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8 de mayo de 2008 a las 12:40 GMT+1
seleucus
Misterio que no puedo revelar porque ni yo lo sé. Sólo puedo decir que hay dos finalistas, y que apuesto por la de los pies. La solución: la primera semana del mes de junio.
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8 de mayo de 2008 a las 6:19 GMT+1
seleucus
Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922-Nueva York, 2007) es uno de los grandes escritores que dio el siglo pasado, más o menos encajado en el género de la ciencia ficción. Y no sólo era un ido de la olla sino que, además, lo embargaba una melancolía que sólo superaba mediante un sentido del humor tan tronchante como desquiciado.
El origen de todo eso posiblemente esté en su experiencia como soldado durante la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes lo capturaron y lo encerraron con otros prisioneros en un matadero de Dresde. Paradójicamente, eso le salvó el cuerpo: Dresde desapareció del mapa mientras él oía todo el horror atrapado en el matadero número 5. Cuando salió, no era el mismo. Nada podría ser lo mismo. En cierto sentido, el edificio que le salvó la vida hizo las veces de tumba espiritual: trastocado, muerto en vida mientras oía cómo volatilizaban una ciudad, mientras le llegaba el olor a abrasión, quizá de carne humana. Tras su regreso a los Estados Unidos se volvió pacifista y escribió esa obra maestra absoluta y turbadora: Slaughterhouse Five (Matadero Cinco).
El protagonista de la novela es Billy Pilgrim. O sea, Peregrino, un nombre en absoluto casual. El argumento (para llamarlo de alguna manera) de esta locura es el siguiente: a Pilgrim lo secuestran los trafalmadorianos, unos alienígenas que perciben el tiempo como un todo. Eso les permite ver el futuro y el pasado con la misma claridad que el presente. Pilgrim accede a ese nivel de conciencia y vive continuos saltos en el tiempo. Por ejemplo:
“Billy, puesto que conocía el futuro, sabía que la ciudad sería hecha añicos e incendiada al cabo de unos treinta días. Y también que la mayoría de las personas que ahora le miraban muy pronto estarían muertas.” [en referencia a Dresde]
La dislocación temporal que impregna la novela, y que recuerda a Philip K. Dick, es necesaria para que el autor pueda contar lo que quería y tal como quería: aunando lo sufrido en Alemania con la idea de que toda guerra es absurda y que el libre albedrío no existe.
Al margen de que uno simpatice o no con dichas tesis, Matadero Cinco es una obra maestra de calado abismal, densa y profundamente desconcertante. Y no obstante, sorprendentemente divertida. Por ejemplo:
“–Seguramente habrá recibido cartas –dijo Billy–. Es lógico que le hayan escrito muchas.
Trout levantó un solo dedo.
–Una.
–¿Era de un entusiasta?
–Era de un loco. Decía que yo debería ser nombrado presidente del Mundo.”
Y así todo el rato. Por cierto, su hermano mayor, Bernard Vonnegut, descubrió que con yoduro de plata se pueden bombardear las nubes y provocar lluvia. O eso leo en la Wikipedia. Menuda familia…
Existe una serie de televisión parecida a The Twilight Zone. Está basada en los cuentos de Vonnegut recogidos en el volumen Welcome to the Monkey House, y comparte título. Recuerdo claramente una historia que vi de pequeño en TV3: trataba de una señal llegada del espacio que hacía enloquecer de alegría a quien la escuchara, hasta el punto de que provocaba que el oyente se olvidara absolutamente de todo, incluso de comer. ¿Acaso una versión letal de la música de las esferas?
Y termino: publica Anagrama.
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