Sobre arte y literatura, de Joseph Joubert
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7 de abril de 2008 a las 6:03 GMT+1 seleucus
Encomiable la labor editorial de esta pequeña empresa cacereña. Después de publicar una serie de novelas de altísima calidad, nos sorprende ahora con este volumen, el número diecisiete de su colección Biblioteca portátil (formato casi de bolsillo, precio asequible y calidad garantizada).
Esta vez se trata de Joseph Joubert, “escritor sin obra”, como lo llaman. Nacido en Montignac-le-Comte en 1754, este personaje de indudable lucidez intelectual se educó religiosamente y a punto estuvo de tomar los hábitos. Partidario de la Revolución, se desengañó pronto al ver los excesos totalitarios en los cuales cayeron los que tomaron el poder, antes de que Napoleón les parase los pies y pusiera orden al precio de erigirse como Emperador. Conoció al célebre Chateaubriand en 1800, quien lo distinguiría con una amistad inquebrantable. Murió en Villeneuve-sur-Yonne en 1824.
Joubert dejó textos desordenados tras su fallecimiento, y Chateaubriand se encargó de reunirlos y prologarlos. Así, en este volumen de cien páginas tenemos un compendio de los pensamientos, acerca de literatura en particular y de arte en general, que Joubert plasmó bajo forma aforística. Como muestra, lo siguiente:
“Las palabras son como el vidrio; oscurecen todo aquello que no ayudan a ver mejor.”
Toda la razón del mundo, nenghjk.
Francotirador que iba por libre, mente preclara de su momento, Joubert legó a la posteridad una obra tan impagable como desconocida. Periférica ha hecho bien publicando este volumen, y el traductor vertiéndolo a la perfección. Una gran obra, y no sólo para literatos.
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1 comentario Deja un comentario
1.
mutawakil bin al farsi | 7 de abril de 2008 a las 8:06 GMT+2
Como afrancesado que soy te diré que disiento de tu interpretación de que Napoleón paró los pies a la revolución: para cuando el llegó, la Revolución ya había dado marcha atrás con el Directorio (los que se cepillaron a Robespierre tras un golpe de estado). Napoleón volvió a ser un revolucionario, la prueba está en su Código, por ejemplo, aunque eso sí, siguió una línea algo distinta de la Convención.
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