La nieve, de Johanna Schopenhauer

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30 de noviembre de 2007 a las 7:36 GMT+1 seleucus

Ya la tenemos aquí. La madre de Arthur Schopenhauer. El filósofo tenía una progenitora novelista, y de las buenas. Así, la editorial Periférica se apunta un tanto publicando, por primera vez en lengua española, la novela La nieve.

El corte romántico de la obra es tan insoslayable como el clasicismo del argumento: la narración retrospectiva de un amor imposible con el agua cristalizada del título como algo más que telón de fondo. Pero veamos antes quién fue la autora.

Johanna Schopenhauer nació en Gdansk (Danzig), actual Polonia, en 1766, y feneció en Jena en 1838. Su nombre de soltera era Johanna Henriette Trosiener. De familia acomodada, recibió una instrucción inusual para las mujeres de la época: letras y más letras, desde los clásicos grecorromanos hasta los autores contemporáneos franceses. Aceptó casarse con Heinrich Floris Schopenhauer, aunque más bien con poca pasión. El hombre era depresivo y ella disfrutaba las fiestas de salón, de manera que el abismo se hizo insalvable, hecho que probablemente llevara a Heinrich al suicidio. De los dos hijos que tuvieron, aquél que se convertiría en el autor de El mundo como voluntad y representación dejó de dirigirle la palabra, mientras que la hija permaneció a su lado hasta el final, soltera, agostada y arruinada.

Johanna tuvo uno de los salones más famosos de la época. A él asistía Goethe, amigo personal. Y en él la señora daba muestras de su locuacidad. Vistos sus estudios y capacidades intelectuales, no es de sorprender que terminase de escritora. En la presente novela, magníficamente traducida y prologada por Luis Fernando Moreno Claros, Johanna nos narra una historia de amor imposible, y lo hace estableciendo dos niveles: en el primero, una serie de personajes están de charla de salón, como hacía ella misma en la vida real, y en el segundo tenemos la historia que uno de los presentes en el primer nivel narra a sus oyentes. Todo bien encajado.

Conclusión: sin ser una obra maestra, a los amantes de la buena literatura les resultará imprescindible acceder, por fin en lengua española, a esta novela de Johanna Schopenhauer.

Entrada clasificada como: Editoriales respetables,Periférica,Recomendaciones literarias

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5 comentarios Deja un comentario

  • 1. augustbecker  |  30 de noviembre de 2007 a las 9:26 GMT+2

    Muy acertado el comentario, seleucus, como todos los tuyos. A propósito de esa novela he pensado en el enorme vacío que existe en las ediciones hispanas respecto a algunos románticos alemanes de primera fila. Pongo por ejemplo a Jean Paul Richter. ¿Cómo es posible que a estas alturas todavía no se haya traducido al español y publicado ninguna de sus obras? Al final, llegará Vallcorba y lo sacará en Acantilado. No es que me caiga bien el tipo, pero reconozco que es uno de los pocos que sabe su oficio.

  • 2. seleucus  |  30 de noviembre de 2007 a las 10:02 GMT+2

    Pues Richter lleva un pico de años muerto. Cahoba podría sacarlo, ya no hay derechos de autor que pagar. Sólo hace falta un buen traductor de alemán, como Juan de Sola Llovet.

  • 3. Javier  |  30 de noviembre de 2007 a las 10:22 GMT+2

    No tengo excesivas dudas de que, (mutatis mutandi ;-) ), detrás de tal hijo tuvo que existir, necesariamente, una genial progenitora. Tendré en cuenta esta recomendación! Saludos!

  • 4. lepetitjean  |  30 de noviembre de 2007 a las 10:25 GMT+2

    Augusto amigo panadero: que yo sepa, al menos tres editores serios de este país han rechazado publicar obras de Jean Paul (uno de ellos, por cierto, el que tú citas). En más de una ocasión, Adan Kovacsics y Juan de Sola Llovet, traductores ambos del alemán, han comentado que Jean Paul es uno de esos autores que tienen en la lista de "pendientes". Los que lo conocen dicen que su prosa es espléndida, y que tiene algunas novelas comparables al Tristram Shandy de Sterne.
    En Alemania goza de estima, sin duda, pero su obra está eclipsada por las de Goethe y Schiller, que lo consideraban un tipo raro ("una rara avis, un tipo caído de la luna", escribió Schiller). Sí cosechó, en cambio, la admiración y la estima de Wieland y de Herder.
    De Sola Llovet, por cierto, me dijo un día que la obra de Walser --sus frases escurridizas, inacabadas e inacabables-- era inconcebible sin Jean Paul.

  • 5. seleucus  |  30 de noviembre de 2007 a las 10:49 GMT+2

    Aclaración: no hablo alemán, de manera que me han hecho saber que 'becker' significa 'panadero'. De ahí la broma de Lepetitjean en su comentario.

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