De Stefan Zweig a Max Ophüls: Carta de una desconocida
Tiempo aproximado de lectura: 1 min. 48 seg.
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19 de Enero de 2008 a las 6:45 GMT+1 seleucus
Acabo de ver de nuevo Carta de una desconocida, veinticinco años después. Es que ni me acordaba de la película, y mi cerebro tampoco me permite escribir una entrada tan en frío. La vi de pequeño, acurrucado bajo la mesa del comedor, haciendo oídos sordos a las órdenes de ir a dormir.
Esta obra maestra de Zweig es de las que hacen época. Y cayó en las manos adecuadas. Max Ophüls, el director judío exiliado en Hollywood (como tantos otros) y de nombre real Maximillian Oppenheimer, asumió la dirección con Joan Fontaine como protagonista y el compositor ruso Daniele Amfitheatrof como director musical (atención al pedazo de apellido: “anfiteatro”). A destacar que la Fontaine está que se sale, en un papel que abarca unos veinte años: desde los quince que debe de tener ella cuando lo ve a él por primera vez, enamorándose de manera enfermiza en el acto, hasta su muerte años después.
El guión se distancia bastante de la novela, aunque con criterio. Él ya no es un escritor sino un pianista, igualmente mujeriego, que se pasa el día tocando Chopin, lo que hace que la melancolía que transmite la obra se dispare hasta el infinito, si no más allá. Para más inri, el guionista le puso Stefan de nombre, seguro que en homenaje al autor austrohúngaro. Por otro lado, es notable el cambio introducido en el personaje masculino, el pianista. La cinta comienza cuando él planea huir con nocturnidad y alevosía de un duelo que le comportará una muerte segura al amanecer. Entonces su criado le entrega la carta de la desconocida y, mientras la lee y descubre todo el dolor que su comportamiento desordenado ha causado en ella, pasan las pocas horas que tenía de margen para huir y llega el momento de dar la cara por honor. La película termina con él dirigiéndose a la cita mortal con el destino, asumiendo que si por fin da la cara y deja de exhibir un comportamiento gallináceo, la redención llegará a través del sacrificio.
Se han hecho más versiones de esta obra, pero no las he visto. Una árabe egipcia rodada en 1963 (pagaría por verla), otra coreana de 1969 (pagaría más, incluso) y una francesa en formato televisivo de 2001, con la bella Irène Jacob.
Así que, como me obligan a pagar esa basura llamada televisión pública española, aprovecho para pedir que dejen de emitir aberraciones y proyecten estas tres cintas, a ser posible en versión original subtitulada. Estoy harto de que doblen.
Entrada clasificada como: Literatura y cine, Recomendaciones literarias


3 comentarios Deja un comentario
1.
Blas de Lezo | 19 de Enero de 2008 a las 20:20 GMT+1
Zweig es un excelente escritor, representante de la alta cultura y exquisita sensibilidad de esa época y de esa generación. Al igual que C. Pavese se le rompìó el alma.
Excelenre recomendación, y me sumo a tu petición de TV. Aunque andan “liaos” con lo de Gallardón y Aguirre. Que por cierto es muy “shakesperiano”, a pesar de que lo mezclen con tendencias políticas,…etc.
2.
Groo | 20 de Enero de 2008 a las 20:38 GMT+1
Prueba con La Mula, ella nunca te abandona.
3.
seleucus | 20 de Enero de 2008 a las 22:06 GMT+1
Supongo que te refieres a bajar estas películas por eMule, porque si no me resultas muy abstracto…
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