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26 de octubre de 2007 a las 13:06 GMT+1
seleucus
Parece que algunas mentes totalitarias no descansan. Un tarado italiano propone burocratizar los blogs de su país, creando un sistema de control que mate la vitalidad de internet:
Problemas para bloggers italianos
A veces me avergüenzo de mi sangre italiana. Ese país no tiene remedio. Lo peor es que, si sale adelante, dicho virus podrá traspasar las fronteras de mapamundi de la UE y llegar hasta aquí. Y habrá que plantar cara.
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26 de octubre de 2007 a las 10:10 GMT+1
seleucus
Vía Microsiervos nos llega esta curiosidad acerca de la concatenación de letras 'stuv':
Juegos de ingenio
Pero que no os quite el sueño.
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26 de octubre de 2007 a las 7:00 GMT+1
seleucus
Repasando las Páginas autobiográficas de I.S. Turguéniev (Alba Editorial, traducción de Víctor Gallego Ballestero), de las cuales hablaré en más profundidad mañana, he releído en la página 121 lo que Turguéniev (1818-1883) escribió en ocasión de la muerte del gran N.V. Gógol (1809-1852, ucraniano de nacimiento). En las "Cartas desde San Petersburgo", que me imagino que era una sección que Turguéniev escribía para el Novedades de Moscú, publicó el 13 de marzo de 1852:
"¡Gógol ha muerto! ¿Qué alma rusa no se dolerá de esas palabras? Ha muerto. Nuestra pérdida es tan brutal, tan inesperada, que nos resistimos a creer en ella. En el momento en que todos nosotros esperábamos que rompiera de una vez por todas su largo silencio, que alegrara y excediera nuestras impacientes expectativas, ¡llega esta nueva fatal! Sí, ha muerto ese hombre al que ahora tenemos el derecho, el amargo derecho que nos concede la muerte, de llamar grande; ese hombre que con su nombre marca una época en la historia de nuestra literatura; ese hombre del que nos sentimos orgullosos, como una de nuestras glorias. Ha muerto, abatido en la flor de la vida, en pleno dominio de sus fuerzas, sin terminar la tarea comenzada, como uno de sus más nobles predecesores [imagino que se refiere a Alexánder Pushkin: 1799-1837]."
Bueno, lo dejo aquí porque la cosa va para largo y el tono se mantiene. Reconozco con cierta desazón que me ha sorprendido tal vulgaridad en un autor de la talla de Turguéniev. Uno espera más brillantez y menos tópicos de alguien como él hablando de alguien como Gógol. Imagino que, en ese momento, el dolor por la pérdida no le permitió afinar más sus indudables dotes de escritor. Quizás escribiera de un modo excesivamente precipitado. Mas ahora ya da igual, y queda para la historia.
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