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3 de mayo de 2011 a las 2:21 GMT+1
seleucus
Joaquín Rabassa (no tenemos el placer) cita en su blog la obra maestra El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer.
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2 de febrero de 2011 a las 5:21 GMT+1
seleucus
Se ve que el responsable del blog Arte bajo cero se deslumbró, literariamente hablando, con Del suicidio considerado como una de las Bellas Artes y lo vertió en una entrada. Gran idea porque vale la pena, como todo lo que escribe Priante. Recomiendo sus dos novelas publicadas por Cahoba: El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer y El corzo herido de muerte.
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29 de diciembre de 2010 a las 7:32 GMT+1
seleucus
A ver, que nadie se me sobresalte. Está muy vivo y coleando. Pero como no es habitual que alguien se acuerde de él a la hora de escribir un artículo, os paso el vínculo a la revista Culturamas.
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8 de septiembre de 2010 a las 7:47 GMT+1
seleucus
Antonio Priante, autor de la magistral novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer (Cahoba), ha colgado en Scribd su última obra: el ensayo Del Suicidio considerado como una de las Bellas Artes. Lectura gratis.
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13 de junio de 2010 a las 21:00 GMT+1
seleucus
Recordando a Mariano José de Larra a través de la novela El corzo herido de muerte, de Antonio Priante.
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14 de abril de 2010 a las 7:31 GMT+1
seleucus
Antonio Priante, autor de El corzo herido de muerte, una novela magistral con Larra de protagonista, nos regala este artículo.
LARRA ÍNTIMO
SUICIDA... ¿POR QUÉ?
El año del bicentenario de Mariano José de Larra no ha sido muy generoso en conmemoraciones. En absoluto en Barcelona, de donde procedía el escritor por línea paterna (Langelot era el segundo apellido del padre). En Madrid y otros lugares sí ha sido objeto de ciertas celebraciones y homenajes, y algunas revistas literarias le han dedicado artículos especiales. Pero lo cierto es que el ambiente no recuerda nada al de hace un siglo, cuando la periodista Carmen de Burgos pudo escribir: "En Fígaro [Larra] hay una fuerza que le mantiene siempre vivo y joven cerca de nosotros… Larra no envejece como los otros; Larra conserva su prestigio de escritor, su prestigio de hombre y hasta su prestigio de suicida. Es eternamente joven, eternamente original."
Quizá es lo que mejor conserva en estos momentos: su prestigio de suicida. Y se comprende. La España de hoy poco tiene que ver con la España de los años treinta del siglo XIX (excepto por algún problema en el norte, que entonces se llamaba carlismo, y alguna cosita más), así que lo que dijo el escritor, el periodista de actualidad, poco importa ya (por más que muchos insistan en colocarnos como sea su "vuelva usted mañana"). En cambio, la persona, el hombre aureolado por el fogonazo del disparo final, conserva todo su atractivo romántico. Pero ¿quién era esa persona? ¿Cómo era el hombre llamado Larra cuando no ejercía de corrosivo fustigador de los vicios públicos?
"El carácter moral de este escritor consiste en ser excesivamente generoso, desprendido de todo interés, ambicioso de gloria, muy amante de su patria, cariñoso con sus padres, buen amigo, bastante enamorado, algo orgulloso, noble en sus maneras y porte, aficionado a la alta sociedad y muy estudioso."
Es posible que no haya descripción más ajustada y verdadera del carácter de Larra que la contenida en estas líneas escritas por su tío Eugenio. El joven Larra tenía en el hermano de su padre a un amigo y un confidente. Hubo entre los dos una especial relación de cariño, y el tío pudo escribir tan acertadamente del sobrino porque le quería, y querer bien a una persona es la única manera segura de conocerla. Un par de siglos después alguien podrá retratar a Larra como una especie de enano egoísta y acosador de mujeres, contradiciendo la clara imagen que nos dejó don Eugenio. No hay que tenerlo en cuenta. Son cosas que se cuecen al calor del prejuicio (feminista en este caso) y la ignorancia.
Pero suicida, ¿por qué? La vieja polémica sigue hoy viva con sus dos líneas de argumentación enfrentadas: la cívica o política, que nos habla de su frustración y abatimiento ante la situación de España, y la romántica o novelesca, que pone el énfasis en el fracaso amoroso. Quizá ambas se equivoquen, quizás ambas no tengan en cuenta un factor previo a cualquier lance social o amoroso. Me refiero a su constante y arraigado sentimiento de vacío, que sólo una pasión poderosa podía vencer.
Existe, claro, la tentación de explicar este vacío como la consecuencia de determinados acontecimientos vitales: el fracaso político, el fracaso amoroso. Pero no hay que caer en la tentación. Las vicisitudes no marcan el carácter; es el carácter el que se expresa a través de las vicisitudes. Yo creo que, en Larra, el sentimiento de vacío no es consecuencia de ciertas experiencias vitales, sino, al contrario, el modo en que experimenta la vida es consecuencia de su sentimiento de vacío.
Que el sentimiento de vacío es en Larra anterior a toda experiencia quizá lo pruebe este párrafo de "El Café", escrito en febrero de 1828, poco antes de cumplir 19 años (y si alguien alega que a esa edad ya contaba con la supuesta decepción amorosa y filial de sus 16 años, atención a mis cursivas):
"Seguí quejándome hasta mi casa sin ninguna gana de reir de mis observaciones como en otros días, aunque siempre convencido de que el hombre vive de ilusiones y según las circunstancias, y sólo al meterme en la cama, después de apagar mi luz y conciliar el sueño confesé como acostumbro: 'Éste es el único que no es quimera en este mundo'."
La vida es un entramado de ilusiones sobre circunstancias cambiantes. Sólo el sueño es verdad. El sueño, imagen de la muerte.
Así, cuando a los 26 años, en pleno conflicto amoroso, escribe "allí donde está el mal, allí está la verdad. Lo malo es lo cierto. Sólo los bienes son ilusión" ("La sociedad", 16-1-1835), no hace sino manifestar, propiciado por las circunstancias, lo que desde siempre ha sabido.
Si, como es cierto, todo hecho es efecto de una serie de causas, el suicidio de Larra hubo de tener forzosamente las suyas, puesto que nada es gratuito ni se produce ex novo en la naturaleza (incluida la naturaleza humana). Pero ocurre que los que buscan las causas de este tipo de hechos -los actos humanos- suelen olvidarse de la fundamental: el carácter del individuo. El carácter no como algo forjado por las circunstancias, el ambiente, la educación, no, el carácter de verdad, originario, congénito, eso que nada ni nadie puede cambiar, aunque pueda manifestarse de diferentes maneras según los motivos que las circunstancias le ofrecen.
En el carácter de Larra -como en el de cada cual- se hallaba esbozado su destino. Sólo unas circunstancias extremadamente favorables hubieran podido darle una forma menos trágica.
Pero esas circunstancias no se dieron. Al contrario. El gran amor que pudo salvarlo resultó ser un espejismo del enamorado. Fue entonces cuando, sin pensarlo, Larra se abandonó a su destino.
"Sólo un Dios y un Dios Todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida." (Larra, “La vida de Madrid”, 12-12-1834.)
Antonio Priante, julio de 2009
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3 de marzo de 2010 a las 7:04 GMT+1
seleucus
Antonio Priante, autor de las novelas El silencio de Goethe y El corzo herido de muerte, irá colgando en Scribd uno de sus textos inéditos, Mundo, Demonio y Fausto. El primer capítulo está a disposición de todos, y veo que acaba de colgar el segundo.
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15 de enero de 2010 a las 6:54 GMT+1
seleucus
Como ya dije de la lista que La Vanguardia presentó de las cincuenta mejores películas de esta década primera, seguiré la corriente a pesar de que aún no hayamos pasado a la segunda y comentaré la jugada. Esta vez, en internet sólo he encontrado los que son, a juicio de los críticos literarios de ese mismo diario, los diez mejores libros del inicio del siglo XXI. Huelga decir que tengo la edición en papel (28-12-2009) para llenar los huecos, dado que esta lista también llega hasta la posición quincuagésima, y mezcla imprudentemente ensayo con novela y lo que haga falta. Mal hecho. Me centraré sólo en la categoría de novela, que ya da para cincuenta. Por cierto, deduzco por la presencia de Vida y destino, de Vasili Grossman, que si la novela no se ha escrito en los últimos diez años, tiene que haberse publicado, al menos, bajo forma de versión definitiva en lengua española en este período. Un criterio un poco raro, pero si esto es lo que hay, al menos lo aprovecharé sin escrúpulos.
Lo primero que llama la atención es que declaren explícitamente que han querido tratar la lengua catalana igual que las otras. Gracias, lo daba por descontado, y precisamente porque lo dicen me da que algo ha ido mal. Con un vistazo es evidente. Según La Vanguardia, de los diez libros mejores o más importantes publicados como novedad en todo el mundo, en todas las lenguas y en los últimos diez años, dos se han escrito en catalán. ¿No exageramos un pelín? Yo aceptaría uno y sólo si fuera La pell freda (La piel fría), de Albert Sánchez Piñol, pero tal obra maestra está en la posición vigésimo novena, por detrás de La sombra del viento. En serio. La han metido en la lista. Ya puestos a no cortarse un pelo, que coloquen La enfermera de Brunete, de Manuel Maristany.
Los aciertos no tapan los errores. Está el insigne Philip Roth (La mancha humana) con un libro pero Baltasar Porcel con dos. Están escritores conocidos que, a pesar de que no me convenzan, acepto en la lista en un momento de debilidad (Murakami y Coetzee), pero varios libros de un asunto que ya me ha saturado: la Guerra Civil Española. Vale ya, ¿no? Tu rostro mañana, de Javier Marías; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez; Dientes de leche, de Ignacio Matínez de Pisón. ¿Esto es una lista que refleja los libros de la década en todas las lenguas en todo el mundo, o una paletada localista? ¿Bromean?
Como hice el otro día con las películas, doy alternativas de primer nivel, hasta donde llego y he leído:
Europa Central, de William T. Vollmann (Mondadori)
Waltenberg, de Hédi Kaddour (Edhasa)
El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)
Negro, de Olivier Pauvert (Mondadori)
El labrador de aguas, de Huda Barakat (La otra orilla)
Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez (Destino)
En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano (Anagrama)
La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy (Alianza)
La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)
Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama)
El Ministerio del Dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)
El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)
Yendo un poco más allá y para acabar, pondré novela griega, inexistente en la lista de La Vanguardia. Porque, aunque parezca mentira, en Grecia se produce literatura de primer nivel e incluso se publican libros. En serio. Papel, tinta, etc. Libros de verdad, no de gominola. Ahí van tres que ya tienen años pero que se han publicado hace poco. Si está Vida y destino, que es del siglo pasado, no veo por qué no van a estar éstos:
Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (traducción mía en Rey Lear)
Gioconda, de Nikos Kokantzis (de momento, sólo en catalán y en la editorial Pagès)
L'assassina, de Aléxandros Papadiamandis (de momento, sólo en catalán y en las editoriales Adesiara y El Tall)
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13 de mayo de 2009 a las 9:26 GMT+1
seleucus
Quito el pdf con un capítulo de El corzo herido de muerte, novela de Antonio Priante acerca del escritor español Mariano José de Larra. Lo colgué el 23 de marzo, cuando celebramos el ducentésimo aniversario de su nacimiento. Ha estado disponible en lectura gratis 51 días y ha tenido 40 bajadas, lo que da una media de 0'78 al día. El libro, de la editorial Cahoba, continúa a la venta y vale mucho la pena.
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8 de abril de 2009 a las 7:53 GMT+1
seleucus
Basándome en las experiencias de mis amigos profesores, y redondeando lo dicho ayer acerca de las malas elecciones como lectura obligatoria en ESO y Bachillerato (aunque me centre en el currículo español, es extrapolable a otros países), menciono algunos libros que son óptimos para menores de edad. Unos son los de toda la vida, otros no, pero todos tienen en común que son literatura pata negra, muy alejada de la bazofia al uso. Por orden:
ESO +12 años
Constandina y las telarañas, de Alki Zei, Lóguez (traducción catalana mía: La Konstantina i les teranyines, Cruïlla; me disculparéis que barra para dentro)
La pulga de acero, de Nikolái Leskov (Impedimenta)
ESO +14 años
Viaje con Venus, de Ánguelos Terzakis (Rey Lear, otra traducción mía)
La mujer que esperaba, de Andreï Makine (Tusquets)
El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger (no sé por qué traducen 'in' por 'entre')
El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde
Un mundo feliz, de Aldous Huxley
Bachillerato
El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer, de Antonio Priante (Cahoba)
El ministerio del dolor, de Dubravka Ugrešić (Anagrama)
1984, de George Orwell
Soy leyenda, de Richard Matheson
Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski
El camino del norte, de Horacio Vázquez-Rial (La otra orilla)
Relatos de Kolimá I, de Varlam Shalámov (Minúscula)
Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
Y al margen de esa división por edades, aludo a una novela ideal para los alumnos interesados en las matemáticas: El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis. Hay, o había si no se ha agotado ya, traducción catalana.
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