Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, III
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29 de Mayo de 2008 a las 6:22 GMT+1 seleucus
Tercera parte del texto del escritor Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe (la segunda se vio ayer):
3. ¿NOVELA HISTÓRICA?
Algunos han considerado una virtud que la obra esté exenta de la parafernalia típica de las novelas históricas (en este caso faltarían pelucas empolvadas, candelabros, miriñaques, coches de caballo, etc.). Virtud o no, es verdad que El silencio de Goethe, igual que mis anteriores novelas, situadas todas en una época que no es la nuestra, carece de los ingredientes típicos de la llamada novela histórica, hasta el extremo de que yo no las incluiría en este género. Y es que nunca me ha interesado el decorado, sino las acciones y pasiones de los personajes. Sin embargo, a veces quisiera ser menos adusto o austero o esencialista, o como mejor se diga, y me gustaría dar un poco (sólo un poco) de color y animación a los escenarios. Pero no puedo; no sé. Así que ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que todo eso que ahora se aplaude pudiera ser más el resultado de un defecto que el de una virtud del autor... defecto de terribles consecuencias en el mundo editorial. Ahí va un ejemplo.
Tengo una novela, escrita hace veinte años, que aunque bastantes asesores literarios han considerado de gran calidad, ninguna editorial ha querido publicar. ¿Por qué? La mayoría se limitaban a la explicación típica (no encaja en la línea, etc.). Pero dos fueron más explícitas. Dijeron que estaban dispuestas a publicar la novela siempre que introdujese algunas reformas. ¿Qué reformas? Es fácil de imaginar. Se trata de una novela ambientada en el mundo romano del siglo IV, donde se describe el enfrentamiento amistoso de dos temperamentos, dos poetas (Décimo Magno Ausonio y Paulino de Nola), que ejemplifican dos maneras de ver el mundo, escrita con mi habitual economía de efectos escénicos. ¡Inconcebible! ¿Se ha visto alguna vez una novela de romanos donde no haya circo, gladiadores, batallas, asesinatos, incestos? Así, que había que subsanar esto de alguna manera. Me negué, en ambos casos me negué. Y no sólo por dignidad, sino también y como he apuntado antes... porque no hubiese sabido cómo hacerlo. Todo lo cual demuestra algo que muchos ya sabíamos sin necesidad de demostración: que las bondades de una obra artística nada tienen que ver con los intereses de la industria y el comercio.
Entrada clasificada como: Antonio Priante, Autores del Proyecto Seléucida, Cahoba, Editoriales respetables, Recomendaciones literarias


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