Cómo no hay que vender un libro
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9 comentarios 3 de junio de 2010 a las 7:42 GMT+1 seleucus
Una noche tesalonicense del pasado abril estaba dando una vuelta con Marios y Evánguelos. Acabábamos de cenar patsás (como nuestros callos pero en sopa y hecha de ternera) y nos estábamos metiendo un helado sin miramientos. En la calle Delfón, más o menos a la altura de Bótsari, me detuve frente a un quiosco que aún estaba abierto. Apoyadas contra la pared estaban las ediciones baratas que algunos periódicos ofrecen con el paquete de los domingos (como aquí: libros, dvd, lo que sea). Me fijé en que tenían Caballería roja de Bábel, y comenté en voz alta que es un compendio de relatos magnífico. Entonces sucedió lo inesperado: el propietario salió de la tienda y me dijo que ese libro era malísimo y que sólo contaba memeces. Le pregunté que a qué venía eso respecto de Bábel y entonces se lió con la explicación. Terminamos deduciendo que el tío pensaba que me había referido a otro volumen tirado por ahí.
La verdad es que poco importa a qué libro me refiriera. No se vende así. Si tienes periódicos en tu establecimiento, debes lidiar con lo que te echen los domingos e intentar colocarlo todo. Además, ponerse a hablar talmente con desconocidos no viene al caso, mas eso ya es otra historia. En Grecia las cosas funcionan de otro modo.
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