Entradas de 11 de diciembre de 2009

Memorias de Ática

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10 comentarios 11 de diciembre de 2009 a las 8:04 GMT+1 seleucus

No de África, por más que el centro de Atenas parezca Mogadiscio, sobre todo cuando a yonquis y camellos se añade una huelga del servicio de recogida de basuras (foto, y aun me quedé corto). Hablando de yonquis y camellos, en cuatro días me ofrecieron y pidieron droga varias veces, sin contar a un tipo con pinta de albanés cocainómano que se me acercó riendo mientras sostenía un vaso de plástico que acababa de recoger del suelo. Aún me pregunto qué me dijo. Y es que hablaba, lo juro.

Antes de salir de Barcelona, mi preocupación principal era el hotel, no el área. Me equivoqué de cabo a rabo (perdón). El centro de Atenas es mucho peor que el extrarradio de Salónica, y ya es decir. De hecho, hay griegos que ni siquiera se acercan a la Zona Cero, que es la Plaza Omonia (significa 'concordia', pero no sé de quién ni con qué; será una broma).

El único problema del hotel, más allá de su ubicación, era que la conexión a internet funcionaba de pena. No le doy importancia a que el recepcionista de las mañanas fuera sospechosamente simpático y amanerado conmigo. Sólo le faltó invitarme a cenar. Para simpática, la joven del frankfurt que había cerca del hotel: estábamos solos en el local e insistió en que probara de su mano (mediante cuchara, se entiende) dos tipos de hortalizas que tenía por ahí, por si acaso picaban. Creo que es la primera vez, desde que camino, que una mujer me mete una cuchara en la boca. Y es que ya quedó claro en Matrix: no hay cuchara.

El domingo comí en casa de una amiga con su familia y novio. Luego me llevó al campo de fútbol del Panathinaikós a ver el partido contra el Atrómitos, que hizo honor a su nombre por más que terminara perdiendo. Uno no tiene tiempo de pisar la Acrópolis porque otras amigas se lo llevan de farra a Glyfada, la zona pija de Atenas, y luego se despierta a las 11h, pero del fútbol no se escapa. Y más cuando hay arcadas diseñadas por Calatrava. No obstante, nos marchamos del estadio cuando el partido se suspendió durante media hora. Grupos de anarquistas se estaban enfrentando a la policía en los alrededores y el gas lacrimógeno llegó al campo, haciendo que se nos enrojecieran los ojos a todos y que los jugadores no pudieran continuar el partido por un rato. Terminamos pateando el extrarradio de la ciudad. No sé cómo me lo hago, pero todos mis viajes son literal y agónicamente inolvidables.

El lunes almorcé con los hijos de los escritores Ánguelos Terzakis y Kostas Kyriazís. Todo en orden, como no podría ser de otro modo. La foto es un desastre porque a la camarera le temblaba el pulso por motivos inexplicables. Y es la mejor de las tres que sacó.

Hablemos ahora de las infraestructuras, que siempre da un toque serio a la cosa. El metro te conecta con el aeropuerto pagando un sobreprecio, como en Madrid. Es muy moderno mas con contención. Es decir, sin que tenga rayos láser ni hologramas fashion, atesora un aire retro delicioso. Está limpio y contrasta con lo repugnante que es gran parte de la ciudad cuando te pones a recorrerla. Además, por el mismo precio exhiben restos arqueológicos, de modo que si no vas a ningún museo porque las griegas te obligan a beber, siempre te queda hacer turismo en el metro.

Siguiendo con el aeropuerto, cuando se quieren lucir ponen a Hatzidakis de hilo musical. Normal. En Praga ponen a Dvořák. Me da que en España no están para poner a Albéniz, Falla o Granados. Mientras no nos hagan pasar por el aro con Ana Belén y Víctor Manuel, nos podemos dar con un canto en los dientes.

Como hace un año que un policía se cargó no sé cómo a no sé quién, y cualquier ocasión es buena para liarla, centenares de antisistema volvieron a bloquear la ciudad, asaltando también la Universidad de Atenas (no sé por qué, dado que no guarda relación con la policía), abriéndole la cabeza al rector, quien terminó en cuidados intensivos, y dando un paso que aún no había visto: quemar la bandera griega, un tabú en un país radicalmente nacionalista donde las banderas se venden incluso en los quioscos a pie de calle, como se ve en este vídeo. A destacar que los perros abandonados (aquí en una boca de metro) se vuelven locos cuando hay castañas entre antisistema y policía. Es descojonante. Como todo en Grecia. Ven y vívela. Nunca lo olvidarás. (Entrada casi patrocinada por el Ministerio de Cultura.)

Entrada clasificada como: Autores del Proyecto Seléucida,Ánguelos Terzakis,Kostas Kyriazís,Observaciones varias

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