Popularidad: 14%
30 de octubre de 2007 a las 18:15 GMT+1
seleucus
Instan, de El Trasgu Probabilista, nos ilustra en un magnífico artículo acerca de cómo construir una máquina del tiempo. Sólo para amantes de la ciencia ficción.
Entrada clasificada como: Ciencia ficción/Futurista
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30 de octubre de 2007 a las 7:47 GMT+1
seleucus
Otro patinazo cualitativo de la editorial Lumen, prescindiendo de que el libro se esté vendiendo mucho, cosa que no sorprende dado el presente estado de exigencia literaria de los españoles.
Markus Zusak, joven promesa de las letras australianas según dicen (pues lo llevan claro), ha pergeñado este palazo de tendencias intelectualoides que, además, deviene interminable en virtud del número de páginas: 531. Para que os hagáis una idea, la editora nos hace el favor de comunicarnos su opinión no ya en la contracubierta de rigor del libro (provocadora de vergüenza ajena hasta límites godzilleicos) sino en la solapa posterior, donde le hace al lector que controló el manuscrito para la editorial el pésimo favor de reproducir sus palabras. Entre otras cosas que prefiero olvidar para sobrevivir, dice que su colaborador externo puso por escrito que La ladrona de libros “es el libro ideal para esa inmensa minoría de lectores que aún son capaces de emocionarse cuando tienen entre manos una buena historia muy bien contada”. Hala, pues eso. Sin escrúpulos.
El argumento, ya puestos, es el siguiente: Liesel es una niña alemana que se dedica a robar libros en medio de la dictadura nazi y la Segunda Guerra Mundial. El país se hunde mas ella, impertérrita, sigue con lo suyo. Al final, sobrevive, detallazo teniendo en cuenta que la narradora de la historia es la Muerte, con mayúsculas. Tal cual.
En descargo de Zusak sólo se puede decir que su prosa no es un horror. Su problema es que se esfuerza por hacerse el interesante, y eso no funciona así. No se puede hacer lo que hace, interrumpir cada dos por tres la narración introduciendo parágrafos aislados y en negrita a modo de pensamiento fragmentario para espíritus elevados. Si haces un experimento, hazlo bien. Y si no, quédate con lo clásico, que nunca falla.
Entrada clasificada como: Literatura de aeropuerto
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