Alta literatura, evasión y literatura comercial
Popularidad: 22%
13 comentarios 19 de septiembre de 2008 a las 7:33 GMT+1 seleucus
En sentido estricto, toda literatura pretende ser comercial a partir del momento en que estamos en un sistema de mercado más o menos libre donde compras lo que quieres. Incluso quien publica a Dostoievski aspira a vender bien, aunque las cifras no vayan a acercarse a las de Dan Brown ni en broma. Se me objetará que muchos escritores tienen miras más altas. Responderé que eso es lo que dicen en las entrevistas para hacerse los listos, porque todo el mundo prefiere vender veinte mil ejemplares a dos mil, aunque los compradores sean lectores incapaces de comprender la supuesta "profundidad intelectual" de la obra en cuestión. Además, estoy de acuerdo con Adorno cuando decía que el autor tiene menos dominio del que cree sobre la percepción que su obra causará en el receptor. De modo que, al final, escribir para un tipo de público determinado no tiene ningún sentido, como tampoco escribir para uno mismo. Lo que hay que hacer es escribir bien, y punto.
Eso no quiere decir que, a la hora de la verdad, todas las editoriales y algunos escritores no enfoquen su negocio hacia un tipo de público determinado. Acantilado ya sabe que Amor y basura, de Klíma, no va dirigido al público que lee a la plasta de Susanna Tamaro, como Planeta sabe que no hace falta revisar determinadas novelas mal escritas y mal editadas porque el nivel de exigencia literaria de su público es tan bajo que los errores van a pasar desapercibidos. Nunca olvidaré lo que me dijo una editora: "Lo que nos planteas es demasiado literario. Nosotros vamos a lo que vamos." (Léase: buscamos novelas de encefalograma plano para forrarnos.) Y me parece bien. Al menos fue honesta, cosa que no se puede decir de todo el mundo.
La literatura como evasión no sólo no tiene nada de malo ontológica ni estéticamente sino que es el origen mismo de la novela. Una de las primeras novelas escritas, si no la primera, es El asno de oro de Lucio Apuleyo (siglo II), una obra maestra de la distracción, humorística y más moderna que la mitad de lo que se escribe hoy día (es cuestión de leerla bien traducida, por supuesto, o en latín directamente). E.T.A. Hoffmann era un maestro de la evasión, como también Bram Stoker, autores muy comerciales que no por eso dejaban de atesorar una altura literaria considerable. Y es que, a la postre, se puede escribir alta literatura que sea también comercial. No es el caso de Zafón y su retahíla de novelas ilegibles, por más que sus defensores no hayan entendido ni vayan a entender nada de lo que algunos llevamos tiempo exponiendo: que si se ha creado una escisión ficticia entre lo comercial y lo literario es porque así lo ha querido el público al comprar lo que compra. Existe mala literatura porque hay demanda de productos de mala calidad. Así de fácil.
Entrada clasificada como: Acantilado,Editoriales respetables,Observaciones varias,Qué sucede en el mundo editorial,Recomendaciones literarias
Etiquetas:








