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17 de noviembre de 2007 a las 14:00 GMT+1
seleucus
Mediodía del sábado. Cadena televisiva Cuatro. El presentador de las noticias acaba de hablar de un concurso donde tres millones (creo) de fichas de dominó, puestas en un determinado orden, iban cayendo mientras formaban dibujos. Bien, el tío va y dice que la caída encadenada de las fichas respondía a "física casi newtoniana". Así, con un par. "Casi newtoniana". Sin escrúpulo alguno. Porque claro, todos sabemos que lo que se aplica en esa situación es física... ¿cuántica? ¿payasil? ¿analfabeta? Lo que sea, pero "casi newtoniana".
Mensaje a Cuatro: cuando los responsables de esa frase hayan dimitido o hayan pedido disculpas en público, que repasen física de E.G.B. (la de mi época). Verán que fuerza es igual a masa por aceleración (F=m·a), principio básico de la física newtoniana que aún sigue vigente, y que explica que cuando una ficha de dominó puesta en posición vertical golpee otra, ésta caiga, y así sucesivamente.
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17 de noviembre de 2007 a las 7:26 GMT+1
seleucus
El inglés tiene un facilidad asombrosa para crear vocablos nuevos. Un idealista como Fichte diría que precisamente por eso el desarrollo tecnológico es principalmente anglosajón: porque su lengua los guía. Pero dejemos de lado relaciones de causalidad y veamos el fenómeno del cual quiero hablar.
Al no marcar los verbos con unas desinencias determinadas, la lengua inglesa puede convertir cualquier palabra en verbo sin que suene especialmente mal. Ya se usa 'to google' para decir que se busca mediante Google, por ejemplo. En español sería una locura, porque hay que marcar el infinitivo con una terminación: 'googlear', por ejemplo (no puede sonar peor, así que mejor que nos abstengamos). De esta guisa, a mediados del siglo XIX el nombre de la ciudad de Shanghai ('Shangai' en español) se convirtió en un verbo, como vemos en Answers:
“El verbo ‘to shanghai’ comezó a formar parte del vocabulario al mismo tiempo que ‘crimping’ [‘enrolamiento forzado’] y ‘sailor thieves’ [‘ladrones de marineros’], en la década de 1850. La teoría aceptada acerca del origen de la palabra es que viene de la ciudad china de Shangai, un destino usual para barcos con tripulaciones retenidas por la fuerza. Desde entonces, el término se ha ampliado para significar ‘secuestrado’ o ‘inducido a hacer algo fraudulentamente’.” [La traducción es mía]
Es decir, que se secuestraba a marineros para forzarlos a navegar en la marina mercante, inicialmente hacia Shangai (de ahí el nombre). Algunos se despertaban ya en alta mar, tras haber bebido imprudentemente algo sazonado con narcotizantes, y entonces no quedaba más remedio que aguantar hasta llegar al destino. Así apareció el verbo con todas sus formas, enterito: 'to shanghai', 'shanghaiing', 'shanghaied' y la tercera persona del presente de indicativo 'he/she/it shanghais'. Y por si fuera poco, se rodaron varias películas.
Así que ya sabéis: si estáis dando una vuelta por un paseo marítimo y alguien se os acerca hablándoos de Shangai, echad a correr.
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