Entradas de diciembre, 2007
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31 de diciembre de 2007 a las 7:27 GMT+1
seleucus
Bien, ya es treinta y uno de diciembre, de manera que ha llegado el momento de entregar los Premios Seléucidas, encarnados momentáneamente por mi Godzilla:

Las condiciones para que yo tome en consideración un libro son:
1. La primera edición del libro tiene que haberse puesto a la venta durante el año que hoy termina, y debo haber hablado de él en el blog.
2. Dicha primera edición tiene que serlo por parte de la editorial que lo publica, es decir, no tiene que ser la primera en sentido absoluto, excepto en la categoría de Mejor Autor, quien además debe estar vivo (eso excluye a muertos vivientes como Rosa Regàs).
Quiero subrayar que ni me he guiado por amiguismo ni he invitado a ministros, como se hace en otros premios con más dinero en juego (yo no tengo un euro, lamentablemente).
Así, me he roto la cabeza para crear unas categorías que puedan perdurar tantos años como vaya a hacerlo el blog mismo, es decir, hasta que el sol se apague o yo fenezca. El resultado: un total de doce, de las cuales nueve son positivas y tres negativas. Y el fallo de la 1ª Edición de los Premios Seléucidas ha sido el siguiente:
Premios Seléucidas 2007 a la Excelencia
Mejor Autor: Antonio Priante, por El corzo herido de muerte (Cahoba)
Mejor Compendio de Cuentos: La reliquia viviente, de Iván S. Turguéniev (Atalanta)
Mejor Editorial: Periférica
Mejor Novela de un Autor del Proyecto Seléucida: Saide, de Octavio Escobar (Periférica)
Mejor Novela en General: El retorno de Filip Latinovicz, de Miroslav Krleža (Minúscula)
Mejor Novela Negra: Sin hogar ni lugar, de Fred Vargas (Siruela)
Mejor Otro: La cocina del Quijote, de Cesáreo Fernández Duro y Miguel López Castanier (Rey Lear)
Mejor Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde, por la traducción del albanés de La hija de Agamenón & El Sucesor, de Ismaíl Kadaré (Alianza)
Mejor Volumen: Claus y Lucas, de Agota Kristof (El Aleph), título general para la trilogía compuesta por El gran cuaderno, La prueba y La tercera mentira
Actualización de septiembre de 2008: la ganadora retroactiva del premio Litteraturæ Magistra (Maestra de Literatura) 2007 es Paula Fox (Nueva York, 1923), por toda una vida dedicada a la alta literatura.
Premios Seléucidas 2007 a la Decadencia
Cubierta Más Espantosa: Una cerilla encendida como cubierta del libro Jugando con fuego, de Peter Robinson (RBA)
Novela Más Impresentable: El amante de Shangai, de Michèle Kahn (Grijalbo)
Peor Frase Publicitaria: "Una novela tan vívida que quemará los dedos incluso a los detractores de los thrillers más programáticos", por la revista People y reproducida en la cubierta de Jugando con fuego, de Peter Robinson (RBA)
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30 de diciembre de 2007 a las 7:36 GMT+1
seleucus
Ni leo teatro ni voy al ídem, pero hoy os hablaré de una obra inédita de Shakespeare.
La editorial Rey Lear, siguiendo su línea de calidad, acaba de publicar esta curiosidad teatral que William Shakespeare escribió inspirado por la lectura de El Quijote. Se trata de la Historia de Cardenio, obra desconocida y recuperada hace unos cuantos años. La Royal Shakespeare Company ha autentificado la autoría, de manera que los seguidores del teatro ya pueden estar de enhorabuena.
La verdad es que Shakespeare (1564-1616), también actor de la compañía The King’s Men (patrocinada justamente por el rey Jacobo I), escribió esta obra a cuatro manos, algo usual a la sazón entre autores que también eran amigos. Así, las otras dos las puso el dramaturgo John Fletcher (1579-1625). La redacción es tardía, ya que las obras más famosas de Shakespeare son anteriores, como Hamlet, Macbeth o El Rey Lear (como la editorial madrileña).
La edición corre a cargo de José Esteban, quien también es el responsable del prólogo, mientras que la traducción es del hispanista Charles David Ley, autor asimismo de una magnífica introducción donde nos explica, entre otras cosas, las similitudes y diferencias entre la historia cervantina de Cardenio y la shakesperiana, así como las enrevesadas situaciones en que determinados manuscritos antiguos se ven envueltos hasta que, final y felizmente, alguien pone orden en el caos y saca a la luz un material de estas características.
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29 de diciembre de 2007 a las 7:32 GMT+1
seleucus
Agota Kristof (Csikvand, Hungría, 1935) abandonó su país natal en 1956, año de la revolución húngara contra la opresión comunista. Residiendo en Suiza con su marido, comenzó a escribir en francés y en 1987 publicó El gran cuaderno. Un año después llegó La prueba, y en 1991 La tercera mentira.
Las tres novelas, breves, están conectadas entre sí. Narran la vida de dos hermanos gemelos, Claus y Lucas, y la editorial El Aleph ha tenido el acierto de reunirlas en un solo libro de grosor medido y tamaño de letra cómodo.
La historia es desgarradora, y lo es doblemente por la manera en que Kristof la cuenta. Algo debe tener de biográfico, ni que sea una idea básica muy desdibujada, pues eso parecen indicar tanto el origen de la escritora como el argumento. Veamos: el padre de los gemelos parte al frente, como corresponsal de guerra (la Segunda Guerra Mundial). La madre no quiere mantenerlos en la ciudad, de manera que los lleva con la abuela, al campo. La abuela es una tarada que llama "perra" a su hija delante de sus nietos, y en sus momentos de solitaria locura habla una lengua desconocida para los niños. La vida se convierte en un infierno para ellos, tomando proporciones inimaginables hasta que, en una escena de horror indecible, uno de los dos consigue pasar al otro lado de la frontera. Así, vivirán la guerra fría separados y…
Kristof atesora unas cualidades raras para la escritura. Imprime un dinamismo avasallador a la narración a través de frases cortas, estructura que reproduce en la longitud abreviada de los capítulos, y tiene una facultad portentosa para reflejar el dolor abisal que produce el desgarro en el ser humano, ya en la carne ya el en espíritu. Claus y Lucas se erige, indudablemente, en la parábola de un continente que, durante demasiados años, vivió sumido en una escisión sin precedentes en la historia de la humanidad.
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28 de diciembre de 2007 a las 13:47 GMT+1
seleucus
Bueno, hoy hace una semana que se aprobó el canon que refleja la mentalidad más reaccionaria y antitética al corpus jurídico occidental: que todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario (y además, ¿culpable de qué?). Me recuerda al cuento The Minority Report, de Philip K. Dick, llevado al celuloide por Spielberg. El precrimen ya está aquí. Y me da la impresión de que sudaremos sangre para devolverlo al foso de los horrores...
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28 de diciembre de 2007 a las 7:29 GMT+1
seleucus
Es por todos conocida la arriesgada tendencia de Walter Benjamin a pensar desde el fragmento. Se dice que le cogió el gusto a base de resolver puzles, hasta perder los nervios en Portbou mientras intentaba re-des-construir uno que representaba la cara de Theodor W. Adorno. Pero al margen de tal leyenda urbana postromántica, lo que está científicamente demostrado y es altamente indudable es que Benjamin, antes de cambiar el título a su tesis doctoral para que se la aceptasen en la Universidad de Badalona, la bautizó como El concepto de zombi en el romanticismo alemán.
Para no extenderme en exceso, sintetizaré los dos postulados que Benjamin defendió en dicha obra maestra del frikismo centroeuropeo que Planeta eliminó sospechosamente de su fondo editorial:
1. Los zombies, en tanto que devoradores de cerebros, son bohemios de tradición austrohúngara, como percibirá cualquier observador atento que pasee por Praga de noche.
2. Peinar la historia a contrapelo da como resultado la aparición de lo en-sí-que-es-para-mí, según la célebre formulación que Adorno llevara a cabo en la Universidad de Brastwurt am Ketchup.
Por cierto, para quien no lo haya pillado, hoy es el Día de los Inocentes. La broma corre a cargo de la tesis doctoral de Walter Benjamin, El concepto de la crítica de arte en el romanticismo alemán.
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27 de diciembre de 2007 a las 18:22 GMT+1
seleucus
El magnífico escritor argentino César Aira, en un artículo publicado en El País, recuerda la anécdota del encuentro de Kafka con la niña del parque.
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27 de diciembre de 2007 a las 6:15 GMT+1
seleucus
Miguel Candel (Barcelona, 1945) es profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona. De formación ecléctica a mi juicio (aunque quizás él diría algo distinto), publicó en 2004 Metafísica de cercanías en la editorial Montesinos. Es una especie de viaje por la historia de la metafísica, desde Parménides hasta nuestros días, sazonada con sus propios puntos de vista filosóficos, a los cuales uno puede adscribirse o no según lo crea oportuno. De 178 páginas (ni corta ni larga), la obra pretende estar, y lo está, al alcance de lectores con una formación mínima, que no nula, en filosofía.
El título viene de la aspiración del Dr. Candel: que su obra se pueda leer en el tren de cercanías. Mas dada la actual situación de la red ferroviaria española, lo más adecuado es leerla en casa. Recomendable para iniciados.
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26 de diciembre de 2007 a las 6:41 GMT+1
seleucus
Bueno, seguimos en período navideño, de manera que hoy toca hablar del francés Léon Bloy (1846-1917). Autor que pasó en su juventud de un violento anticlericalismo a un ferviente catolicismo, cultivó las letras, ignorado por todos, con una fuerza inusitada no apta para cardíacos. Una prueba es esta pequeña obra póstuma de sólo 111 páginas, prologada por su viuda y publicada por El Cobre en su colección "Abyectos". Entre otras cosas, en En tinieblas (perdón por repetir la preposición) critica duramente al Papa de entonces, Benedicto XV, por declararse neutral durante la Primera Guerra Mundial. Bloy, quien veía la encarnación del mal en los alemanes, quería que se decantase por Francia. Veamos un pasaje:
"La muchedumbre infinita, la población toda del globo, todos ciegos. No sólo el mundo entero duerme, sino que a fuerza de dormir, el mundo entero se ha quedado ciego, incluso en los mismos sueños, de suerte que, de despertarse, lo hará a ciegas, acometido por el miedo horrible de caer en algún hoyo. Pero lo más chocante de esta universal ceguera es que los más ciegos son precisamente los clarividentes, los que pasan por ver más allá que los demás, por ver antes que los demás."
Personalmente, dicho estilo atropellado pero lúcido al mismo tiempo me recuerda al de Leopoldo María Panero (pongo como ejemplo su última obra, Papá, dame la mano que tengo miedo, publicada por Cahoba). Dado que En tinieblas es una pieza tan rara como la de Panero, la pongo también en "Observaciones varias" y no en "Recomendaciones literarias". No será del gusto de muchos paladares.
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25 de diciembre de 2007 a las 7:26 GMT+1
seleucus
En la medianoche de ayer, tras la cena en familia, a mi padre se le ocurrió poner Televisión Española. Apareció Raphael en su programa especial, pagado con mis impuestos. Entonces mi progenitor A dijo: "¿Raphael aún está aquí? Pero si ya hacía estos programas con Franco". Lo que a mí me sorprende es que siga vivo (Raphael, no Franco).
Mejor os pongo esta viñeta:

Cartoon by Dave Walker. Find more cartoons you can freely re-use on your blog at We Blog Cartoons.
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24 de diciembre de 2007 a las 7:06 GMT+1
seleucus
A estas alturas, uno no sabe qué decir de Chesterton. Acaso que ha sido faro en momentos de oscuridad, como C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien. Con todo, vale la pena recordar brevemente su vida. Nació en Londres en 1874 y practicó activamente el ateísmo hasta que entró casualmente en una iglesia católica del Reino Unido, en 1922. Entonces se convirtió, en parte por motivos que en este blog no vienen al caso. Murió en 1936.
El presente volumen, todo un éxito de la editorial Cristiandad (quinta edición en tres años), contiene una novedad: un prólogo de Juan Manuel de Prada, converso como Chesterton. Cabe decir que el nombre de la editorial, al margen de la fe de cada uno, es un tanto pomposo.
El hombre eterno fue la respuesta filosófica de Chesterton a una obra del prolífico H.G. Wells, Esbozo de la historia, pues Wells no se limitó a escribir magníficas novelas sino que se metió en otros berenjenales de tipo extraliterario. Así, a pesar de que a ambas obras se les nota el paso del tiempo, a mi juicio dicho fenómeno lo sufre más claramente la de Wells. De todos modos, mi recomendación es de perfil bajo: no pongo el libro en la sección de "Recomendaciones literarias" por los pelos.
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Etiquetas: C.S. Lewis, Chesterton, H.G. Wells, Tolkien
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