El prólogo como epílogo
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26 de noviembre de 2009 a las 7:54 GMT+1 seleucus
Hablando acerca de no sé qué con un amigo, se me adelantó en lo que le iba a confesar: si el prólogo de un libro es largo, lo leo al final. Es decir, lo tomo como epílogo. Prefiero entrar a todo trapo, extraer mis conclusiones y confrontar a la postre con lo que el prologuista haya aseverado.
De ahí que me hiciera gracia encontrar estas palabras de Lérmontov en el prólogo a su propia novela Un héroe de nuestro tiempo:
"El prólogo es, a un tiempo, lo primero y lo último de todo libro. Tiende a explicar el objetivo de la obra, o bien a justificarla y a responder a la crítica. Pero el propósito moral y las diatribas periodísticas suelen tener sin cuidado a los lectores. De ahí que no lean los prólogos." [Página 27, traducción de Luis Abollado Vargas]
El texto continúa con una brillantez destacable, pero quien quiera más, ya sabe qué debe hacer. Editorial Nórdica y 16,5€.
Entrada clasificada como: Editoriales respetables,Nórdica,Observaciones varias,Traducción/Filología
Etiquetas: Clásicos que lo flipas, Lérmontov









2 comentarios Deja un comentario
1.
Corpi | 27 de noviembre de 2009 a las 23:24 GMT+2
En la mayoría de libros que tienen prólogo, este suele ser largo y no suelo leerlo. En cuanto al epílogo: ¿opina que debe ser largo o más bien cortito?
Un saludo
2.
seleucus | 28 de noviembre de 2009 a las 3:02 GMT+2
¿Me lo preguntas a mí? Pues cuanto más corto, mejor. Lo bueno, si breve, no se va a parecer a Guerra y paz, pero casi que da igual.
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