El hígado y el bazo: de Baudelaire a Benjamin pasando por Kipling
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30 de Enero de 2008 a las 7:04 GMT+1 seleucus
Voy a tratar esta cuestión con toda la claridad posible para que a nadie le estalle el cerebro y yo mismo no me líe innecesariamente, puesto que es un asunto complicado.
Los antiguos fisiólogos (médicos) aseveraban que el cuerpo humano tiene cuatro humores (o sea, líquidos): la sangre (arrojo), la flema (apatía), la bilis (amarilla y presente en el hígado, señal de buena digestión y salud) y la melancolía (literalmente “bilis negra” en griego antiguo, señal de mala salud y depresión). De ahí la expresión “estar de mal humor”. Hasta aquí, todo en orden. Sigo.
Charles Baudelaire (1821-1867), poeta tan genial como tarado, dividió su obra maestra Las Flores del Mal en seis partes, siendo la primera “Esplín e Ideal”. ‘Esplín’, según la RAE, es la melancolía, el tedio de la vida. Viene del inglés ‘spleen’, que viene a su vez del griego antiguo ‘splen’ (el bazo). Para Baudelaire, el spleen (en francés) es el humor del flâneur, es decir, del paseante, del individuo que recorre la ciudad moderna por antonomasia del siglo XIX (París), asumiéndola como obra de arte que refleja la totalidad, el propio mundo. El flâneur observa la ciudad como un museo. Y no me refiero a sacar la cámara y fotografiar la Sagrada Familia en Barcelona, sino a interiorizar la ciudad misma como experiencia estética, como categoría ontológica separada. De ahí la idea de Walter Benjamin (1892-1940) para redactar su impresionante texto inconcluso La obra de los pasajes (también conocido como París, capital del siglo XIX), donde habla de los pasajes de París.
Dichos pasajes son lo que hoy conocemos como galerías comerciales. Nacieron en la capital francesa en el siglo XIX y constituyeron una revolución comercial y urbana, ya que el personal no acudía sólo a comprar sino a ver, a dejarse ver y a pasear (verbo ‘flâner’ en francés). No obstante, el flâneur es un voyeur, y como tal prefiere que no se lo vea. Sólo quiere experimentar como sujeto, no que se lo perciba como objeto. Es solitario por naturaleza y su humor propio es la melancolía, originalmente en el hígado pero desplazada al bazo. El spleen de París…
“Pero nenghj, ¿a qué viene hoy esta agonía?”, os preguntaréis. Pues a unas frases que saltaron ante mis ojos mientras leía el libro del cual os hablé ayer, La luz que se apaga, de Rudyard Kipling (editorial El Cobre). En la página 78 encontramos un diálogo entre dos de los protagonistas, Torpenhow y Dick, donde aquél habla en primer lugar:
“-¿Estás mal del hígado?
-El hombre realmente sano no sabe que tenga hígado. Tengo morriña. Supongo que es el alma…
-El hombre verdaderamente sano no sabe que tenga alma. [...]”
Mas allá de la agudeza del diálogo, llama la atención la referencia a la teoría de los humores. Dicen que las buenas noticias no son noticias. Eso se puede aplicar aquí: no piensas en un órgano hasta que falla. Los sanos no piensan en su hígado, mas los melancólicos sí. O deberían.
Entrada clasificada como: Editoriales respetables, El Cobre, Observaciones varias, Recomendaciones literarias


3 comentarios Deja un comentario
1.
Alberto Barreiro | 31 de Enero de 2008 a las 2:06 GMT+1
Muchas gracias, muy bueno lo que has escrito. Fíjate que el tema me tiene interesado. Acabo de leer otro texto que también me pareció muy bien:
http://eduardoberti.blogspot.com/2008/01/los-orgenes-del-spleen.html
Un saludo,
Alberto
2.
lepetitjean | 31 de Enero de 2008 a las 8:59 GMT+1
A propósito de Walter Benjamin [pronúnciese "Valta Bényamin"; nada de "Uolter Benshamin"] y su imposible libro sobre París, me pregunto por qué se ha hablado en español de “pasajes”, que no es más que un préstamo del alemán que a su vez llega del francés.
En su Diccionario dice María Moliner que un pasaje, amén de muchas otras cosas, es una “calle estrecha y corta, o paso entre dos calles que va por debajo de las casas”.
Los ingleses hablan de “arcades”, y algún españolito ha tenido la osadía de incorporar término y concepto a nuestra lengua.
Lo cierto, sin embargo, es que la traducción más razonable es “bulevares” o “galerías”.
Claro, hablar de WB y de bulevares o galerías comerciales suena en un primer momento raro, anatema incluso, para cualquier fundamentalista del materialismo dialéctico. Pero cualquiera que haya leído no más de veinte páginas del Passagen-Werk se dará cuenta de cuál es el propósito de Benjamin: mostrar cómo un determinado espacio urbano se ha convertido en metáfora –que no alegoría– de una sociedad.
3.
seleucus | 31 de Enero de 2008 a las 9:29 GMT+1
No sé alemán, pero es cierto: “bulevares” es lo más adecuado.
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