El suicidio de las universidades españolas
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8 comentarios 28 de octubre de 2009 a las 6:34 GMT+1 seleucus
Ya he hablado alguna que otra vez, más bien por motivos inauditos, del desastre universitario español, fiel reflejo de un sistema educativo que hace aguas. Ahora, superado ya el doctorado, voy a mencionar dos hechos que marean y que reflejan, una vez más, el repugnante estado de cosas.
Primero, en la Universidad de Barcelona (UB) y en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) no se les ha ocurrido nada mejor que cambiar las condiciones para que un doctor forme parte del tribunal que examinará a un doctorando. Hasta hace un año, la única exigencia para estar en un tribunal era ser doctor. Pero ahora, cerrando más el círculo endogámico universitario, es necesario cumplir también al menos una de cuatro condiciones. Ya no tengo el texto, pero las cuatro se referían, básicamente, a que sólo pueden examinar a doctorandos los doctores que formen parte de grupos de investigación universitarios, generalmente subvencionados. Esto suena muy bien, pero en realidad es una gilipollez como una catedral. Un ejemplo inventado pero perfectamente posible: un Premio Nobel de Literatura que fuera, casualmente, doctor en Filología Italiana por la Universidad de Milán no podría formar parte de un tribunal de tesis de la Facultad de Filología Italiana de la UB a menos que estuviera enchufado en algún grupo de investigación donde, sencillamente, se le exigiría que escribiera un artículo al año acerca de lo primero que le pasara por la cabeza. O si lo preferís, un ejemplo real: el escritor argentino Horacio Vázquez-Rial, uno de los mejores narradores vivos en lengua española, y Doctor en Historia por la UB, no podría formar parte de un tribunal que examinara una tesis acerca de su especialidad (Historia de Argentina) porque es un escritor autónomo que no pertenece a ningún grupo de investigación de la Senorita Pepis.
Segundo, se ve que en la Universidad de Lérida se aburren tanto que hoy, 28 de octubre de 2009, no tienen suficiente con darle el Doctorado Honoris Causa a un reputado pneumólogo estadounidense como Richard W. Light sino que tienen que dárselo, al mismo tiempo, a la cantautora mallorquina Maria del Mar Bonet. Al margen de que dicha señora sea insoportable, cualquier persona con un mínimo de sentido de lo que es (o debería ser) una universidad verá que aquí algo falla. Ya puestos, ¿por qué no el Honoris Causa, al mismo tiempo, a un prestigioso astrofísico y a Michael Jackson? (Es un decir, ya sé que está muerto.) Y para redondearlo todo, en la página del comunicado dedican tres veces más espacio a la Bonet que al doctor en medicina.
Sic transeunt universitates mundi.
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Etiquetas: Educación, Horacio Vázquez-Rial








