The Road, la película
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23 de febrero de 2010 a las 7:02 GMT+1 seleucus
Llego tarde a la reseña de la película porque no me gusta ir cuando se acaba de estrenar. Manías personales.
En mi opinión, últimamente hemos tenido el raro privilegio de asistir en directo al nacimiento de una obra mayor en la literatura y de su reflejo excelso en el cinematógrafo. No es una coincidencia que se dé muy a menudo. La versión en imágenes no se separa del texto escrito excepto en la culminación final, mucho más abierta que la original aunque en absoluto errónea desde un punto de vista meramente estético. Nada que objetar.
La crudeza es extrema, más por lo que se insinúa que por lo que se muestra, y las interpretaciones puntúan veinte sobre diez, igual que la dirección y el diseño de producción. El recuerdo amargo de lo que fue y ya no es, y de lo que pudo haber sido y nunca será, te acompañan desde el primer fotograma. En medio, las tres alternativas: el suicidio como única vía de escape, la supervivencia manteniendo a cualquier precio los antiguos valores de la civilización o la subsistencia a través de la eliminación de todo rastro de conciencia que evoque a la humanidad. Ahí, en la elección, se percibe la fuerza de Viggo Mortensen para convencernos de que haría lo que fuera por su hijo, incluso pactar con Dios, pasar por loco y guardar un silencio eterno y solipsista a cambio de que todo volviera a ser como antes. Es decir, a la manera de Tarkovski en Sacrificio.
En conjunto, una clase magistral de cómo sobrevivir al Apocalipsis eludiendo a la chusma caníbal que merodea por ahí.
Entrada clasificada como: Ciencia ficción/Futurista,Literatura y cine,Recomendaciones literarias,Sobrenatural/Terror/Fantasía
Etiquetas: Clásicos que lo flipas, Cormac McCarthy, Lo saben Mendoza y Floro









3 comentarios Deja un comentario
1.
strelnikov | 23 de febrero de 2010 a las 9:15 GMT+2
Es que Viggo por su hijo maaaata.
Ahora en broma: es una película que notas que tiene músculo sin que le haga falta demostrar su fuerza. Ese es un mérito. A mí, el hijo, en la novela, me parecía un rato ñoño. No sé yo si un niño que ha crecido en esa vida tan dura tendría la sensibilidad de un blanquito suburbial de clase media. Toma una cocacolita, ay qué rica, paspas. Por desgracia, la peli, aunque elude esa elección tan rara de Cormac M. para el personaje del niño, no puede evitar sacarnos los grandes ojos llorosos y no llevar a ese personaje (que hubiera podido hacerlo, por ejemplo, en el lío con el ladrón negro) a algún punto que plantee un dilema moral iinteresante.
2.
seleucus | 23 de febrero de 2010 a las 9:51 GMT+2
El crío en la peli tiene unos cuatro años más que en el libro, por lo que me ha parecido. Es casi un adolescente. Que vaya por ahí con el peluche queda un poco raro, pero como dice un amigo, si se ha criado en casa mientras el mundo ardía fuera, no te puedes esperar otra cosa.
3.
rojobilbao | 23 de febrero de 2010 a las 19:22 GMT+2
Repito lo dicho en su día. Desasosegante y no se me ha pasado el efecto aún.
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