Amor y basura, de Ivan Klíma
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28 de febrero de 2008 a las 7:22 GMT+1 seleucus
Nada sabía de este autor mayúsculo y, de pronto, me cayó del cielo una obra maestra de nombre tan extraño como poco comercial, Amor y basura, publicada por Acantilado, editorial donde tantos se han despeñado.
Ivan Klíma (prohibido bromear con su nombre) nació en Praga en 1931. Estuvo recluido en un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se volcó en la escritura, pero los comunistas prohibieron sus obras por considerarlo sospechoso, de manera que se vio obligado a vivir de trabajos tan alejados de su ser como el de conductor de ambulancias. Fue a los Estados Unidos para dar clases como profesor visitante en la Universidad de Michigan, y en lugar de quedarse decidió regresar a su tierra, error que pagó con más ostracismo. Escribió la presente novela entre 1983 y 1986, pero no pudo publicarla hasta 1990, una vez hubo fenecido el régimen soviético.
Un título tan curioso tiene muchos números para esconder algo, a menos que se trate de un bluf. Y no lo es. Klíma convierte al protagonista de la novela en su alter ego, y nos lleva por un viaje interior que se desdobla entre dos elementos tan antagónicos como el amor y la basura. Dicho protagonista es un obseso de Kafka (cuya figura está presente de modo explícito a lo largo de la novela), y como escritor marginado por el sistema comunista se ve forzado a trabajar de barrendero. Ésa es la excusa perfecta para que Klíma se entregue, en algunas páginas, a una disquisición de Praga similar a la que Walter Benjamin llevara a cabo acerca de París con ocasión de la revolución en la experiencia estética que comportó la aparición de los bulevares en el siglo XIX. La diferencia está en que el checo se centra en la basura como imagen de una sociedad enferma por totalitaria, y Benjamin en la revolución burguesa y mercantil.
Por lo que al amor se refiere, el protagonista vive escindido entre su mujer y madre de sus dos hijos, y su amante que lo presiona para que abandone a la legítima. Él no se decide, como tampoco se pudo decidir Kafka, perpetuamente quebrado, roto, con un pie en un arte que le exigía la entrega de su vida misma y otro en las solicitudes de compromiso matrimonial.
Novela densa, obra maestra, Klíma nos ayuda a comprender a Kafka al mismo tiempo que nos narra una parte de su propio periplo bajo forma de ficción surrealista.
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