Acerca de Jugando con fuego, de Peter Robinson
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8 de Noviembre de 2007 a las 7:10 GMT+1 seleucus
Después de tomar varios Gelocatiles y de dejar reposar el sistema neuronal, me veo con fuerzas para hablar de este paradigma de la literatura aeroportuaria más fetén. Para empezar, el título: Jugando con fuego (Playing with Fire), antológicamente malo. Luego ese formato tan odioso de los libros de tapa dura que parecen ladrillos, con portada de un mal gusto estético que hace época: una cerilla encendida. Lo repito para quien haya llegado tarde: el título es Jugando con fuego y la portada una cerilla encendida. Bien, hay alguien en RBA que ha cobrado por hacer eso. No pasa nada, es una empresa privada y yo soy muy liberal, así que con su dinero pueden hacer las portadas que quieran.
El autor de este novelón criminal (nunca mejor dicho) es Peter Robinson, inglés residente en Canadá y considerado como uno de los mejores autores de serie negra. Incomprensible, pero hay gustos para todo. Los de RBA han tenido el detallazo de poner en la portada, por encima de la cerilla encendida (sí, Jugando con fuego, la portada es una cerilla encendida), el comentario que algún crítico desequilibrado de la revista People escribió, presumo que hasta arriba de ginebra:
“Una novela tan vívida que quemará los dedos incluso a los detractores de los thrillers más programáticos.”
Por si no lo habéis pillado, en la portada hay una cerilla y el tío va y dice “quemará los dedos”. Sí, en serio. No me lo invento. Pero es que, además, habla de “thrillers programáticos”. Sin escrúpulos. Yo sabía que algunas obras musicales de Prokofiev eran programáticas, pero que una mala novela policíaca con una cerilla de portada pudiera ser programática es algo que me supera.
Ah, sí. El argumento. Bueno, la novela pertenece a la serie que tiene como protagonista al inspector Alan Banks, y por medio hay incendios provocados y gente que muere. Qué sorpresa, ¿verdad? Pero es que, además, en la página 70 se puede leer:
“[...] el joven no tenía que compartir su encierro con una pandilla de moteros sexualmente frustrados con penes de treinta y cinco centímetros.”
Vamos, que ni Peter North. Y dejando de lado a ese icono del cine para adultos, ¿no se da cuenta el autor de que esa frase es una absoluta gilipollez estilística? Pues parece que no, y si está considerado por la crítica como uno de los mejores, nada, no voy a ser yo quien diga lo contrario. Después de todo, la crítica es una entidad tan mítica como las hadas. Yo aún no he visto a ningún crítico, ni siquiera cuando me afeito por la mañana. Pero existen. Tened fe.
Entrada clasificada como: Literatura de aeropuerto, Negra


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