La ciencia del adiós, de Elisabetta Rasy
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25 de marzo de 2008 a las 6:18 GMT+1 seleucus
Ya que esta semana estoy hablando de los escritores represaliados en la URSS, hoy toca hablar de una gran novedad editorial. Elisabetta Rasy (Roma, 1947) ha tenido el acierto absoluto de poner su creatividad al servicio del poeta Ósip Mandelstam (o Mandelshtam, foto tras su segundo arresto) y de su mujer Nadiezhda (Nadia, en otras palabras), paradigmas del sufrimiento bajo la tiranía comunista.
El título de esta novela publicada por Alianza, La ciencia del adiós, es una frase del propio Mandelstam, miembro del grupo de los acmeístas (corriente poética fundada en 1910). Nacido en 1891, fue uno de los poetas más destacados de su tiempo, y terminó deportado en Siberia, donde feneció en 1938, año negro de las purgas estalinistas: entre los miles de asesinados por discrepar con el régimen soviético, se contaron centenares de escritores cuyos cadáveres terminaron en fosas comunes bajo el hielo siberiano.
La autora de esta magnífica novela se ha centrado en la figura de la mujer de Mandelstam, Nadia. La rusa nació en 1899 en el seno de una familia judía, como la de Ósip, y recibió una educación esmerada en letras. Por lo que nos cuenta Rasy, la primera vez que vio a Mandelstam sufrió un flechazo. Amor a primera vista. Se casaron en 1921, año en que los bolcheviques fusilaron a N.S. Gumiliov, poeta y marido de la también poeta Anna Ajmátova, amiga de Nadia. Su amor, con altos y bajos, los mantuvo juntos en una adversidad extrema. Pero Mandelstam, incapaz de callar y agachar la cabeza como los demás, escribió en 1933 el famoso Epigrama a Stalin. Dicho poema le costaría el arresto y la deportación. Débil y demacrado, su salud terminó quebrándose irremediablemente en 1938. Nadia lo sobrevivió décadas: murió en 1980, escribiendo unas memorias que Elisabetta Rasy ha sabido usar a la perfección para crear una novela tan melancólica y triste como necesaria.
Cuando todo se invirtió. Cuando Eurídice buscó a Orfeo...
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6 comentarios Deja un comentario
1.
mutawakil bin al farsi | 25 de marzo de 2008 a las 19:39 GMT+2
Estoy indignado por tu constante política de censura...justo hoy que quería dejar un comentario sobre la Enfermera de Brunete, la guerra civil y las elecciones del 9-m, todo en uno, y vas tú y cierras los comentarios...¡qué fascismo! je je je...un saludo desde Dakar.
2.
seleucus | 25 de marzo de 2008 a las 19:42 GMT+2
¿Ya estás en Dakar? Espero que cuelgues fotos en tu blog o te abras una cuenta en Flickr.
3.
S. Cid | 21 de junio de 2009 a las 14:05 GMT+2
¿Confieso… o no confieso…? Vale, lo haré: cuando, en respuesta a los versos de Pemán, me hablaste de Mandelstam, admito que me dejaste atónita en plan: “¿¿¿cómo-mande-qué???”. No tenía la más mínima idea de que tal señor existiera. Por ello imploro el perdón de los Cielos y la benevolencia de los humanos eruditos para con esta pobre alma ignorante. En penitencia, esparciré ceniza sobre mi cabeza y dormiré sobre un lecho de púas durante todo un mes. ¿Es suficiente la expiación que me impongo o he de ser más dura? Caridad, amigo Seleucus, que es virtud teologal, y enseñar al que no sabe, que es obra de misericordia.
Frena, frena…, que ya empiezas otra vez con tus desvaríos. No obstante, es cierto lo que digo: no conocía a Mandelstam ni tenía idea del libro de Elisabetta Rasy que recomiendas. De modo que gracias por ilustrarme y porque tu comentario me ha sugerido una de las lecturas para mis vacaciones veraniegas, porque pienso comprarme el libro [de hecho…, ¿qué hago aquí parloteando como una chiflada? Corro a comprarlo
]. Ya te contaré (pero eso será para después del verano) qué me ha parecido. Aunque seguro que me gusta, porque el tema me atrae…
Hace poco, navegando a la deriva por aquí y por allá, encontré un blog en el que la autora discurseaba sobre la literatura escrita bajo regímenes autoritarios. Daba un buen repaso a diversas dictaduras, pero se dejó en el tintero la soviética… Lástima no haber sabido de Mandelstam, porque podría haberle escrito un comentario al respecto. Y mira que lo pensé… Se me ocurrió que Ayn Rand podría ser un buen modelo con que ilustrar su inocente olvido: “Petrogrado olía a ácido fénico”… Cuando era jovencilla, mi madre me regaló Los que vivimos, y no había sino abierto el libro cuando mi padre me soltó esa frase. Me quedé perpleja. Leí el comienzo de la novela y… ahí estaba la frasecita de marras. Todavía me pregunto cómo se la sabía. “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”, pues vale, todo el mundo la conoce; pero… ¿“Petrogrado olía a ácido fénico”? Tú me dirás…
Me voy, que te veo venir de nuevo con el rollo de esparadrapo…
Saludos.
S. Cid
4.
S. Cid | 21 de junio de 2009 a las 14:06 GMT+2
A ver..., una prueba porque he hecho mal lo de la cursiva:
cursiva
¿Sale?
Saludos de nuevo.
S. Cid
5.
seleucus | 21 de junio de 2009 a las 14:11 GMT+2
Ahora lo has hecho bien, pero te he corregido la cursiva del primer comentario. El otro día te dije que usaras "em", pero también se puede usar "i", que es más intuitivo porque se refiere a "italics".
Estoy seguro de que te gustará mucho la novela de Rasy. He visto que le han publicado otra en Alianza, pero no sé de qué trata.
6.
S. Cid | 23 de junio de 2009 a las 10:06 GMT+2
Sí, cuando puse la < i > me sonaba que era otra cosa lo que me habías dicho, pero como bien apuntas pensé en "italics". De cualquier forma, ya sé cómo se hace
. (Ah, gracias por arreglarme el desaguisado que monté en mi primer mensaje).
Saludos.
S. Cid
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