El Cobre Ediciones

Cuentos, de Emilia Pardo Bazán

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22 de Agosto de 2008 a las 5:45 GMT+1 seleucus

Pocos, en la tradición española de lo sobrenatural, han escrito unos cuentos tan buenos como Emilia Pardo Bazán. De ahí que yo no acabe de entender por qué se dice que es una de las mayores representantes del naturalismo literario español. Cuentos de fantasmas y materialismo (porque eso es el naturalismo) no encajan en absoluto, y menos si la autora era católica, como en este caso. A menos, claro, que aquí 'naturalismo' se use como 'bucolismo'. De manera que estaré encantado de que algún lector del blog me lo pueda explicar.

El presente compendio, a cargo de Eva Acosta (responsable también de una buena introducción), es un claro ejemplo de las cualidades literarias de la gallega. Nacida en La Coruña en 1851 de familia pudiente, la condesa de Pardo Bazán escribió la celebérrima novela Los pazos de Ulloa, y también se volcó en el ensayo y el periodismo. Se casó a sus diecisiete añitos, tuvo una hija y fue amante, entre otros, de Benito Pérez Galdós. Murió en Madrid en 1921.

Los sesenta y cinco cuentos aquí recogidos vienen a ser un quince por ciento de la producción total de la Pardo en narrativa corta. Se ve que muchos de sus escritos, sean del género que sean, permanecen ilocalizables en forma de breves publicados a la sazón en revistas y periódicos. Y es que si algo la caracterizó, aparte de un dominio lingüístico ejemplar, fue su fertilidad para escribir. El acierto de Eva Acosta radica en mantener el equilibrio en los cuentos compendiados: presencias malignas, sangre criminal, el regreso de lo pretérito… Un equilibrio difícil de guardar, y más tratándose de una escritora icono de la literatura en lengua española. Se la debería leer más a ella y menos a nulidades como Rosa Regàs o Lucía Etxebarria. Pero España funciona así, y no parece que vaya a cambiar.

Edita Lumen.

Entrada clasificada como: Cuentos, Recomendaciones literarias, Sobrenatural/Terror/Fantasía

4 comentarios Deja un comentario

  • 1. José Manuel Ruiz  |  22 de Agosto de 2008 a las 13:23 GMT+1

    Querido Seleucus, que la Pardo Bazán escribiera magníficos cuentos de asunto sobrenatural no quita que el grueso de su producción pueda adscribirse al naturalismo y que por ende sea la principal representante de este en España, sobre el que, además, escribió un interesante ensayo, La cuestión palpitante (1883). Otra historia es que, debido precisamente a su catolicismo, el propio Zola, padre del invento, dijera que el naturalismo de esa señora era meramente formal. No obstante, señal de que se consideraba naturalista. Y no, naturalismo no equivale aquí a bucolismo (por otra parte no veo la relación posible): sino al realismo descarnado y sórdido que no renuncia al determinismo genético como explicación de la degradación social.

  • 2. barbarian  |  22 de Agosto de 2008 a las 14:59 GMT+1

    Si no recuerdo mal, fue Juan Benet quien resumió la historia novelesca en España como costumbrista. Exclusivamente. Ésa era la carencia fundamental de los autores que le precedieron, inercia que él consideraba insulsa y reiterativa. Por lo demás, en este asunto Benet tenía razón. Y no termina de verse la diferencia entre el mal llamado "naturalismo" y los diversos tipos de "costumbrismo" (social, en sus modos rural y urbano), que han infectado, e infectan todavía, la mayor parte de la pésima producción novelesca en España.

    Es decir, el "realismo descarnado y sórdido" (Dostoievski o Faulkner) no es naturalismo, sino, como su nombre indica, realismo. El naturalismo, entendido como determinismo "genético", cultural, social o moral no es otra cosa que ideología, al estilo de Zola, sin duda el peor y más aburrido de los novelistas franceses. Por ese motivo, la degradación moral (que no social) que muestra Pardo Bazán no tiene nada de naturalista, salvo que en ese baúl quepa meter a Galdós, Leopoldo Alas, Mercè Rodoreda o al mismísimo Pío Baroja.

  • 3. priante  |  22 de Agosto de 2008 a las 18:29 GMT+1

    Naturalista, bucolista, realista, costumbrista...Reconforta que una escritora tenida por naturalista, como Pardo Bazán, se haya dedicado a escribir cuentos fantásticos. Quiere esto decir que el genio suele ser libre y no le gusta verse encasillado. Aunque también los hay que tienen un programa, un "ismo", y no se permiten apartarse de él. Pero yo diría que éstos son más bien artesanos dedicados a una tarea concreta (el mencionado Zola, por ejemplo). Pero llegan los científicos, los especialistas, y empiezan a clasificar (claro, es su tarea), tú eres esto, tú lo otro, tú no te muevas de ahí que ya te tengo fichado. Y mientras, el genio va a su aire, libre, etéreo, como dirían los románticos..."¿Soy clásico o romántico?" ¡Y yo qué sé!

  • 4. José Manuel Ruiz  |  23 de Agosto de 2008 a las 12:01 GMT+1

    "El naturalismo, entendido como determinismo “genético”, cultural, social o moral no es otra cosa que ideología, al estilo de Zola", dice Barbarian: esa es una magnífica definición del naturalismo; de hecho, es Zola quien lo "inventa", en un caso típico de poética a priori o escritor que desarrolla un programa que ha pensado previamente: eso es lo que lastra sus novelas, que están condicionadas de antemano por la ideología; que son "de tesis". Por eso no termino de entender el tono polémico (en el mejor sentido del término, claro) del comentario del citado Barbarian. El naturalismo implica un realismo descarnado y sórdido que tiene una intención ideológica, pero eso no es incompatible con que existan otros realismos sórdidos que no sean naturalistas. Por lo demás, en efecto, alguna crítica considera que determinadas obras de Galdós o Clarín (sobre todo algunos cuentos de éste último como "Pipá") entran de lleno en el naturalismo. Y Baroja, aunque se halle alejado de éste por toda una serie de cuestiones, tampoco lo está demasiado en su amor por la fisiología aplicada a la conducta humana. El hecho de considerar a la Pardo Bazán como específicamente naturalista responde al hecho de que ella misma se ve así y aborda abiertamente la cuestión; se adscribe. Pero en efecto, como dice Priante, esto no son más que clasificaciones a posteriori, didácticas y útiles, pero que no hay que tomarse a la tremenda. Otro caso característico es el de Balzac: escribió numerosas historias sobrenaturales pero resulta inevitable no adscribirlo al realismo por el grueso de La comedia humana.

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