Entradas de Mayo, 2008

La Sala de Prensa de El Olivo Azul

Popularidad: 18%

Añadir comentario 31 de Mayo de 2008 a las 10:47 GMT+1 seleucus

La editorial sevillana El Olivo Azul hace lo correcto: recopilar las reseñas que se escriben acerca de sus libros, incluso si proceden de blogs. Otros que se han dado cuenta de que la prensa escrita baja y la digital sube. Lo podéis ver en su Sala de Prensa.

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Otro blog que enlaza el vídeo de Zafón

Popularidad: 14%

Añadir comentario 31 de Mayo de 2008 a las 6:39 GMT+1 seleucus

El blog se llama Don't feed the blog, hábilmente. No lo conocía, tiene su gracia.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, IV

Popularidad: 19%

2 comentarios 30 de Mayo de 2008 a las 6:25 GMT+1 seleucus

Cuarta parte del texto de Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. La tercera se vio ayer.

4. ENCONTRAR EL ALMA

Algún profesional de la filosofía me ha preguntado si era consciente de que en mi obra exponía el pensamiento de Schopenhauer con más claridad y acierto que en la mayoría de las obras especializadas. He de responder que no, que no era consciente. Al contrario, mientras escribía la novela tenía casi la seguridad de que, cuando se publicase, iba a recibir palos de los filósofos especialistas en el tema, que descubrían infinidad de fallos que un profano como yo no podría menos que cometer. La sorpresa ha sido que, una vez publicada, los pocos especialistas que se han pronunciado lo han hecho, de manera unánime, positivamente. ¿Cuál ha sido el secreto de este extraño “prodigio”? Desde luego, no el haber recurrido a un libro determinado. Yo creo que ha habido otra razón, que trataré de exponer a la luz de la estética de Schopenhauer, y quizá con sus mismas palabras (o mías de la novela, ya no sé).

Toda creación auténtica se basa en un conocimiento verdadero, y este conocimiento tiene su origen, no en los fríos datos, sino en una percepción intuitiva en la que queda implicada toda la personalidad del sujeto cognoscente. Ha de haber una conmoción en el sujeto, un misterioso presentimiento de la tierra prometida. Es entonces cuando aquella percepción intuitiva del objeto, aún siendo momentánea e indivisible, confiere alma y vida a todo el proceso de creación de la obra por largo que éste sea, igual que la gota de un reactivo confiere a toda la solución los colores del precipitado. El núcleo fundamental de una obra de arte es una intuición objetiva, y ésta exige el aquietamiento absoluto de la voluntad (es decir, de las propias apetencias o intereses). Porque sólo entonces el artista se convierte en sujeto puro de conocimiento.

Pues bien, parece que conseguí esa “percepción intuitiva del objeto”, de manera que, habiéndome apropiado de la totalidad de la persona del filósofo, no podía errar en la exposición de su filosofía. Pero ha de quedar claro que todo esto es algo que un crítico o especialista de la literatura ni aceptará ni comprenderá. Porque ocurre que los críticos y especialistas estudian las obras de arte analizándolas, descomponiéndolas, desconstruyéndolas. No está mal, ya que así suelen llegar a algunos resultados apreciables. Lo malo es cuando se imaginan que un creador opera de la misma manera, pero al revés: juntando las piezas, componiendo el artefacto. Pues no. Es como si un estudiante de medicina, que para estudiar un cuerpo ha de diseccionarlo, desmontarlo, imaginase que la naturaleza, para formar ese cuerpo, ha operado de la misma manera: juntando las piezas. Pues no. Y es que en la mesa de operaciones no se puede encontrar el alma. Porque el alma, en las obras y en las personas, es expresión de una totalidad, que sólo se puede captar intuitivamente. Si se empieza a analizar, a separar, a trocear, se destruye esa totalidad y ya no hay manera de encontrar el alma... Claro que siempre se pueden escribir muchos tratados de cientos o miles de páginas, pero ése es otro asunto.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, III

Popularidad: 19%

Añadir comentario 29 de Mayo de 2008 a las 6:22 GMT+1 seleucus

Tercera parte del texto del escritor Antonio Priante acerca de su novela El silencio de Goethe (la segunda se vio ayer):

3. ¿NOVELA HISTÓRICA?

Algunos han considerado una virtud que la obra esté exenta de la parafernalia típica de las novelas históricas (en este caso faltarían pelucas empolvadas, candelabros, miriñaques, coches de caballo, etc.). Virtud o no, es verdad que El silencio de Goethe, igual que mis anteriores novelas, situadas todas en una época que no es la nuestra, carece de los ingredientes típicos de la llamada novela histórica, hasta el extremo de que yo no las incluiría en este género. Y es que nunca me ha interesado el decorado, sino las acciones y pasiones de los personajes. Sin embargo, a veces quisiera ser menos adusto o austero o esencialista, o como mejor se diga, y me gustaría dar un poco (sólo un poco) de color y animación a los escenarios. Pero no puedo; no sé. Así que ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que todo eso que ahora se aplaude pudiera ser más el resultado de un defecto que el de una virtud del autor... defecto de terribles consecuencias en el mundo editorial. Ahí va un ejemplo.

Tengo una novela, escrita hace veinte años, que aunque bastantes asesores literarios han considerado de gran calidad, ninguna editorial ha querido publicar. ¿Por qué? La mayoría se limitaban a la explicación típica (no encaja en la línea, etc.). Pero dos fueron más explícitas. Dijeron que estaban dispuestas a publicar la novela siempre que introdujese algunas reformas. ¿Qué reformas? Es fácil de imaginar. Se trata de una novela ambientada en el mundo romano del siglo IV, donde se describe el enfrentamiento amistoso de dos temperamentos, dos poetas (Décimo Magno Ausonio y Paulino de Nola), que ejemplifican dos maneras de ver el mundo, escrita con mi habitual economía de efectos escénicos. ¡Inconcebible! ¿Se ha visto alguna vez una novela de romanos donde no haya circo, gladiadores, batallas, asesinatos, incestos? Así, que había que subsanar esto de alguna manera. Me negué, en ambos casos me negué. Y no sólo por dignidad, sino también y como he apuntado antes... porque no hubiese sabido cómo hacerlo. Todo lo cual demuestra algo que muchos ya sabíamos sin necesidad de demostración: que las bondades de una obra artística nada tienen que ver con los intereses de la industria y el comercio.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, II

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Añadir comentario 28 de Mayo de 2008 a las 6:06 GMT+1 seleucus

Segunda parte del texto en que Antonio Priante discurre acerca de su novela El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer (publiqué la primera parte ayer):

2. LA CLAVE

Otra objeción que se me ha hecho es que el diálogo que el filósofo mantiene con August Becker es mucho menos creíble que el que mantiene con Eckermann. En esto tengo que dar toda la razón al crítico, sin reticencias ni ironías. Es cierto que el diálogo con August Becker no parece ni la mitad de creíble que el mantenido con Eckermann. Yo mismo me he estado preguntando por qué, y creo que al final he dado con la respuesta. Respuesta que, curiosamente (o naturalmente), se puede exponer con los términos propios de la estética schopenhaueriana.

Por si no quedaba suficientemente claro a lo largo de lo que iba escribiendo, quise crear una escena en que, de una manera viva y rotunda, quedase retratado el carácter de nuestro filósofo. Entonces supuse que Schopenhauer podría estar celoso de Eckermann por la familiaridad que éste había tenido con Goethe y que tan poco había sabido aprovechar (según mi personaje). Y los puse ahí, uno frente a otro, y dejé que se expresasen en absoluta libertad. Es decir, me abandoné a la contemplación directa del objeto, con aquietamiento absoluto de la voluntad (el interés, panfletario, de demostrar esto o aquello).

En el diálogo con August Becker la cosa fue muy diferente. Veía que la novela se estaba acabando; gracias a no sé qué extraña inspiración había solucionado el problema de que el filósofo explicase (¡a sí mismo!) su propia filosofía: contándosela a su fiel perrito en la noche de insomnio. Pero tenía algunos temas pendientes que quería aclarar: la rectificación final de su opinión sobre las mujeres, la excéntrica tipología de sus lectores (militares, mujeres, hombres de negocios, artistas), su no antisemitismo dentro del contexto de la época (mito tan difícil de erradicar), sus relaciones con Wagner, en las que curiosamente se reproducía la situación asimétrica (falta de correspondencia por parte del “maestro”) que él mismo había sufrido con Goethe... Había leído que, unos días antes de su muerte, Schopenhauer había recibido la visita de Gwiner, uno de sus “apóstoles”, con el que había pasado una tarde muy agradable, hablando de los temas más variados. Podría aprovechar esa conversación, pensé... pero no, porque de esa conversación hay constancia y, aun en el caso de que pudiese acceder a ella, no me serviría para los fines mencionados. Entonces imaginé que, por los mismos días, había tenido la visita de otro “apóstol”: el jurista Johann August Becker, con el que, además, mantenía una correspondencia, que fue publicada por el hijo de Becker. ¿Y por qué Becker, y no Frauenstädt o cualquiera de sus otros fieles? Simplemente porque Becker era jurista, como yo lo he sido, y así podía imaginármelo con intereses más fuertes que los de su oficio, como ha sido mi caso. O sea, que se podría decir que August Becker soy yo... tratando de aclarar con mi personaje algunos de los temas que teníamos pendientes. Y es ese intento de aclarar y precisar, es ese enfoque interesado, no contemplativo, el que dio un resultado menos artístico que el del diálogo con Eckermann, como muy agudamente detectó mi crítico.

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Antonio Priante discurre acerca de El silencio de Goethe, I

Popularidad: 18%

Añadir comentario 27 de Mayo de 2008 a las 6:31 GMT+1 seleucus

Antonio Priante me ha pasado un texto que escribió después de que la editorial Cahoba le publicase su obra maestra El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. Se divide en cuatro partes donde se presentan consideraciones de diversa índole. Os las voy a suministrar en cuatro dosis. Aquí la primera:

1. ARTE Y REALIDAD

Se ha dicho que el personaje de la novela es más un arquetipo que el reflejo fiel del que pudo ser el Schopenhauer real. Estoy absolutamente de acuerdo: el personaje de la novela es un arquetipo y no es ni puede ser un fiel reflejo de algo real. Por la sencilla razón de que es un producto artístico, y un producto artístico no es nunca un reflejo fiel de nada. Para reflejos fieles, los espejos (aunque tienen la buena idea de invertir las imágenes), las fotografías mecánicas y las películas, dramas y series televisivas realistas, es decir, de esas “que encuentran la vida cruda y la dejan sin hacer” (O. Wilde). Sí, toda creación verdaderamente artística es autónoma respecto a la realidad. La realidad puede ser tomada como referencia lejana, como materia prima para desbastar y utilizar, pero el objeto y fundamento del arte es siempre el arte, es decir, la plasmación de la Idea que la naturaleza apunta pero que es incapaz de realizar. Para aclarar más este concepto mío (y de Schopenhauer y de Goethe, ¡en algo estaban de acuerdo!) recomiendo la lectura de la página 121 del libro.

Lo que ocurre es que, cuando se trata de personajes de pura ficción (o legendarios, que casi es lo mismo), el hecho de que sean arquetipos (piénsese en Don Quijote, Werther, Don Juan, Fausto, Raskólnikov, etc.), no plantea ningún problema. En cambio, cuando el personaje arranca de cierto individuo que vivió realmente (el Julio César de Shakespeare, el Adriano de Yourcenar, el Schopenhauer de éste que escribe) se plantea naturalmente el problema de si debe o no ser, en la novela, un fiel reflejo de lo que fue en la vida.

Sobre “si debe”, las respuestas pueden ser varias; sobre “si es”, para mí, sólo hay una respuesta verdadera: no, no es ni puede ser un fiel reflejo, no puede haber una correspondencia exacta entre el personaje de la novela y el ser vivo que existió en otro tiempo. El novelista debe descubrir la Idea del personaje, no sus funciones neurovegetativas o su agenda diaria.

Pero en todo esto hay una paradoja. Y es que el escritor ha de crear la obra como si eso (lo que acabo de negar) fuese posible. Ha de imbuirse de la personalidad del novelado, llegando en cierto modo a ser él mismo. Esto es lo que yo hago, lo que yo hice en esta novela, sabiendo sin embargo que el producto no sería una fotocopia de Schopenhauer, sino una obra de arte...

Y para seguir con el tono antimodesto de este comentario, voy a citarme. Lo que sigue es un párrafo de una conferencia que pronuncié sobre la novela histórica (centrada en la antigüedad clásica):

“Pero ocurre que una novela no es ni puede ser una reconstrucción histórica, no puede pretender un resultado de máxima fidelidad al carácter del personaje histórico y a la realidad de los acontecimientos. Si muy poco podemos saber de la vida verdadera del vecino de enfrente, ¿cómo nos atreveríamos a decir que, sobre la base de los cuatro papeles que nos dejó escritos, hemos reproducido con exactitud las vivencias y sentimientos de una persona muerta hace dos mil años? Es ésta una tarea imposible. Yourcernar confiesa haberlo intentado. Pero nadie sabrá nunca si lo ha conseguido. Quiero decir que sabemos que su Memorias de Adriano es una obra maestra, pero nunca sabremos si el Adriano que gobernó Roma se reconocería en ella.”

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La tercera virgen, de Fred Vargas

Popularidad: 23%

8 comentarios 26 de Mayo de 2008 a las 6:35 GMT+1 seleucus

Esta mujer no para de exhibir un nivel de creatividad envidiable. Y la editorial Siruela no deja de acertar cada vez que le publica un libro.

Frédérique Vargas (no es su apellido real, creo) nació en París en 1957. Se licenció en Historia y Arqueología y comenzó a publicar novelas policíacas de gran calidad y éxito notable, tanto de público como de crítica (premios literarios incluidos, es de suponer que limpios). Sin ir más lejos, Siruela ha puesto en circulación Los que van a morir te saludan y Sin hogar ni lugar, entre otras.

El título original de la novela es Dans les bois éternels, es decir, En los bosques eternos. Dista mucho del título que le han impuesto en Siruela, pero a decir verdad el cambio no ha sido para mal, ya que expresa aun mejor el contenido de la obra. Y el protagonista de la misma es el comisario Adamsberg, quien ya fue el personaje principal de otra obra maestra de Vargas, Bajo los vientos de Neptuno. El asunto vuelve a ser oscuro y casi preternatural, como siempre que interviene Adamsberg en la acción: sepulturas profanadas, ciervos muertos de la manera más salvaje, personalidades disociadas y una sombra misteriosa que se desliza en la oscuridad. Todo teñido del negro más genial que Fred Vargas es capaz de imprimir, con sus diálogos chispeantes incrustados en una narración de ritmo vertiginoso, a pesar de las casi cuatrocientas páginas. Todo un ejemplo de cómo escribir largo y tendido sin aburrir al personal.

Me ha hecho gracia encontrar una referencia a la atrabilis, de la cual ya hablé a raíz de Kipling. Reproduzco las líneas de Vargas:

"–No ha muerto, pero da lo mismo. Tiene depresión. Le pasó al carnicero de Arbec y le duró dos años. No estás enfermo, pero te metes en la cama y ya no te quieres levantar. Y no eres capaz ni de decir por qué.
–Es triste –marcó Achille.
–Mi abuela lo llamaba melancolía –dijo Robert–. A veces, la cosa acababa en la laguna del pueblo."

Pues eso, que publica Siruela y traduce Anne-Hélène Suárez Girard.

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Acerca de El médico del tiempo, de Ann Benson

Popularidad: 13%

Añadir comentario 25 de Mayo de 2008 a las 6:40 GMT+1 seleucus

Nada, señores de Grijalbo, que no cuela. Esto es lo que es, valga la redundancia tautológica.

La señora Benson (o señorita, que no estoy al caso) ha pergeñado un producto tapa dura-mente blanda que pretende pasar por ciencia ficción de calidad al alcance de todos los públicos. Pero es que no. ¡No! Trata de unos terroristas que lanzan un ataque bacteriológico que acaba incluso con el apuntador. Pero alguien muy avezado descubre que en un texto medieval puede estar la cura para la plaga del siglo XXI. De ahí el título: médico... dos tiempos... El médico del tiempo. Nivel de escrúpulos: cero.

Además, alguna mente preclara del insigne diario Boston Herald Sunday dijo una frase que no he podido dejar de apuntar (es que la han reproducido en la contracubierta, los muy...):

"Aquéllos que amen las narraciones históricas ricamente ambientadas, la exporación llevada al límite y los thrillers con componentes médicos, disfrutarán con los libros de Ann Benson."

Exactamente. Esta frase es una firme candidata a la Peor Frase Publicitaria de los próximos Premios Seléucidas, a fallar (con 'a') el 31 de diciembre de 2008.

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Frikismo absoluto: El Vengador Tóxico y la productora cinematográfica Troma

Popularidad: 11%

5 comentarios 24 de Mayo de 2008 a las 6:10 GMT+1 seleucus

En virtud de mi voluntad salvífica por comerme las peores películas de la historia para que os las ahorréis y permanezcáis intactos, hoy os voy a marear con un icono de la serie Z elevada al cubo: El Vengador Tóxico (The Toxic Avenger). Pero antes os hablaré de su responsable, la productora Troma Entertainment.

Troma la fundaron Lloyd Kaufman y Michael Herz en 1974, dos frikis salidos de la Yale University (para que luego digan...). Su visión de futuro los llevó a apostar por un cine de calidad nula y argumentos descerebrados. Un exponente es Los Surfistas Nazis deben morir, película cuyo visionado estuve a punto de abandonar porque era demasiado mala, incluso para mí. Fue en un pase público en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, hace unos diez años. Lo recuerdo como si fuera ayer. Aún me despierto oyendo el horrible chillido de los corderos...

Otro de los iconos de Troma es la película Tromeo y Julieta. No diré más. El nombre de la productora, a mi parecer, viene de un grupo de palabras del griego antiguo: el verbo 'troméo' ('temblar', 'temer'), el substantivo 'trómos' ('temblor', 'temor') y el adjetivo 'tromerós' ('tembloroso'). Si algún día tengo el placer de conocer a los fundadores, se lo preguntaré.

Más allá de todo ese espanto, la gran obra maestra de Troma es El Vengador Tóxico, filme que tuvo tres secuelas, a cuál peor. Incomprensiblemente, la primera puntúa 5'6 en IMDb, hecho que me hace pensar que el número de tarados que votan en esa página es muy superior a lo concebible. Os resumo brevemente el argumento de la primera entrega, y dejo a vuestra imaginación el resto: un chavalín es objeto de burla y escarnio por parte de los cachas del gimnasio, sujetos que fuman porros y se meten anfetaminas como si fueran Chupa-Chups. Un día, el chavalín indefenso, huyendo de ellos, cae en un cubo de residuos tóxicos que había por allí y muta, convirtiéndose en El Vengador Tóxico. Mediante un salto evolutivo que haría las delicias de los darwinistas, desarrolla la capacidad de saber quién es mala persona a simple vista. Eso le facilita su misión: matarlos a todos sin escrúpulo alguno.

Mas la locura no termina aquí. En un alarde de desquiciamiento inconmensurable, el guionista (el propio Lloyd Kaufman) hace que El Vengador Tóxico se eche una novia, que no sólo está buena sino también ciega. Así, ella no ve que él es un monstruo, pero percibe su belleza interior.

Para quien quiera ponerse a prueba, ahí van dos avances: primero, el de Surf Nazis Must Die, y luego el de la primera parte de The Toxic Avenger.

Esta pelicula requiere Flash Player 8 o superior

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Un héroe polaco, de Henryk Sienkiewicz

Popularidad: 16%

4 comentarios 23 de Mayo de 2008 a las 6:57 GMT+1 seleucus

Tercera parte de la soberbia trilogía de Sienkiewicz acerca de su patria polaca. Las otras dos son A sangre y fuego y El diluvio.

El autor vuelve a canviar de protagonistas. Y de enemigos. Ahora ya no son suecos sino turcos, aliados, eso sí, con los malos de la primera: tártaros y cosacos. El Imperio Otomano estaba en el punto máximo de su expansión, y si caía Viena, Occidente tendría un problema aún más serio del que ya tenía. Pero allí se los detuvo: el 12 de septiembre de 1683 en la Batalla de Kahlenberg.

Historia, bien sazonada por el maestro Sienkiewicz.

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La Guerra de las Salamandras, de Karel Čapek

Popularidad: 17%

Añadir comentario 22 de Mayo de 2008 a las 6:17 GMT+1 seleucus

Actualización del 09-10-2008: No sé si las traducciones españolas se han hecho del checo directamente. En todo caso, recomiendo la traducción inglesa War with the Newts (Northwestern University Press), cuya introducción corre a cargo del gran Ivan Klíma.

Voilà, el gran clásico de la ciencia ficción en lengua checa. Obra maestra que juega con el lector ya al final, donde se introduce una autonegación a la manera de farsa, de juego de espejos, que provoca desconcierto y asombro. Pero no pasa nada: el sentido del humor de Čapek es irresistible.

El argumento trata de un descubrimiento destinado a cambiar la historia de la humanidad: en una isla de Malasia (si la memoria no me falla) se contacta con una especie de bichos que no son sino salamadras de aspecto humano. Incluso se les puede enseñar a hablar. El problema es que no hablan como los loros, sino que hablan porque piensan. Y son listas. Demasiado listas. Incluso se puede perder una guerra contra ellas...

Como dije anteayer, esta novela (y Soy leyenda) tiene todos los números para haber servido de inspiración a Piñol en la redacción de La piel fría. No hablo de plagio. Piñol ha escrito una obra más que estimable, casi genial, sin duda alguna. Pero me costaría creerlo si me dijera que no ha leído La Guerra de las Salamandras. Y si la ha leído, siempre quedan remanentes subconscientes que nos sirven de inspiración.

Como curiosidad de mucho peso, tengo que añadir que el hermano de Karel, Josef Čapek, fue pintor y escritor, y antes de morir en el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen tuvo tiempo de inventar algo que cambiaría la historia: la palabra 'robot', derivada del eslavo antiguo 'rabota' ('servitud'). Los Čapek, tan importantes y tan olvidados. Conviene recuperarlos.

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El diluvio, de Henryk Sienkiewicz

Popularidad: 16%

Añadir comentario 21 de Mayo de 2008 a las 6:55 GMT+1 seleucus

Segunda entrega de la trilogía polaca de Sienkiewicz publicada por la editorial Ciudadela. Las otras dos son A sangre y fuego y Un héroe polaco.

En esta obra maestra de la literatura histórica, el autor nos sitúa en el punto en que un imperio entra en decadencia. La República de las Dos Naciones, es decir, la unión de Polonia y Lituania que duró más de dos siglos (XVII-XVIII, grosso modo), y donde también estaban los territorios que actualmente conforman Ucrania, Bielorrusia, Letonia y Estonia, sufre la invasión de los suecos (panda de bestias hasta que fundaron IKEA). Es decir, el diluvio del título. Y ya está liada, por supuesto.

Que la novela histórica me interesa más bien poco no es un secreto. Tiene que ser muy buena para que me fije. Y esta lo es.

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La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

Popularidad: 18%

5 comentarios 20 de Mayo de 2008 a las 7:14 GMT+1 seleucus

Este libro, titulado en el original catalán La pell freda, es una obra casi maestra del horror contemporáneo. No es la primera novela del autor, pero si la que lo lanzó al estrellato.

El protagonista es un ex miembro del IRA desengañado de su lucha particular contra el Reino Unido. Con pretensiones introspectivas, consigue colocarse como vigilante de una estación meteorológica perdida en una islilla del Atlántico. Allí espera ver pasar los días en un remanso de tranquilidad. Pero dicha búsqueda se ve truncada por la aparición aterradora de unos monstruosos antropoides marinos llamados citauca. En su afán por sobrevivir, sufrirá una definitiva ida de olla que lo llevará a usar a un espécimen femenino como...

Piñol tiene unas facultades portentosas para transmitir el espanto extremo que linda con el desequilibrio más insano. Y sabe mantenerse allí sin sucumbir, sin ceder ni un milímetro en un pulso que, con absoluta seguridad, perderá el lector aficionado al género. Se lo ha comparado repetidamente con H.P. Lovecraft, R.L. Stevenson, William Golding o Joseph Conrad, pero la comparación es parcial porque no se parece por separado a ninguno de ellos. En realidad, su virtud consiste en una rara habilidad para mezclar los elementos que dichos autores presentan individualmente. En mi opinión y en el orden en que los he mencionado: el miedo abisal a lo desconocido por ontológicamente ajeno, la capacidad de supervivencia en un ambiente hostil, la reproducción inesperada de patrones de conducta dados por finiquitados en falso y el solipsismo al cual conduce el aislamiento.

Con todo, quiero añadir un factor decisivo (y no sólo para mí) que no se ha valorado en su justa medida. Mas lo haré el jueves. Hablaré de la que creemos algunos que es la verdadera raíz de La piel fría, más allá de Soy leyenda (humano atrapado en una fortaleza rodeada de monstruos). Pasado mañana, la que sea acaso la auténtica inspiración de Piñol.

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A sangre y fuego, de Henryk Sienkiewicz

Popularidad: 17%

13 comentarios 19 de Mayo de 2008 a las 6:52 GMT+1 seleucus

Matrícula de honor para la editorial Ciudadela, que ha publicado de manera conjunta la trilogía de Henryk Sienkiewicz (1846-1916): A sangre y fuego, El diluvio y Un héroe polaco.

En esta primera entrega, el Nobel de Literatura de 1905 nos narra las luchas de la Polonia del siglo XVII contra cosacos y tártaros. Aunque el protagonista principal sea el caballero Kretuski, de conducta intachable, la novela es más o menos coral. Pertenece a un ciclo similar, en conjunto, a lo que Guerra y Paz significa aisladamente, y Sienkiewicz nos muestra la posición de Polonia como marca del Occidente católico entre el Sacro Imperio Romano Germánico protestante y el Ruso ortodoxo.

En un par de días hablaré de la segunda parte de la trilogía.

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A vueltas con Zafón, entre los entresijos y por pasillos en espiral

Popularidad: 16%

15 comentarios 18 de Mayo de 2008 a las 6:02 GMT+1 seleucus

Cuando comencé este blog, básicamente literario, pensé que todo se desarrollaría con relativa tranquilidad. El motivo: no se habla de política. Pero se comprueba una y otra vez que la literatura puede ser igual de peligrosa. Sólo así se explica que los lectores de determinados libros me insulten cuando digo que esos libros no valen nada, a pesar de que no me dedique a insultar a dichos lectores. Recientemente, una lectora de La ladrona de libros llegó a escribirme en un comentario que "si no te gusta, te callas". Es decir, puro fascismo. Nada nuevo. Y encima dice que es una novela experimental, cuando en realidad no es más que un formalismo estético fracasado. Esperimentales son Fogwill y Vonnegut, por ejemplo, no Markus Zusak. Además, huelga decir que si yo entrara en blogs donde pusieran a parir a Bulgákov o Zweig, no se me ocurriría decirles que se callaran ni llamarlos "indocumentados". Me limitaría a no volver nunca más por allí. Hay más de cien millones de blogs en la red. Oferta no falta.

Por otro lado, como ya dije en su momento, todos en el edificio Planeta, sito en la Avenida Diagonal de Barcelona, saben que Zafón es un mal escritor. Todos, incluso los seguratas de la puerta y el tío que va a poner las Coca-Colas en la máquina que hay junto al lavabo. Y no lo digo porque me lo imagine sino porque lo sé. Pero si vende diez millones de ejemplares en todo el mundo, es normal que se callen. Yo mismo lo haría si hubiera pactado con el Diablo, cosa que no he hecho por ahora. Lo patético es que haya lectores que defiendan virulentamente a los que les están vendiendo mercancía adulterada. Siguen en Matrix. Ya lo dijo Platón: si intentas sacarlos de la caverna, te odiarán.

Acerca de la supuesta originalidad de Zafón, no es tal ni de broma. La historia es cursi y afectada. Para llorar ya tengo La patria de la eletricidad, compendio magistral de Platónov. Y si tenemos que hablar del cementerio de los libros olvidados, cualquiera que haya leído a Lovecraft o a Robert W. Chambers sabe de qué va todo eso. La diferencia: Lovecraft y Chambers son infinitamente mejores.

Por lo que se refiere a quien no entiende que la sintaxis es, al menos, tan importante como la historia, no me remitiré a Esquilo en métrica griega. Me centraré en una, sólo una, de las centenares de frases desastrosas que adornan La sombra del viento: "Un secreto vale lo que aquellos de quienes tenemos que guardarlo". Si algunos positivistas lógicos levantaran la cabeza, volverían a morir del espanto, pero antes tendrían tiempo de decir que tal sentencia no tiene sentido ni significado. Conjunto vacío. Suspenso y de vuelta a sexto de EGB.

Para terminar, pongo los vínculos a dos blogs que se hicieron eco de mi vídeo: Doce doce y Frnds 3.0.

Entrada clasificada como: Literatura de aeropuerto, Observaciones varias

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