Entradas de noviembre, 2010

Mahler vive y está en Singapur

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Añadir comentario 29 de noviembre de 2010 a las 6:59 GMT+1 seleucus

El sábado asistí a mi primer concierto de la Singapore Symphony Orchestra (SSO en adelante). Aún me estoy pellizcando.

El director invitado para la ocasión era el finlandés Osmo Vänskä, acompañado del flautista suizo Emmanuel Pahud. Dos amigos de Barcelona ya me habían dicho que estos tipos son pata negra, pero que el nivel de la SSO les era desconocido por más que se hable muy bien de ella en los círculos internacionales. Pues bien, se confirma que Vänskä y Pahud son la leche, y que la orquesta se ha consolidado como un motor musical de calidad envidiable.

En la primera parte tocaron el célebre Concierto para flauta Nº 2, K.314, de Mozart, y la Fantasia Brillante sobre temas de Carmen de Bizet, de un tal François Borne (1840-1920), muy conocido en su casa a las horas de comer, pero autor de una pieza de dificultad ideal para el lucimiento de Pahud. Mas eso no dejaba de ser el aperitivo de lo que vendría.

[Foto antes del concierto. Lástima que los chinos no sean transparentes.]

Porque con la séptima de Mahler se comieron a la audiencia. Cuando oía a la sección de viento, pensaba que estaba en otro concierto de Motörhead. Le han dado una vuelta de tuerca, y dentro de dos semanas interpretarán su cuarta con otro director finlandés, Okko Kamu, y la soprano Katherine Broderick. Habrá que ir.

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Continúa el sentimiento de inferioridad

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3 comentarios 26 de noviembre de 2010 a las 3:52 GMT+1 seleucus

La relación de los singapurenses con los rostros pálidos ("Caucasians", que dicen ellos) es digna de estudio. Que se te trate mejor o peor, pero no igual, puede considerarse normal. A la postre, en muchos lugares se intenta timar o, al contrario, se trata con excesiva deferencia a quien viene de fuera.

Lo último que he visto ha sido en mi empresa. Una china llamó para apuntar a su hijo pequeño a uno de nuestros cursos. Hasta aquí todo normal. La sorpresa vino cuando pidió que el profesor fuera hablante nativo de inglés. Estas cosas no suelen pedirse, pero se les puede dar el pase. La responsable de las clases infantiles le respondió que eso quizá no sería posible por motivos de estricta organización interna. La conversación continuó con malentendidos hasta que la madre acabó diciendo claramente que por "hablante nativo de inglés" entendía un profesor occidental y blanco.

Que una china pida algo así indica que el mito sigue vigente. Como si ser occidental y blanco garantizara algo.

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Octopus balls

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1 comentario 25 de noviembre de 2010 a las 6:16 GMT+1 seleucus

En la planta -1 de Bugis Junction, el centro comercial correspondiente a la parada de metro Bugis, hay un supermercado, una farmacia, pastelerías y restaurantes para parar un tren. A veces me detengo en el tenderete japonés y me compro tres albóndigas de pulpo por 2,2$ (1,2€). Aquí es donde se hace la cola:

[Nunca cuestiones al pulpo.]

Por encima le echan mayonesa y unas láminas finísimas de bonito, y a correr. Literalmente, no te puedes sentar. Pagas y te lo llevas.

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Esvásticas en Singapur

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1 comentario 24 de noviembre de 2010 a las 7:32 GMT+1 seleucus

Ya sabemos que originalmente es un símbolo religioso hinduista, pero no deja de llamar la atención si lo ves en la calle con esta naturalidad. La versión nazi es al revés:

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Bromas en la oficina

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4 comentarios 23 de noviembre de 2010 a las 7:14 GMT+1 seleucus

Me tumbé en el suelo del lavabo con una mancha de ketchup como saliendo de mi cabeza y llamé a un colega del trabajo. Todos los demás estaban al caso, incluso el jefe máximo. Lo inesperado fue que el tío se lo tragó y se quedó blanco (y eso que es bengalí). Me supo mal, la verdad. No hay que dar sustos así.

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El precio de la rupia

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3 comentarios 21 de noviembre de 2010 a las 9:00 GMT+1 seleucus

Relato oficial de lo acontecido ayer por la noche.

Un servidor había oído muchas cosas de Rupee Room, la discoteca india de Clarke Quay, pero hasta que no las ve no se las cree.

Primero cené con el colega de trabajo que lleva la parte informática del nuevo blog de la empresa (mi foto es real, aunque no lo parezca). ¿Dónde cenan un español y un indio en Singapur? Pues en un japonés, claro. La comida era exquisitérrima y probé algo nuevo para mí, una pizza japo. Además, me pedí una botellita entera de sake porque el chaval no es muy aficionado al bebercio:

Después fuimos a Chijmes, otro complejo de discotecas y restaurantes porque nos caía al lado. Me tomé un Singapore Sling (cóctel local delicioso) viendo unos minutos del Manchester United-Wigan en pantalla gigante y luego nos dirigimos a pie a Clarke Quay, el punto de encuentro con otro indio y un bengalí, ambos del trabajo.

Pero el payaso que esto suscribe iba en pantalones cortos, y así no te dejan entrar en las discotecas. Uno de los indios se dio cuenta de que el segurata era tamil y le habló en su lengua, pero no coló (nota bene: la seguridad privada en Singapur está en manos de malayos o tamiles con mucha mala leche). De modo que los indios propusieron que me intercambiara los pantalones con los que llevaba el conocido de otro colega austríaco que corría por ahí. "Ya los recuperarás la semana que viene", arguyeron. Ni borracho (nunca mejor dicho). Me metí en un taxi, me cambié en mi casa y volví en el mismo taxi. El viaje duró 15 minutos en total y me costó 12$, es decir, 6€. Es la primera vez que hago esto en mi vida, y espero que la última.

Cuando el segurata me volvió a ver, los ojos se le pusieron como platos. Creo que pensó que los pantalones se me habían transfigurado o algo así. Entramos en la disco con dos conocidos del antedicho austríaco que no sé de dónde habían salido. Me consta que habían bebido lo que no está escrito y que uno era un canadiense clavado a Zapatero pero rubio y con diez años menos. A destacar que el mismo segurata lo terminó echando (sin resistencia) porque estaba importunando a unas indias. Intentamos mediar pero no hubo ninguna posibilidad.

Una vez dentro, la cosa es literalmente de acojone. La música es la de Bollywood pero acelerada en versión tecno-dance. Los presentes se saben la letra de todas las canciones e incluso imitan las coreografías de las películas. Una locura. Mientras ellos se dedicaban a hacer el indio (tal cual), uno hacía el retrasado mental, siguiendo el ritmo como podía.

[Cartel junto a los lavabos. Sería absurdo pornerlo en cualquier otro lugar.]

En toda la noche sólo vi a dos chinas en el local, y una iba con nosotros. El resto eran indios u occidentales. Los chinos no van allí ni locos. Y no me extraña. Estarían totalmente fuera de lugar.

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De compras en Singapur

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Añadir comentario 19 de noviembre de 2010 a las 7:30 GMT+1 seleucus

Otra cosa que llama la atención en Singapur es cómo y dónde se compran las cosas. Iré por partes. Todo es muy distinto a Europa, en términos generales, y ya te puedes ir acostumbrando. Lo bueno es que muchos establecimientos no cierran nunca, incluso restaurantes, y eso te ayuda a no ir de culo si vives solo y tienes que hacerlo todo tú.

Medicamentos. Apenas hay farmacias, escasez chocante para alguien acostumbrado a tenerlo todo en el barrio. Aquí no es que no se pongan enfermos, sino que el sistema funciona de otro modo. Para medicamentos de estar por casa (nunca mejor dicho: paracetamol para el dolor de tarro, tiritas, etc.) vas al supermercado. Para lo serio, vas al médico y allí mismo te dan lo que necesitas y en la dosis exacta.

Ropa. Nunca vayas a los mercadillos chinos a comprar porque terminarás tirando el dinero en basura que se romperá en cinco minutos. En Singapur casi todo es más barato que en España, por lo que conviene adquirir calidad en los grandes centros comerciales (hay pocas tiendas de barrio y no valen la pena según estándares europeos). Quizá la ropa no será de una marca occidental, pero difícilmente te equivocarás. Dichos centros son edificios enormes como los de El Corte Inglés, mas a diferencia de éste no pertenecen a una misma empresa sino que cada marca o compañía tiene su propia tienda o restaurante. Se extienden bajo tierra con espacios abiertos y fuentes, y conectan directamente con las estaciones de metro, de modo que para comprar no tienes siquiera que salir a la calle.

Supermercados. El que está a 100 metros de mi casa es subterráneo, con pasillos donde apenas caben dos personas de lado, y viene a ser el equivalente del Condis o del CAPRABO en España. Se me hace muy raro ir a comprar papel higiénico bajo tierra, junto a un McDonald's (que sí está en el nivel de la calle) y a un anuncio de un local sospechoso que no termino de localizar:

[Cómo ser chino y no morir en el intento.]

Si quieres un yogur, vete a un establecimiento grande porque no es habitual en la dieta china. Sin embargo, después de haber vivido tres años en Grecia puedo decir que no hay nada más depresivo que un supermercado griego. Vamos, que el chino es la alegría de la huerta. Incluso tienen los viejos éxitos de Europe y Scorpions como hilo musical.

En suma, no diré que no haya vida de barrio en Singapur, pero no es como la entendemos nosotros ni por asomo. Olvídate de desayunar café con leche y un cruasán a menos que vayas a un hotel. De todos modos, ya me he acostumbrado a tomar mango o papaya cada mañana por más que eso tampoco sea el paradigma del desayuno local. Vas a flipar. Palabra.

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Quotista

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Añadir comentario 17 de noviembre de 2010 a las 7:06 GMT+1 seleucus

No sé quién ha creado esta aplicación. Parece interesante, aunque la redacción de la entrada deje que desear.

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Hawker Centres

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Añadir comentario 15 de noviembre de 2010 a las 6:39 GMT+1 seleucus

Comer en Singapur es muy barato. De un país que es el cuarto núcleo financiero del mundo (detrás de Londres, Nueva York y Hong Kong) y cuya renta per cápita (tanto la nominal como la de PPA) supera a la española, uno se esperaría precios más altos. Sin embargo, el menú de mediodía en restaurantes absolutamente decentes que podrían estar en Barcelona o Madrid viene a ser de 8$, unos 4,4€ al cambio actual.

[Hamburguesa de pollo, banana smoothie y postre de chocolate con crema cuyo nombre he olvidado, cena de 10$ en el restaurante de la Librería Nacional. Poco más de 5€ al cambio actual.]

De lo que quiero hablar hoy es de los Hawker Centres, o Food Centres. Son propios de Malasia y Hong Kong, y en Singapur los hay para parar un tren. De hecho, una colega estadounidense del trabajo me decía que, desde que llegó hace un mes y medio (como yo), sólo ha visto megacentros comerciales y Hawker Centres.

El origen de estos centros no tiene ningún misterio. Singapur es un Estado construido a base de inmigración organizada por los británicos (el 75% de la población es china no musulmana en zona geográficamente malasia y musulmana). Cuando un territorio se está desarrollando a marchas forzadas y tienes a tanta gente de tantas partes deambulando aquí y allá, en determinados puntos se instalan vendedores de comida rápida asiática (nada que ver con un McDonald's). A la larga, dichos puntos se institucionalizan como pequeños complejos de restaurantes:

Como se ve, comes bajo techo en un espacio muy abierto y ventilado donde se mezclan mil olores no siempre agradables. Las mesas son comunes y los restaurantes son tenderetes que se limitan a cocinarte lo que pides por precios irrisorios para alguien como yo o cualquier lector de este blog (hay que ir con cuidado: algunos platos son muy buenos, pero otros, como sopa de marisco a medio euro, no te los metes ni borracho). Ni siquiera te dan servilleta, y la bebida, si quieres beber, te la compras en uno de los tenderetes destinados exclusivamente a líquidos.

Dado que te venden la comida casi a gritos, intentando cazar clientes, uno está tentado de pensar que el origen de la expresión "hawker" viene de la voracidad del halcón, pero según veo en answers.com la cosa va por otro lado:

"Middle English hauker, probably from Middle Low German höker, from hōken, to peddle, bend, bear on the back." [Es decir, vender ambulando.]

Hace unos días cené en un lugar que no deja de ser un centro de este tipo aunque ya no lo llamen así por puro márketing. Está en la ciudad subterránea que hay en el centro de Singapur. Dos de las estaciones de metro más concurridas, Esplanade y City Hall, están conectadas entre sí por pasillos inmensos llenos de tiendas y restaurantes, y a la larga desembocan en la calle o en el interior de un centro comercial (como si la salida del metro de Plaza Cataluña en Barcelona estuviera literalmente dentro de El Corte Inglés: sales del vagón y te encuentras en la sección de perfumería). Sólo faltan cines y discotecas para que dicha ciudad dentro de la ciudad se convierta en un parque lúdico.

En dicho Hawker Centre del complejo subterráneo superfashion los tenderetes no son chinos ni indios, como es habitual, sino japoneses. En la entrada te dan una tarjeta magnética y, de pronto, estás en medio de docenas de minitiendas que te ofrecen, quizá, toda la comida japonesa habida y por haber. Pides lo que quieres donde quieres, pero en cada tenderete te pasan la tarjeta por un lector, y a la salida pagas lo acumulado. Yo me puse hasta el ass cenando arroz con pollo y un plato de pasta con no sé qué, más la bebida, y pagué 10€.

También puedes cenar a precios más europeos (más altos) en complejos de restaurantes y discotecas como Clarke Quay (foto que saqué desde un puente; las torres metálicas son dos atracciones tipo slingshot de donde sales vomitando). Por ejemplo, cené con una amiga en un restaurante mongol por 20€ cada uno. Lo curioso es que el alcohol sea tan caro cuando lo compras para llevártelo, pero no cuando lo consumes en un establecimiento. A menos que se trate de whisky. En este caso, pagarás lo mismo que en Barcelona por un vaso de Macallan, pero la dosis será la mitad, o menos.

Esta pelicula requiere Flash Player 8 o superior

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La familia Pasternak en Madrid

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11 comentarios 11 de noviembre de 2010 a las 7:51 GMT+1 seleucus

Evgueni Pasternak, hijo del autor, y Elena Pasternak, que no sé quién es exactamente, estarán mañana viernes a las 11h en el Centro Cultural Círculo de Lectores (C/ O'Donnell 10, Madrid) para presentar la primera traducción directa de El Doctor Zhivago al español. Eso quiere decir que la que leí hace años (Cátedra) no era directa. Ni me enteré. La de ahora para Galaxia Gutenberg es de Marta Rebón.

Yo me quedo en Singapur. Quien esté en Madrid y pueda pasarse, mejor que lo haga.

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