Vuelvo de Tesalónica
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2 comentarios 30 de abril de 2010 a las 10:47 GMT+1 seleucus
Pasaré el fin de semana revisando el material, especialmente las fotos para Flickr.
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2 comentarios 30 de abril de 2010 a las 10:47 GMT+1 seleucus
Pasaré el fin de semana revisando el material, especialmente las fotos para Flickr.
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8 comentarios 26 de abril de 2010 a las 7:10 GMT+1 seleucus
En su prefacio a El tercer hombre, Graham Greene nos dice:
"Para mí es casi imposible escribir el guión de una película sin escribir antes una historia. Incluso una película depende de algo más que de una trama: de cierta medida de la caracterización, del humor y de la atmósfera; y todo eso parece casi imposible de capturar por primera vez en la taquigrafía torpe de un guión. Uno puede reproducir un efecto sacado de otro medio, pero no puede hacer el primer acto de creación en forma de guión. Uno debe tener más material disponible del que necesite a la postre. El tercer hombre, consiguientemente, por más que nunca estuviera destinado a la publicación, tenía que empezar como una historia antes de esas aparentemente interminables transformaciones de un tratamiento a otro." [Penguin, 1983; traducción mía.]
Greene, por su modo de ser y obrar, no podía generar ex nihilo un guión sino que necesitaba derivarlo de un relato previo. De ahí su novela corta The Third Man, narración magistral de donde salió la película homónima dirigida por Carol Reed e interpretada por Joseph Cotten y Orson Welles.
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Añadir comentario 23 de abril de 2010 a las 23:31 GMT+1 seleucus
Dedicado a Miklós Bánffy.
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Añadir comentario 22 de abril de 2010 a las 8:44 GMT+1 seleucus
El escritor argentino Horacio Vázquez-Rial estará en Barcelona mañana viernes, festividad de Sant Jordi y Día Mundial del Libro. Firmará ejemplares de El otro mundo, su último libro, publicado por la editorial Sirpus. El horario será el siguiente:
12-13h: Librería Altaïr (Gran Vía 616, entre Balmes y Rambla de Cataluña).
18-19h: Librería Laie (Paseo de Gracia con Provenza).
19-20h: Librería Baïbars (Muntaner 337, cerca de Vía Augusta).
20-21h: Librería Catalonia (Paseo de Gracia 2-6).
Por otro lado, Leah Bonnín firmará ejemplares de sus novelas Flor de acacia y Come on, Baby! (sólo está en inglés el título) de 12 a 14h en la librería Call Barcelona, sita en la calle Sant Honorat 9 (callejuela que desemboca en la Plaza San Jaime).
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Etiquetas: Día Mundial del Libro, Horacio Vázquez-Rial, Leah Bonnín, Sant Jordi
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14 comentarios 21 de abril de 2010 a las 7:28 GMT+1 seleucus
Si el volcán no me lo impide, asistiré a la Feria del Libro de Salónica. Ya me fastidió el viaje a la Feria del Libro de Londres. Toda esta situación es culpa de la Unión Europea. No debería haber abolido los sacrificios humanos para volcanes.
El blog quedará un poco abandonado porque mi conexión a internet estará muy limitada. Haré lo que pueda.
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Añadir comentario 20 de abril de 2010 a las 7:46 GMT+1 seleucus
Al responsable del blog Libros y bitios.
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4 comentarios 19 de abril de 2010 a las 7:25 GMT+1 seleucus
Este próximo viernes, 23 de abril, se celebrará el Día Mundial del Libro. Como propuesta, compendio los libros que he reseñado positivamente desde diciembre pasado:
Vacío perfecto, de Stanisław Lem (Impedimenta), una rareza magistral.
Kaputt, de Curzio Malaparte. La nueva traducción basada en la edición casi definitiva. Publica Galaxia Gutenberg.
Lejos de Toledo, de Angel Wagenstein (Libros del Asteroide). La tercera parte de una trilogía que puede leerse de cualquier manera porque los protagonistas no son comunes.
Destinos intermedios, la segunda novela negra de Octavio Escobar publicada por Periférica.
Todo fluye, de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).
El ladrón del rayo, de Rick Riordan (Salamandra). Juvenil entretenida.
Lila, Lila, de Martin Suter (Anagrama).
Caballería roja, de Isaak Bábel (Galaxia Gutenberg). Relatos inspirados en la Guerra Polaco-Soviética de 1920-21.
Omega, de Jack McDevitt (La Factoría de Ideas). Pura ciencia ficción espacial.
Prometo ser bueno: cartas completas, de Arthur Rimbaud (Barril & Barral). La primera vez que se publican todas sus cartas en lengua española.
La carretera, de Cormac McCarthy (Mondadori).
Los días contados, de Miklós Bánffy (Libros del Asteroide), la primera parte de la "Trilogía transilvana" del autor húngaro. La segunda, Las almas juzgadas, ya está a la venta.
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1 comentario 16 de abril de 2010 a las 19:24 GMT+1 seleucus
También allí recomiendo libros antes del 23 de abril, Sant Jordi.
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7 comentarios 14 de abril de 2010 a las 7:31 GMT+1 seleucus
Antonio Priante, autor de El corzo herido de muerte, una novela magistral con Larra de protagonista, nos regala este artículo.
LARRA ÍNTIMO
SUICIDA... ¿POR QUÉ?
El año del bicentenario de Mariano José de Larra no ha sido muy generoso en conmemoraciones. En absoluto en Barcelona, de donde procedía el escritor por línea paterna (Langelot era el segundo apellido del padre). En Madrid y otros lugares sí ha sido objeto de ciertas celebraciones y homenajes, y algunas revistas literarias le han dedicado artículos especiales. Pero lo cierto es que el ambiente no recuerda nada al de hace un siglo, cuando la periodista Carmen de Burgos pudo escribir: "En Fígaro [Larra] hay una fuerza que le mantiene siempre vivo y joven cerca de nosotros… Larra no envejece como los otros; Larra conserva su prestigio de escritor, su prestigio de hombre y hasta su prestigio de suicida. Es eternamente joven, eternamente original."
Quizá es lo que mejor conserva en estos momentos: su prestigio de suicida. Y se comprende. La España de hoy poco tiene que ver con la España de los años treinta del siglo XIX (excepto por algún problema en el norte, que entonces se llamaba carlismo, y alguna cosita más), así que lo que dijo el escritor, el periodista de actualidad, poco importa ya (por más que muchos insistan en colocarnos como sea su "vuelva usted mañana"). En cambio, la persona, el hombre aureolado por el fogonazo del disparo final, conserva todo su atractivo romántico. Pero ¿quién era esa persona? ¿Cómo era el hombre llamado Larra cuando no ejercía de corrosivo fustigador de los vicios públicos?
"El carácter moral de este escritor consiste en ser excesivamente generoso, desprendido de todo interés, ambicioso de gloria, muy amante de su patria, cariñoso con sus padres, buen amigo, bastante enamorado, algo orgulloso, noble en sus maneras y porte, aficionado a la alta sociedad y muy estudioso."
Es posible que no haya descripción más ajustada y verdadera del carácter de Larra que la contenida en estas líneas escritas por su tío Eugenio. El joven Larra tenía en el hermano de su padre a un amigo y un confidente. Hubo entre los dos una especial relación de cariño, y el tío pudo escribir tan acertadamente del sobrino porque le quería, y querer bien a una persona es la única manera segura de conocerla. Un par de siglos después alguien podrá retratar a Larra como una especie de enano egoísta y acosador de mujeres, contradiciendo la clara imagen que nos dejó don Eugenio. No hay que tenerlo en cuenta. Son cosas que se cuecen al calor del prejuicio (feminista en este caso) y la ignorancia.
Pero suicida, ¿por qué? La vieja polémica sigue hoy viva con sus dos líneas de argumentación enfrentadas: la cívica o política, que nos habla de su frustración y abatimiento ante la situación de España, y la romántica o novelesca, que pone el énfasis en el fracaso amoroso. Quizá ambas se equivoquen, quizás ambas no tengan en cuenta un factor previo a cualquier lance social o amoroso. Me refiero a su constante y arraigado sentimiento de vacío, que sólo una pasión poderosa podía vencer.
Existe, claro, la tentación de explicar este vacío como la consecuencia de determinados acontecimientos vitales: el fracaso político, el fracaso amoroso. Pero no hay que caer en la tentación. Las vicisitudes no marcan el carácter; es el carácter el que se expresa a través de las vicisitudes. Yo creo que, en Larra, el sentimiento de vacío no es consecuencia de ciertas experiencias vitales, sino, al contrario, el modo en que experimenta la vida es consecuencia de su sentimiento de vacío.
Que el sentimiento de vacío es en Larra anterior a toda experiencia quizá lo pruebe este párrafo de "El Café", escrito en febrero de 1828, poco antes de cumplir 19 años (y si alguien alega que a esa edad ya contaba con la supuesta decepción amorosa y filial de sus 16 años, atención a mis cursivas):
"Seguí quejándome hasta mi casa sin ninguna gana de reir de mis observaciones como en otros días, aunque siempre convencido de que el hombre vive de ilusiones y según las circunstancias, y sólo al meterme en la cama, después de apagar mi luz y conciliar el sueño confesé como acostumbro: 'Éste es el único que no es quimera en este mundo'."
La vida es un entramado de ilusiones sobre circunstancias cambiantes. Sólo el sueño es verdad. El sueño, imagen de la muerte.
Así, cuando a los 26 años, en pleno conflicto amoroso, escribe "allí donde está el mal, allí está la verdad. Lo malo es lo cierto. Sólo los bienes son ilusión" ("La sociedad", 16-1-1835), no hace sino manifestar, propiciado por las circunstancias, lo que desde siempre ha sabido.
Si, como es cierto, todo hecho es efecto de una serie de causas, el suicidio de Larra hubo de tener forzosamente las suyas, puesto que nada es gratuito ni se produce ex novo en la naturaleza (incluida la naturaleza humana). Pero ocurre que los que buscan las causas de este tipo de hechos -los actos humanos- suelen olvidarse de la fundamental: el carácter del individuo. El carácter no como algo forjado por las circunstancias, el ambiente, la educación, no, el carácter de verdad, originario, congénito, eso que nada ni nadie puede cambiar, aunque pueda manifestarse de diferentes maneras según los motivos que las circunstancias le ofrecen.
En el carácter de Larra -como en el de cada cual- se hallaba esbozado su destino. Sólo unas circunstancias extremadamente favorables hubieran podido darle una forma menos trágica.
Pero esas circunstancias no se dieron. Al contrario. El gran amor que pudo salvarlo resultó ser un espejismo del enamorado. Fue entonces cuando, sin pensarlo, Larra se abandonó a su destino.
"Sólo un Dios y un Dios Todopoderoso podía hacer amar una cosa como la vida." (Larra, “La vida de Madrid”, 12-12-1834.)
Antonio Priante, julio de 2009
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3 comentarios 13 de abril de 2010 a las 7:15 GMT+1 seleucus
Hace cierto tiempo tuve la oportunidad de ver Dead of Night (1945), una película de miedo de las de antes, construida a base de episodios conectados por un trasfondo común. En este caso, unos cuantos desconocidos coinciden en una casa y se ponen a relatar sus experiencias paranormales. A pesar de su ligereza, me gustó el primer relato, centrado en una chica que, jugando al escondite, ve a y habla con alguien que no debería estar allí. Acaso estuviera inspirado en el cuento "Smee" de A.M. Burrage, en el cual un joven que participa en ese juego se esconde junto la presencia glacial de una muchacha que murió desnucada, años ha, jugando a lo mismo y el en mismo lugar, y que todavía espera a que alguien la encuentre.
Sin embargo, el que más me llamó la atención fue el episodio dedicado al ventrílocuo que, en realidad, está dominado por su propio muñeco.
Eso me lleva a dos episodios de The Twilight Zone: "The Dummy", de 1962, y "Caesar and Me", de 1964, ambos posteriores a dicho filme. En ellos, los muñecos dominan a sus humanos, y en el primer caso el objeto llega incluso a hacerse con su personalidad y a suplantarlo en una escena final que pone los pelos de punta.
No me gusta jugar al escondite, y los números de ventriloquia siempre me han dado muy mal cuerpo.
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