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20 de marzo de 2008 a las 18:16 GMT+1
seleucus
Acabo de volver a ver la versión de Godzilla de ese inútil de Roland Emmerich. Por enésima vez. Lo mejor es la frase publicitaria: "El tamaño sí importa". Ni Peter North lo habría expuesto mejor (sobre todo por lo de "expuesto"...)
A lo que iba. Emmerich es tan tonto del haba que introduce elementos disruptivos en la trama. A saber, algo inverosímil: que sólo con dos misiles antitanque Maverick, un F-18 se pueda cargar un pabellón deportivo como el Madison Square Garden. Eso no se lo cree ni el tío que le vende el periódico a mi padre. Debería haberse asesorado mejor.
Pero lo peor es el plagio del final de Blade Runner. Ni me había dado cuenta hasta ahora. Godzilla muere mientras llueve, mirando a los ojos a Matthew Broderick, y con el palpitar de su corazón (de Godzilla, claro) de fondo. Igual que la muerte de Roy (Rutger Hauer) ante Deckard (Harrison Ford). Sólo que el lagarto mutante no tenía en la mano una paloma blanca que soltar, ni ha dicho "All those moments will be lost in time like tears in rain. Time to die". Me habría cortado las venas.
Roland, ya estás forrado. Cómprate un caserío en una de las lunas de Saturno y retírate.
Entrada clasificada como: Ciencia ficción/Futurista,Literatura y cine,Observaciones varias
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20 de marzo de 2008 a las 7:43 GMT+1
seleucus
La editorial Rey Lear ha sacado a la luz un clásico totalmente olvidado: Los Niños del Agua, del desconocido (en España) Charles Kingsley (1819-1875).
Kingsley era el hijo de un clérigo protestante. Se ordenó sacerdote y adoptó ideas socialistas que lo llevaron a enfrentarse con John Henry Newman, nada más y nada menos. Compaginó su profesorado en la Universidad de Cambridge y su canonjía en la Abadía de Westminster con su carrera como escritor. Producto de dicha carrera es este libro.
Los Niños del Agua se publicó poco antes que el Alicia de Lewis Carroll, y como ése, es un libro que parece dirigido a niños o a jóvenes. Pero sólo lo parece, pues su lectura trasciende esa franja de edad.
El argumento gira alrededor de un chaval que no ha conocido a sus padres y trabaja, de deshollinador y como un esclavo, a las órdenes de un inglés borracho que lo golpea por diversión. Huyendo acusado erróneamente de un robo, cae en un lago, pero no muere ahogado sino que se transforma en un Water-Baby, un Niño del Agua.
El autor, quien al parecer quiso componer la obra tomando como base ideas darwinistas, puso lo mejor de sí literariamente hablando, creando una novela de interés indudable. Derrocha imaginación por doquier. En este sentido, la editorial Rey Lear ha acertado recuperándola, y más teniendo en cuenta que la edición es magnífica, en tapa dura y con los dibujos de la época. Con todo, hay que decir que algunos de los mencionados dibujos son más dignos de acompañar a Lovecraft que a un volumen como éste.
Entrada clasificada como: Editoriales respetables,Infantil/juvenil,Rey Lear,Sobrenatural/Terror/Fantasía
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