marzo de 1809 y se suicidó en la misma ciudad el 13 de febrero de 1837. No voy a extenderme en nada que se pueda encontrar en la Wikipedia.

Antonio Priante me envió un vínculo sorprendente, al menos para mí: Luis Cernuda leyendo un poema dedicado a Larra. Lo tenéis en Palabra Virtual.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Observaciones varias,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Vuelve a entrar Priante con El corzo herido de muerte

Popularidad: 23%

9 comentarios 23 de marzo de 2009 a las 10:21 GMT+1 seleucus

Mañana iremos de cumpleaños: doscientos años del nacimiento de Mariano José de Larra. Por eso hoy aprovecho para colgar en la pestaña superior "Textos", en pdf gratis, el capítulo X de la novela El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (Cahoba). El año pasado ya colgué el primer capítulo, mas creo oportuno repetir en estas fechas.

La novela es una ficción epistolar basada en las cartas que Larra enviaba a su amigo Ventura de la Vega. Si alguien quiere profundizar en esta obra de Priante, tiene a su disposición los apuntes que usó para su redacción.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Me llevo a Antonio Priante a otra conferencia

Popularidad: 21%

3 comentarios 19 de enero de 2009 a las 7:26 GMT+1 seleucus

Por tercera vez, segunda en el colegio Loreto-Abad Oliba de Barcelona. A los alumnos de la ESO les ha encantado El corzo herido de muerte, novela cuyo protagonista es Mariano José de Larra. No obstante, por motivos inconfesables sólo tengo fotos de la conferencia que le organicé en la UB por la novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Qué sucede en el mundo editorial,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Substitución de textos: sale Antonio Priante, entra Lefteris Panusis

Popularidad: 29%

Añadir comentario 30 de junio de 2008 a las 11:20 GMT+1 seleucus

Ya está lista La Virgen de las Aguas de Lefteris Panusis, novela histórica griega ambientada en el Imperio Bizantino. La publicará la editorial Ciudadela en octubre, de modo que os pongo quince páginas para abrir boca, en la pestaña superior de "Textos".

El texto que he substituido es el primer capítulo de la novela El corzo herido de muerte, de Antonio Priante (editorial Cahoba), donde se narra el suicidio del romántico español Mariano José de Larra. No soy su agente literario, me había limitado a colgar esas primeras páginas porque la novela es casi una obra maestra y era de justicia promocionarla. Las estadísticas: ha estado 140 días disponible y ha tenido 136 descargas, lo que arroja una media de 0'97 al día.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Ciudadela,Editoriales respetables,Lefteris Panusis,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

El Correo Literario y Mercantil habla de Antonio Priante

Popularidad: 19%

Añadir comentario 19 de junio de 2008 a las 6:17 GMT+1 seleucus

La entrada se refiere principalmente a Lesbia mía, un título descatalogado en la trayectoria literaria de Priante. Al final hay una referencia a este blog. Se agradece.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Observaciones varias

Etiquetas:

Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, IV

Popularidad: 19%

2 comentarios 30 de mayo de 2008 a las 6:25 GMT+1 seleucus

Cuarta parte del texto de Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. La tercera se vio ayer.

4. ENCONTRAR EL ALMA

Algún profesional de la filosofía me ha preguntado si era consciente de que en mi obra exponía el pensamiento de Schopenhauer con más claridad y acierto que en la mayoría de las obras especializadas. He de responder que no, que no era consciente. Al contrario, mientras escribía la novela tenía casi la seguridad de que, cuando se publicase, iba a recibir palos de los filósofos especialistas en el tema, que descubrían infinidad de fallos que un profano como yo no podría menos que cometer. La sorpresa ha sido que, una vez publicada, los pocos especialistas que se han pronunciado lo han hecho, de manera unánime, positivamente. ¿Cuál ha sido el secreto de este extraño “prodigio”? Desde luego, no el haber recurrido a un libro determinado. Yo creo que ha habido otra razón, que trataré de exponer a la luz de la estética de Schopenhauer, y quizá con sus mismas palabras (o mías de la novela, ya no sé).

Toda creación auténtica se basa en un conocimiento verdadero, y este conocimiento tiene su origen, no en los fríos datos, sino en una percepción intuitiva en la que queda implicada toda la personalidad del sujeto cognoscente. Ha de haber una conmoción en el sujeto, un misterioso presentimiento de la tierra prometida. Es entonces cuando aquella percepción intuitiva del objeto, aún siendo momentánea e indivisible, confiere alma y vida a todo el proceso de creación de la obra por largo que éste sea, igual que la gota de un reactivo confiere a toda la solución los colores del precipitado. El núcleo fundamental de una obra de arte es una intuición objetiva, y ésta exige el aquietamiento absoluto de la voluntad (es decir, de las propias apetencias o intereses). Porque sólo entonces el artista se convierte en sujeto puro de conocimiento.

Pues bien, parece que conseguí esa “percepción intuitiva del objeto”, de manera que, habiéndome apropiado de la totalidad de la persona del filósofo, no podía errar en la exposición de su filosofía. Pero ha de quedar claro que todo esto es algo que un crítico o especialista de la literatura ni aceptará ni comprenderá. Porque ocurre que los críticos y especialistas estudian las obras de arte analizándolas, descomponiéndolas, desconstruyéndolas. No está mal, ya que así suelen llegar a algunos resultados apreciables. Lo malo es cuando se imaginan que un creador opera de la misma manera, pero al revés: juntando las piezas, componiendo el artefacto. Pues no. Es como si un estudiante de medicina, que para estudiar un cuerpo ha de diseccionarlo, desmontarlo, imaginase que la naturaleza, para formar ese cuerpo, ha operado de la misma manera: juntando las piezas. Pues no. Y es que en la mesa de operaciones no se puede encontrar el alma. Porque el alma, en las obras y en las personas, es expresión de una totalidad, que sólo se puede captar intuitivamente. Si se empieza a analizar, a separar, a trocear, se destruye esa totalidad y ya no hay manera de encontrar el alma... Claro que siempre se pueden escribir muchos tratados de cientos o miles de páginas, pero ése es otro asunto.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, III

Popularidad: 19%

Añadir comentario 29 de mayo de 2008 a las 6:22 GMT+1 seleucus

Tercera parte del texto del escritor Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe (la segunda se vio ayer):

3. ¿NOVELA HISTÓRICA?

Algunos han considerado una virtud que la obra esté exenta de la parafernalia típica de las novelas históricas (en este caso faltarían pelucas empolvadas, candelabros, miriñaques, coches de caballo, etc.). Virtud o no, es verdad que El silencio de Goethe, igual que mis anteriores novelas, situadas todas en una época que no es la nuestra, carece de los ingredientes típicos de la llamada novela histórica, hasta el extremo de que yo no las incluiría en este género. Y es que nunca me ha interesado el decorado, sino las acciones y pasiones de los personajes. Sin embargo, a veces quisiera ser menos adusto o austero o esencialista, o como mejor se diga, y me gustaría dar un poco (sólo un poco) de color y animación a los escenarios. Pero no puedo; no sé. Así que ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que todo eso que ahora se aplaude pudiera ser más el resultado de un defecto que el de una virtud del autor... defecto de terribles consecuencias en el mundo editorial. Ahí va un ejemplo.

Tengo una novela, escrita hace veinte años, que aunque bastantes asesores literarios han considerado de gran calidad, ninguna editorial ha querido publicar. ¿Por qué? La mayoría se limitaban a la explicación típica (no encaja en la línea, etc.). Pero dos fueron más explícitas. Dijeron que estaban dispuestas a publicar la novela siempre que introdujese algunas reformas. ¿Qué reformas? Es fácil de imaginar. Se trata de una novela ambientada en el mundo romano del siglo IV, donde se describe el enfrentamiento amistoso de dos temperamentos, dos poetas (Décimo Magno Ausonio y Paulino de Nola), que ejemplifican dos maneras de ver el mundo, escrita con mi habitual economía de efectos escénicos. ¡Inconcebible! ¿Se ha visto alguna vez una novela de romanos donde no haya circo, gladiadores, batallas, asesinatos, incestos? Así, que había que subsanar esto de alguna manera. Me negué, en ambos casos me negué. Y no sólo por dignidad, sino también y como he apuntado antes... porque no hubiese sabido cómo hacerlo. Todo lo cual demuestra algo que muchos ya sabíamos sin necesidad de demostración: que las bondades de una obra artística nada tienen que ver con los intereses de la industria y el comercio.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, II

Popularidad: 19%

Añadir comentario 28 de mayo de 2008 a las 6:06 GMT+1 seleucus

Segunda parte del texto en que Antonio Priante discurre acerca de su novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer (publiqué la primera parte ayer):

2. LA CLAVE

Otra objeción que se me ha hecho es que el diálogo que el filósofo mantiene con August Becker es mucho menos creíble que el que mantiene con Eckermann. En esto tengo que dar toda la razón al crítico, sin reticencias ni ironías. Es cierto que el diálogo con August Becker no parece ni la mitad de creíble que el mantenido con Eckermann. Yo mismo me he estado preguntando por qué, y creo que al final he dado con la respuesta. Respuesta que, curiosamente (o naturalmente), se puede exponer con los términos propios de la estética schopenhaueriana.

Por si no quedaba suficientemente claro a lo largo de lo que iba escribiendo, quise crear una escena en que, de una manera viva y rotunda, quedase retratado el carácter de nuestro filósofo. Entonces supuse que Schopenhauer podría estar celoso de Eckermann por la familiaridad que éste había tenido con Goethe y que tan poco había sabido aprovechar (según mi personaje). Y los puse ahí, uno frente a otro, y dejé que se expresasen en absoluta libertad. Es decir, me abandoné a la contemplación directa del objeto, con aquietamiento absoluto de la voluntad (el interés, panfletario, de demostrar esto o aquello).

En el diálogo con August Becker la cosa fue muy diferente. Veía que la novela se estaba acabando; gracias a no sé qué extraña inspiración había solucionado el problema de que el filósofo explicase (¡a sí mismo!) su propia filosofía: contándosela a su fiel perrito en la noche de insomnio. Pero tenía algunos temas pendientes que quería aclarar: la rectificación final de su opinión sobre las mujeres, la excéntrica tipología de sus lectores (militares, mujeres, hombres de negocios, artistas), su no antisemitismo dentro del contexto de la época (mito tan difícil de erradicar), sus relaciones con Wagner, en las que curiosamente se reproducía la situación asimétrica (falta de correspondencia por parte del “maestro”) que él mismo había sufrido con Goethe... Había leído que, unos días antes de su muerte, Schopenhauer había recibido la visita de Gwiner, uno de sus “apóstoles”, con el que había pasado una tarde muy agradable, hablando de los temas más variados. Podría aprovechar esa conversación, pensé... pero no, porque de esa conversación hay constancia y, aun en el caso de que pudiese acceder a ella, no me serviría para los fines mencionados. Entonces imaginé que, por los mismos días, había tenido la visita de otro “apóstol”: el jurista Johann August Becker, con el que, además, mantenía una correspondencia, que fue publicada por el hijo de Becker. ¿Y por qué Becker, y no Frauenstädt o cualquiera de sus otros fieles? Simplemente porque Becker era jurista, como yo lo he sido, y así podía imaginármelo con intereses más fuertes que los de su oficio, como ha sido mi caso. O sea, que se podría decir que August Becker soy yo... tratando de aclarar con mi personaje algunos de los temas que teníamos pendientes. Y es ese intento de aclarar y precisar, es ese enfoque interesado, no contemplativo, el que dio un resultado menos artístico que el del diálogo con Eckermann, como muy agudamente detectó mi crítico.

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas:

Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, I

Popularidad: 18%

Añadir comentario 27 de mayo de 2008 a las 6:31 GMT+1 seleucus

Antonio Priante me ha pasado un texto que escribió después de que la editorial Cahoba le publicase su obra maestra El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. Se divide en cuatro partes donde se presentan consideraciones de diversa índole. Os las voy a suministrar en cuatro dosis. Aquí la primera:

1. ARTE Y REALIDAD

Se ha dicho que el personaje de la novela es más un arquetipo que el reflejo fiel del que pudo ser el Schopenhauer real. Estoy absolutamente de acuerdo: el personaje de la novela es un arquetipo y no es ni puede ser un fiel reflejo de algo real. Por la sencilla razón de que es un producto artístico, y un producto artístico no es nunca un reflejo fiel de nada. Para reflejos fieles, los espejos (aunque tienen la buena idea de invertir las imágenes), las fotografías mecánicas y las películas, dramas y series televisivas realistas, es decir, de esas “que encuentran la vida cruda y la dejan sin hacer” (O. Wilde). Sí, toda creación verdaderamente artística es autónoma respecto a la realidad. La realidad puede ser tomada como referencia lejana, como materia prima para desbastar y utilizar, pero el objeto y fundamento del arte es siempre el arte, es decir, la plasmación de la Idea que la naturaleza apunta pero que es incapaz de realizar. Para aclarar más este concepto mío (y de Schopenhauer y de Goethe, ¡en algo estaban de acuerdo!) recomiendo la lectura de la página 121 del libro.

Lo que ocurre es que, cuando se trata de personajes de pura ficción (o legendarios, que casi es lo mismo), el hecho de que sean arquetipos (piénsese en Don Quijote, Werther, Don Juan, Fausto, Raskólnikov, etc.), no plantea ningún problema. En cambio, cuando el personaje arranca de cierto individuo que vivió realmente (el Julio César de Shakespeare, el Adriano de Yourcenar, el Schopenhauer de éste que escribe) se plantea naturalmente el problema de si debe o no ser, en la novela, un fiel reflejo de lo que fue en la vida.

Sobre “si debe”, las respuestas pueden ser varias; sobre “si es”, para mí, sólo hay una respuesta verdadera: no, no es ni puede ser un fiel reflejo, no puede haber una correspondencia exacta entre el personaje de la novela y el ser vivo que existió en otro tiempo. El novelista debe descubrir la Idea del personaje, no sus funciones neurovegetativas o su agenda diaria.

Pero en todo esto hay una paradoja. Y es que el escritor ha de crear la obra como si eso (lo que acabo de negar) fuese posible. Ha de imbuirse de la personalidad del novelado, llegando en cierto modo a ser él mismo. Esto es lo que yo hago, lo que yo hice en esta novela, sabiendo sin embargo que el producto no sería una fotocopia de Schopenhauer, sino una obra de arte...

Y para seguir con el tono antimodesto de este comentario, voy a citarme. Lo que sigue es un párrafo de una conferencia que pronuncié sobre la novela histórica (centrada en la antigüedad clásica):

“Pero ocurre que una novela no es ni puede ser una reconstrucción histórica, no puede pretender un resultado de máxima fidelidad al carácter del personaje histórico y a la realidad de los acontecimientos. Si muy poco podemos saber de la vida verdadera del vecino de enfrente, ¿cómo nos atreveríamos a decir que, sobre la base de los cuatro papeles que nos dejó escritos, hemos reproducido con exactitud las vivencias y sentimientos de una persona muerta hace dos mil años? Es ésta una tarea imposible. Yourcernar confiesa haberlo intentado. Pero nadie sabrá nunca si lo ha conseguido. Quiero decir que sabemos que su Memorias de Adriano es una obra maestra, pero nunca sabremos si el Adriano que gobernó Roma se reconocería en ella.”

Entrada clasificada como: Antonio Priante,Autores del Proyecto Seléucida,Cahoba,Editoriales respetables,Recomendaciones literarias

Etiquetas: , , , ,

Entrada previa


Proyecto Seléucida en Flickr

Alone in the dark Cuando despertó, los libros todavía estaban allí Perded toda esperanza Megadeth in Barcelona Megadeth in Sala Razzmatazz Without Mustaine Megadeth live Mustaine back to us The show begins 

Mi Twitter

Buscar

Calendario

septiembre 2010
L M X J V S D
« ago    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Funciona con

 
 
Posición del Proyecto Seleucida en el ranking de blogs literarios
 
website counter