El Cobre Ediciones

La tarea del crítico

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21 de Enero de 2008 a las 7:31 GMT+1 seleucus

Lejos de mí querer imitar a Walter Benjamin copiando el título de su obra de referencia La tarea del traductor. Escribo esta entrada porque, hace unos días, alguien que no ha entendido de qué va todo esto me criticó por basar (según él) mis críticas literarias en las tendencias políticas de los escritores. Concretamente, fue en la entrada que dediqué a La enfermera de Brunete.

Cualquiera que me conozca o haya seguido este blog sabe que no funciono así. Tengo mis tendencias políticas, como todo el mundo, pero no las traspaso a la crítica literaria. Mi manera de hacer crítica la expuso diáfanamente C.S. Lewis en On Criticism (De la crítica), presente en Of Other Worlds: Essays and Stories (De otros mundos: Ensayos e historias), y a él me remito:

“El problema es que determinados términos de la crítica (‘inspirado’, ‘superficial’, ‘meticuloso’, ‘convencional’) implican una supuesta historia de la composición. El vicio crítico del cual estoy hablando consiste en ceder a la tentación que dichos términos mantienen y entonces, en lugar de preguntarnos qué es bueno y qué es malo en un libro, inventar historias del proceso que ha llevado a la calidad o a su falta. ¿O acaso [los críticos] están confundidos por el doble sentido de la expresión ‘por qué’? Porque, naturalmente, la pregunta “¿por qué esto es malo?” puede significar dos cosas: (a) ¿Qué quieres decir llamándolo malo? ¿En qué consiste su falta? Dame la causa formal. (b) ¿Por qué ha salido mal? ¿Por qué el escritor ha escrito tan mal? Dame la causa eficiente. La primera me parece la pregunta esencialmente crítica. Los críticos en quienes estoy pensando contestan la segunda, y usualmente la contestan mal, y desafortunadamente consideran esta respuesta la substituta de la respuesta a la primera.” [la traducción es mía]

Lewis usa una terminología aristotélica: causa formal y causa eficiente. En crítica, la única válida es la primera. Así, volviendo a La enfermera de Brunete, esa novela es mala porque su autor, Manuel Maristany, es un mal escritor. No sabe componer y punto. La causa eficiente me da igual. Ni sé ni quiero saber a qué partido vota. Los poemas que Pablo Neruda dedicó a Stalin no son malos porque Neruda fuera un totalitario, sino porque estéticamente provocan vergüenza. Son lo peor, con diferencia, de toda su producción literaria, por otro lado excelente como conjunto y merecedora del Nobel que recibió.

Espero haber dejado claro a los miopes que no juzgo a los escritores por sus posiciones políticas sino por su calidad literaria.

Entrada clasificada como: Observaciones varias

1 comentario Deja un comentario

  • 1. augustbecker  |  21 de Enero de 2008 a las 9:25 GMT+1

    Y sin embargo, seleucus, no podemos ser tan imparciales (no transferir las tendencias políticas a la crítica literaria, por ejemplo) como deseamos y proclamamos. El gran sabio que era Goethe dejó escrito algo así: “Puedo prometer ser sincero, no imparcial”.

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