Apuntes de Antonio Priante para escribir El corzo herido de muerte (II)
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4 de Marzo de 2008 a las 7:18 GMT+1 seleucus
Segunda parte del texto de Antonio Priante (la primera se vio ayer).
16-II-98
Aplicar desde fuera un razonamiento riguroso sería el método de la ciencia, en este caso, la psicología (si es que la psicología es una ciencia). El "método" del arte consiste en aprehender el objeto de una manera inmediata y global: intuitiva. ¿Cómo se consigue esto?
No hay cómo, o se consigue o no: éste es el misterio fundamental del arte. Después viene lo otro, la técnica que permita desarrollar materialmente aquella "aprehensión" o intuición esencial. Pero sobre la técnica no hay que preocuparse demasiado. Si la intuición es verdadera, producirá ella misma los instrumentos que necesita para manifestarse adecuadamente. Como todo en la naturaleza.
En apariencia hay dos Larras. El constructivo de la mayoría de sus artículos y el destructivo de algunos de ellos ("La Sociedad", "Día de Difuntos", "Nochebuena de 1836"...); el clásico que propugna una sociedad racional y ordenada, basada en la libertad y en la cultura, y el romántico, que vislumbra el caos y la nada por doquier, incluso al final de esa sociedad racional y ordenada ("libertad para recorrer ese camino que no conduce a ninguna parte").
Larra posee una personalidad descompensada, desequilibrada: poderoso en el análisis, raquítico en la síntesis. Ve los males como nadie, los estudia, los analiza, los reprueba; en todo este proceso camina sobre tierra firme. ¿Pero cuál es el otro lado de esos males, de esas carencias? Una España en paz, libre, próspera, europea... Sí, en lo social tiene una referencia, un modelo, algo que proponer y hacia donde tender. Pero ¿y en lo personal? Aquí está el gran déficit de Larra: su incapacidad para sintetizar un modelo personal, que sirva al individuo y no sólo a la sociedad.
La descompensación, el desequilibrio de la personalidad de Larra la veo de esta manera: por una parte, una inteligencia poderosa, penetrante, que se aplica a la crítica corrosiva, y sin embargo constructiva, de la sociedad; por otra parte, una incapacidad radical de esa inteligencia para proporcionarle una visión del mundo (no sólo político) en la que pueda sentirse mínimamente cómodo. Claridad meridiana sobre la sociedad: sus defectos, sus remedios; oscuridad absoluta sobre el individuo: "mi corazón no es más que otro sepulcro". Esta zona de oscuridad es la que me interesa.
Más que de oscuridad habría que hablar de vacío.
Existe la tentación de explicar este vacío como la consecuencia de determinados acontecimientos vitales: el fracaso político, el fracaso amoroso. No hay que caer en la tentación. Las vicisitudes no marcan el carácter; es el carácter el que se expresa a través de las vicisitudes. Más claro: en Larra, el sentimiento de vacío no es consecuencia de ciertas experiencias vitales, sino al contrario: el modo en que experimenta la vida es consecuencia de su sentimiento de vacío.
Entrada clasificada como: Antonio Priante, Autores del Proyecto Seléucida, Cahoba, Editoriales respetables


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