Acerca de El otro nombre de Laura, de Benjamin Black
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4 comentarios 20 de agosto de 2008 a las 7:40 GMT+1 seleucus
Como ya dije en la reseña de El secreto de Christine, Benjamin Black es el pseudónimo del escritor irlandés John Banville. Que nadie se enfade por mi atrevimiento, es que lo han vuelto a poner en una pegatina en la portada del libro. Me parecen muy bien las tácticas de marketing extremo, pero no consigo discernir para qué firma ese señor con pseudónimo si las editoriales que lo publican en cada país van a revelar su verdadera identidad con pegatinas.
El otro nombre de Laura (The Silver Swan, en inglés) es la segunda entrega de una serie protagonizada por el forense Quirke. Y es mejor que la primera, sin ser tampoco nada del otro mundo. Banville sigue escribiendo bien, mas continúa siendo algo pelma. Supongo que va con él.
En esta entrega, seguimos en la Dublín de hace cincuenta años. Quirke se ha alejado convenientemente del alcohol; no obstante, sigue conservando una personalidad melancólica y oscura. De pronto, aparece en su vida un viejo conocido para pedirle un favor: que no haga la autopsia de su mujer, fallecida al suicidarse. El forense está a punto de darlo por bueno cuando ve, para su pasmo, que en el brazo de la traspasada hay unas marcas sospechosas. A partir de ese punto todo cambiará.
Banville, perdón, Black, sigue manejando con soltura los mecanismos para crear una atmósfera turbia e irlandesa, se corresponda o no con la realidad de aquellos lares. Mantiene la tensión convenientemente y crea historias más o menos interesantes, al menos en el género negro (en otras partes ha metido la pata hasta el cuello). Uno le recomendaría que siguiera en esa dirección, y con su nombre real. Porque al final esto ya cansa.
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