Romanticismo y realismo en Lérmontov
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4 comentarios 1 de diciembre de 2009 a las 7:23 GMT+1 seleucus
La semana pasada, al reseñar Un héroe de nuestro tiempo, toqué brevemente el atisbo de transición de romanticismo a realismo que quizá esté presente en Lérmontov. Profundizando en el asunto, refiero un pasaje muy divertido que el autor pone en boca del protagonista, Pechorin, quien se está preparando para satisfacer su honor a través de un duelo:
"Doctor, ¿quiere que le muestre mi alma al desnudo? –le respondí–. Mire, ya estoy fuera de esa edad en que se muere con el nombre de la amada en los labios y legando a un amigo un mechón de cabellos engominados o sin engominar. Pensando en la muerte, próxima y posible, pienso solamente en mí mismo; otros no hacen ni siquiera eso. Los amigos me olvidarán mañana o, peor aún, contarán de mí Dios sabe qué infundios. Las mujeres, abrazando a otro, se reirán de mí, para no despertar celos hacia el difunto." [Páginas 211-212, traducción de Luis Abollado Vargas.]
Dice mucho de Lérmontov que plasmase, ya en aquellos tiempos, la decadencia de la imaginería romántica en términos de nombres susurrados durante la agonía postrera o pelos horteramente engominados, como los llevan tantos políticos españoles. Puesto a susurrar, y no a caballos, me quedo con "Rosebud".
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