Dedicado a Pere Ribera, fundador de la escuela AULA
Popularidad: 8%
21 de diciembre de 2009 a las 7:41 GMT+1 seleucus
La semana pasada feneció Pere Ribera, pedagogo catalán y fundador de la escuela AULA, donde se formó un íntimo amigo mío. Dicho amigo le ha dedicado un pequeña memoria de despedida que me ha parecido adecuado publicar. Entre otras cosas, refleja lo que he dicho varias veces: un sistema educativo que no se base en el esfuerzo personal de los alumnos conlleva el hundimiento de un país. Ahí va:
El señor Ribera ha muerto
Acabo de saberlo.
Todavía no sé dónde me llevará esto que ahora empiezo a escribir y, de entrada, manifiesto que no tengo ningún deseo de continencia. Sólo lo advierto desde el principio.
Hoy dedico esta entrada a hablar de Pere Ribera, la persona que fundó y dirigió AULA, la escuela que mis padres escogieron para mí cuando, con seis años de edad, llegué a Barcelona y donde pasé trece años fundamentales de mi vida.
He dudado mucho antes de escribir el párrafo siguiente. Pero, dado que unos pocos de mis antiguos compañeros de escuela e, incluso, algún profesor son conocedores de ello, me parece de justicia hacerlo para no resultar hipócrita.
Yo formo parte de aquella legión de personas con quienes el señor Ribera cometió alguna injusticia flagrante y a quienes dispensó un trato innecesariamente desconsiderado en algún momento. Aunque, cuando fue necesario, se lo hice saber personalmente. También diré que no tengo la vocación de sentirme víctima. De nada ni de nadie. Tan sólo quería poner de manifiesto el hecho de que mi relación con el señor Ribera, que en algún momento nos pareció que se podría prolongar mucho más allá de los años de mi estancia en la escuela, se truncó a mediados de los noventa, alrededor de la celebración del 25º aniversario de la fundación de ésta. Y aquí empiezo.
Bien, ya está dicho. Punto y aparte.
A lo largo de mi vida, ha habido muchos momentos en que he podido comprobar el valor de lo que aprendí en AULA personalmente de la mano del señor Ribera. Ahora me viene a la cabeza uno especialmente impresionante: mi primer día en la Universidad. Era a principios de octubre de 1983 y me disponía, junto con otros doscientos estudiantes más, a recibir mi primera clase en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Estaba en primera fila, hacia un lado, con buena vista de la pizarra. Estaba ilusionado porque la impartía el catedrático de la asignatura, de quien había oído hablar y al cual había tenido ocasión de conocer personalmente unos años antes. Él acababa de entrar en clase y yo, como había hecho durante los últimos casi diez años, me puse en pie... Sentí un extraño silencio a mis espaldas. "Pero ¿qué haces, tío?", escuché. Me volví y vi que era el único que me había levantado. Me senté enseguida, turbado. Pero el alboroto, lejos de cesar, creció en intensidad "¡Burro, burro!", bramaba un energúmeno desde el fondo del aula, como si estuviera en un campo de fútbol. En medio de un jaleo ensordecedor, tres tipos que no volví a ver nunca más coreaban "Priii-mo, priii-mo, priii-mo...". El profesor esperó pacientemente a que acabara el jaleo para empezar a hablar. Dio su clase y, al terminar, me agradeció el gesto.
El señor Ribera nos enseñó a respetar a los maestros y profesores porque era una manera de respetar la enseñanza, de reconocer a aquéllos que nos transmitirían conocimiento, pero también de respetarnos a nosotros mismos. Teníamos que levantarnos cuando el profesor entraba en clase y sentarnos sólo cuando nos lo indicara. A partir de cuarto de EGB, teníamos que tratarlo de “usted”. Madame Claude. Mademoiselle Jacqueline. Madame Simó. Señora Roca. Señora Barandalla. Señor Salvo. Señor Abad. Señora Valls. Señora García. Señor Valls. Miss Mulderrig. Señor Bofarull. Miss Armstrong. Señor Martí. Señora Calpena. Señor Bech. Señor Cairó. Señor Paraira. Señor Caballé. Madame Rubió. Mister O'Connor. Señor Sarsanedas. Señora Farré. Señor Ribera. (¡Miles, millones de gracias a todos! Y a tantos otros que dieron y dan clases antes y después de que yo pasara por la escuela).
La exigencia fue siempre la referencia pedagógica del señor Ribera. La suya, era la exigencia de aquél que, antes que nada, es exigente consigo mismo. Su extrema autoexigencia era la fuente de su extrema exigencia para con los demás: la exigencia en cuanto a los contenidos y al nivel académico, al rigor de los maestros y a una idea muy dura de la disciplina. Pero, sobre todo, otra exigencia, mucho más personal, mucho más íntima. Una exigencia con la que te interpelaba, una exigencia con que te retaba y hacía que te preguntaras a ti mismo qué era realmente hacer las cosas bien y cómo podías mejorar.
La disciplina, tanto física como mental, era esencial para formar personas en el ejercicio de la propia libertad, de la propia responsabilidad, del propio sentido crítico.
El señor Ribera fue pionero de una enseñanza moderna, adecuada a las circunstancias que vendrían, a un mundo complejo e interrelacionado, una enseñanza que aún no ha sido alcanzada por la gran mayoría de escuelas de Cataluña, ni en cuanto al nivel de exigencia respecto a los contenidos y al nivel académico, ni en cuanto al nivel de corrección con que eran aprendidos y utilizados los cuatro idiomas que se aprendían y se empleaban. El resultado es que los alumnos que acaban todos los cursos de la escuela salen con un catalán, un español, un inglés y un francés casi perfectos.
Aunque se impartía la asignatura de religión (cristiana), era una escuela profundamente laica. De ese laicismo que fomenta el conocimiento, que sólo genera respeto por todas las creencias y que, por tanto, forma ciudadanos aptos para vivir en sociedades complejas y plurales pero que, al mismo tiempo, no renuncian al conocimiento profundo de todo aquello que las ha hecho como son.
AULA fue mi escuela. Y llevo como un honor los trece años que estudié en ella. Me formé en ella, pero, también, y quiero subrayarlo muy especialmente, fue la puerta de entrada a Cataluña, a España y a Europa de aquel niño chileno que yo era cuando, a la edad de seis años, llegué a Barcelona, a tiempo para empezar el curso. Gracias a lo que aprendí en ella, escribo con competencia tanto en español, mi lengua materna, como en catalán, la lengua que hablaba desde pequeño con mi padre y mis abuelos paternos. Gracias a lo que aprendí en ella, pude realizar estancias prolongadas en países de habla inglesa y francesa sin tener ningún problema de adaptación ni a las respectivas lenguas ni –lo que es más importante– a las respectivas culturas.
Hay mucha gente que cree y dice que AULA que es una escuela elitista y cara. Se equivocan. No lo es, ni mucho menos. AULA es una escuela exigente de la que las personas salen con una excelente formación (sin cometer faltas de ortografía, sin ir más lejos), con un espíritu altamente constructivo y con un elevado sentido crítico, aunque sin "okupar" ni reventar nada. En cuanto al precio, cabe decir que AULA no es, ni mucho menos, de las más escuelas privadas más caras y que la plaza por alumno cuesta menos que en una escuela pública, con la diferencia que AULA sólo cobra a los padres que quieren llevar a sus hijos y no a todos los padres de Cataluña. Ah, y a la hora del patio, jugar al fútbol estaba prohibido porque –decía el señor Ribera– "espero algo más de vosotros".
Él había fundado AULA y percibía la escuela como su proyecto personal. Tanto es así que, a sus más de 90 años, aún vivía totalmente pendiente de la actualidad de la escuela. No sé, con exactitud, cuantos años tenía, pero una vez me comentó que había luchado en la Guerra Civil como integrante de la "quinta del biberón".
Suele pasar que los sucesores de una figura excepcional, con una personalidad muy marcada, encuentran un listón muy alto y difícil de alcanzar. Cuando las exigencias de la edad le hicieron abandonar progresivamente del control del día a día de una maquinaria que, con el tiempo, se había vuelto muy compleja, su voluntad de permanecer informado de la actualidad de la escuela y –¿por qué no decirlo?– de continuar influyendo en ella no permitió generar el espacio que un nuevo director habría requerido y ello desembocó en una sucesión de directores que, en mi opinión, hizo perder nervio y tensión en la escuela.
Sospecho que éste es, precisamente, el proceso por el que ha pasado la escuela en los últimos años. Y tengo, también, toda la impresión de que ha ido penetrando en ella un "nuevo espíritu", algo que se expresa en un tono más distendido, de mayor “bondad”, más "amoroso con los niños"; se ha perdido nervio y tensión en nombre de un supuesto buen ambiente de trabajo que ignoro si llega a ser "buen rollo". Hay quien lo ve como una necesaria humanización de la escuela, pero yo pienso que, en la práctica, es degradar el magnífico legado del señor Ribera.
Resulta innegable que el señor Ribera fue una de aquellas personas que, pese a las imperfecciones y los errores cometidos (le habría dado mucha rabia tener que admitir alguno), toman la iniciativa de mejorar significativamente, por pequeño que sea, el ámbito al cual se dedican. Y él lo consiguió. Sencillamente, dejó el mundo mejor que como lo había encontrado. Y eso no se puede decir de muchas personas.
Señor Ribera, muchas gracias. Descanse en paz.
Domènec Orriols
Barcelona, 17 de diciembre de 2009
Entrada clasificada como: Observaciones varias
Etiquetas: Educación










17 comentarios Deja un comentario
1.
strelnikov | 21 de diciembre de 2009 a las 12:28 GMT+2
Aunque sigo el dictum romano de no hablar mal de los muertos, sigo pensando, y lo siento, que el mejor colegio o escuela, como los árbitros, es el que no se nota.
Yo, por ejemplo, fui a los Maristas de Zaragoza y, aunque religiosos, eran bastante tolerantes. Aunque impartían disciplina, tenían bastante flexibilidad. No intentaban grabarte sus valores a fuego lento. Se limitaban a seguirlos. Como joven necio que era, salí bastante harto de ellos y no me di cuenta de que eran magníficos educadores hasta 25 años después.
2.
seleucus | 21 de diciembre de 2009 a las 13:23 GMT+2
¡Ah, eras tú el que se rió cuando mi amigo se puso en pie!
3.
strelnikov | 21 de diciembre de 2009 a las 13:31 GMT+2
No, claro, pero me da un poco de vergüenza admitir que quizá lo hubiera hecho.
4.
marisol | 23 de diciembre de 2009 a las 1:23 GMT+2
Como madre de adolescentes, no puedo estar más de acuerdo: la disciplina, lejos de ser un lastre, es lo que nos prepara para luchar por lo que queremos. Y quien hace lo que quiere destila buen rollo hacia los demás.
Quien no tiene disciplina ni siente respeto por los demás, acaba haciendo lo que más odia y amargando la vida a quienes tiene más cerca.
5.
seleucus | 23 de diciembre de 2009 a las 9:25 GMT+2
O, en el peor de los casos, montando un blog.
6.
Jorge Cubells Fuentes | 24 de diciembre de 2009 a las 23:28 GMT+2
Apreciado Domènec: como compañero de clase que fui tuyo, y por tanto destinatario de alguna de las "injusticias flagrantes" a las que aludes, respeto, aunque no comparto tu punto de vista. Para mí, Ribera (permíteme omitir el trato de Señor) fue tan sólo el fruto de una época y unas circunstancias afortunadamente superadas, tanto por la sociedad civil a la que pertenecemos, como por las corrientes pedagógicas que hoy educan, con virtudes y defectos, a nuestros hijos.
Descanse pues en paz, derecho que no puede negársele a nadie, pero no vayamos más allá atribuyéndole falsos méritos, como el de haber dejado un pretendido mundo mejor tras su paso. Para mí es un personaje históricamente obviable. Que si por algo destacó fue por la despiadada proyección de su amargura interior y extremo narcisismo, que como bien reconoces implícitamente lo pone al mismo nivel que Atila: él tampoco dejó crecer la hierba tras su paso y ahí se extinguirá su legado.
Y gracias a Dios que será así: cualquiera sabe crear un grupo "excelente" echando año tras año a los cinco últimos del escalafón de notas no es pedagogía sino eugenesia. Aunque bien pensado no soy el mejor para criticarlo porque puede parecer resentimiento: acabé en AULA, soy Ingeniero Industrial Superior por la UPC, Process Kaizen Engineer por la Universidad de Tokyo y PDD por IESE, aunque en ningún caso atribuiría la menor parte del mérito ni a AULA ni a su cuadro docente, salvedad hecha de alguna honrosa (o extraña) excepción como Doña Alicia Rovira de García, conocida por Señora (ésa sí que lo era) García.
Un saludo y a ver si me llamas un día.
Jorge
7.
Xavier Mirangels Ruiz | 2 de enero de 2010 a las 20:24 GMT+2
Yo hablaré sobre una carta publicada en "La Vanguardia" en la que el Sr. Pau Sansa eleva a la categoría de virtud el terror que todos sentíamos ante su presencia. Un gesto, una posición del cuerpo, una pequeña palabra fuera de lo que él entendiera pertiente podía significar hasta la expulsión. En la carta también habla de una serie de valores que, al menos en mi época, se enseñaban de una forma bastante especial...
¿Enseñar a ser mejor persona es decir a una niña de doce años que porque es “mona” al menos llegará a cajera de “El Corte Inglés”?, ¿Enseñar el respeto mutuo es colocar un abrecartas en el cuello de un niño de trece años y hacerle gritar delante de todos sus compañeros que es una vaca por haber entrado jadeando en su despacho?, ¿ Enseñar el rigor es someter a un niño de catorce años a un interrogatorio digno de la GESTAPO para saber las razones del porqué no había acudido al centro escolar un día laboral entre dos fiestas y obligarle a decir, fuera cierto o no, que él y toda su familia eran escoria y unos vagos por haber hecho “puente”?, ¿Enseñar autoexigencia es decir a un niño de dieciséis años, quince días antes del inicio del curso, que pese a haber aprobado todo tenía que marcharse del colegio porque no quería alumnos mediocres y con grandes limitaciones intelectuales en su clase de C.O.U.?, ¿ Enseñar a no ser frívolo es dejar a niños de diez años seis meses sin gimnasia y suspenderles la asignatura por la ruptura totalmente accidental de un tubo fluorescente en los vestuarios pese a que el profesor dijo que hacía días que estaba en mal estado y él mismo lo había notificado a mantenimiento?
No quiero que se malinterprete mi carta. Sólo pretendo de forma totalmente injusta, lo reconozco, contrarrestar la oda a la perfección humana escrita por Pau Sansa sobre Pere Ribera publicada en este periódico. Con su triste fallecimiento tendemos a maximizar sus virtudes e incluso, lo que es peor, a transformar sus defectos en virtudes. Creo que existe un término medio y que normalmente es el más justo. Negar o discutir la excepcional formación académica que recibimos los alumnos de AULA bajo su dirección sería de necios, pero en muchas ocasiones el fin no justifica los medios y algunos de los métodos utilizados para inculcarnos todos los valores que el Sr. Sansa cita en su escrito, al menos, en mi época, eran francamente mejorables. La autoexigencia, el rigor y el respeto mutuo no suelen enseñarse con el terror y la humillación.
Me quedo con el escrito que el Sr. Joan Estruch leyó el día de su sepelio el pasado 18 de diciembre de 2009 y que se encuentra publicada en la web del colegio.
Ex alumno de AULA ESCOLA EUROPEA (1974-1986)
8.
Jose Antonio | 18 de febrero de 2010 a las 21:31 GMT+2
Hola a todos,
Acabo de matricular a mi niña en el AULA para el próximo curso 2010/ 2011. Cuando comienze tendrá 3 años. Después de leer vuestros comentarios, se me desdibuja la idea que tenía del centro,no me quedo tranquilo, la verdad.
Exigencia si, por supuesto, pero no a cualquier precio. No vale todo.
Comparto el rigor, pero por encima de todo, deseo que mi hija "DESEE" acudir FELIZ cada mañana al colegio. Estaré atento.
Saludos,
Jose Antonio.
9.
Jorge Cubells Fuentes | 21 de febrero de 2010 a las 18:06 GMT+2
José Antonio: Síguela de cerca. Evidentemente las mías no van, no las haría pasar por dónde yo ya pasé.
Un abrazo y a tu disposición:
Jorge
10.
Xavier Miràngels Ruiz | 9 de marzo de 2010 a las 11:30 GMT+2
Estimado José Antonio,
Siento la intranquilidad que te han suscitado alguno de nuestros comentarios. Por mi parte decirte que yo iba al colegio muy contento y que la relación que tuve tanto con mis compañeros como con el equipo docente fue muy satisfactoria. Nunca me he arrepentido de haber cursado mis estudios en AULA del que guardo buenos recuerdos. Mis críticas se centran principalmente en Pere Ribera como educador y los méritos que muchos pretenden atribuirle sin tenerlos ni merecerlos. Tal y como comenta Jorge Cubells, su figura no tiene sentido ni cabida en la pedagogía actual. No negaré que aún quedan pequeños vestigios de lo que un día fue su "terrorismo intelectual y ético", pero sé por compañeros que están actualmente llevando a sus hijos a AULA que el sistema ha cambiado sustancialmente. Estoy seguro que el método "poner abrecartas en el cuello y hacer gritar que eres una vaca" para enseñarte humildad, respeto o rigor está ya en desuso.
11.
Jorge Cubells Fuentes | 12 de marzo de 2010 a las 22:51 GMT+2
Tan sólo dos comentarios al respecto del pretendido "modelo educativo" de AULA:
- Conocéis a algún triunfador entre los ex-Alumnos? Teóricamente los alumnos sufridores de éste modelo "paradigma de la excelencia" deberían haber llegado a presidir los consejos de administración de la totalidad de grandes empresas catalanas y españolas. Y sin embargo yo no conozco a ninguno...
- Cambio de modelo educativo: ¿Se deja jugar a fútbol en el patio o se sigue pensando que los alumnos de AULA sirven para algo más? la prepotencia de los sofistas sigue aflorando por la fisura más estrecha.
Sinceramente creo que siguen siendo los mismos métodos y valores, recubiertos hoy con un pretendido barniz de cambio.
Un saludo:
Jorge
12.
Manuel | 17 de marzo de 2010 a las 16:29 GMT+2
Querido Jorge:
Hoy si que me he apenado por el fallecimiento de la Sra. Garcia. Fue sin lugar a dudas la mejor profesora que tuvimos y a pesar de que en algun momento fue dura, sus enseñanzas tanto escolares como de la vida fueron las que más he agradecido. Era la profesora más completa y mejor preparada que tuvimos, desde la geografia a las diferentes lenguas que enseñaba y dominaba. Con ella amé el Latín.
Descanse en paz
13.
Domènec Orriols | 17 de marzo de 2010 a las 18:11 GMT+2
Otra pérdida: la Señora García.
Tan sólo quisiera dedicarle un pensamiento y hacer patente mi más profundo agradecimiento a esa profesora, con todas las letras (y en mayúscula), que tanto supo transmitir e inspirar a todos lo que tuvimos el honor de ser sus alumnos y a esa persona de sólidos valores que siempre fué y que yo recuerdo con cariño.
14.
Jorge Cubells Fuentes | 17 de marzo de 2010 a las 23:49 GMT+2
Apreciados todos:
Me uno al pesar colectivo; no sé decir si fue mejor profesora o persona, aparte de una profesional de talla indiscutible.
Doña Alicia Rovira de García encarna en mi opinión la esencia de una enseñanza de calidad. Rigurosa pero no dura, exigente pero justa, erudita pero no pedante.
Capaz de aunar formación académica con la de la persona en el amplio sentido de la palabra. Disciplina y exigencia sin descuidar la humanidad. Quizá por eso la recordamos todos con cariño y respeto.
15.
Joan | 21 de abril de 2010 a las 14:19 GMT+2
Les trasmito mi experiencia como padre de alumno cuyo hijo está actualmente en Aula realizando 2º de bachillerato y les puedo asegurar que fue una muy buena decisión que en su día tomamos.
Observo el interés y dedicación me mi hijo, el esfuerzo que pone día a día en superarse y no puedo menos que reconocer el esfuerzo y dedicación que han puesto los profesores en inculcarles esos hábitos. Les estaré siempre agradecido.
16.
Xavier Miràngels Ruiz | 10 de junio de 2010 a las 13:12 GMT+2
Estimado Joan:
Tú lo has dicho: los profesores. Yo jamás pondré en duda la profesionalidad y la calidad de los profesores en AULA. Cuando te haces mayor y tienes más conociemiento de causa y más prespectiva intelectual te das cuenta que has sido educado por profesores reconocidos mundialmente en algunos casos. Velvo a insisitr, yo cirtico la figura de Pere Ribera. Un director de escuela no puede ser tu "amigo", eso creo que lo tenemos todos claro, pero tampoco puede inspirarte un terror desmesurado y una desconfianza total. Los que vivimos AULA en los 70 te puedo asegurar que lo pasamos mal, muy mal. Supongo que muchos de nuestros padres consideraron las salidas de tono de éste señor un mal menor comparándolo con la educación que se nos estaba impartiendo. Sé que las cosas han cambiado, pero estoy de acuerdo con Jorge Cubells. Aún quedan pequeños brotes absolutitstas dentro del organigrama del centro y que espero que desaparezcan cuanto antes mejor.
Un saludo
17.
Miguel Fons Fiol | 9 de julio de 2010 a las 13:07 GMT+2
Estuve pocos años en el Aula , pero sí que puedo decir que fue en los 70 y el terror que teníamos por el Sr. Ribera era fundamentado.
Yo viví en persona como colgaba de la ventana de su despacho a un compañero mío de clase, quizás por tener malas notas o por alguna "tontería" así.
Estoy muy de aqcuerdo con lo que dice mi amigo Jorge Cubells y compañero de entonces.
Lamento de todo corazón el fallecimiento de la Sra.García ya que aunque yo era pequeño fue la única que se le veia severidad y al mismo tiempo "mano izquierda".
Jorge , me gustaría que nos pusiéramos en contacto de alguna manera.Un abrazo
Miguel Fons Fiol
Deja un comentario
Código HTML permitido:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
Haz un trackback de esta entrada | Suscríbete a los comentarios mediante sindicación RSS