El perfume, de Patrick Süskind
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16 de octubre de 2007 a las 7:45 GMT+1 seleucus
Os preguntaréis qué hago hablando de un libro que ha leído todo el mundo. Bueno, esto es un blog y algo tengo que hacer, así que allá voy.
Seix Barral, con la falta de escrúpulos que los caracteriza (o 'las', porque no recuerdo que trabaje ningún hombre allí), reeditó El perfume poniendo de portada un cartel promocional de la película. Directamente. ¿No quieres caldo? Dos tazas. Lo que pasa es que esta novela es una obra mayor de la literatura de todos los tiempos, así que se lo permito.
El perfume no se olvida, valga la broma fácil. Roza la perfección de unidad entre forma y contenido (para decirlo a la clásica) desde el primer parágrafo. Por si fuera poco, es también desagradable, vomitiva y cruda como ella sola, de manera que es totalmente comprensible que algunos no la soporten.
El protagonista de la historia es Jean-Baptiste Grenouille, un sujeto nacido con las facultades de no despedir olor alguno y de ser capaz de captarlos todos y recrearlos a la perfección. Tiempo: la Francia prerrevolucionaria del siglo XVIII, donde tanta estima se tenía a los perfumistas, sucesores de los alquimistas al ser capaces de transmutar distintas materias en olores de una diversidad apocalíptica. Crecido en un orfanato, comprenderá un día cuál es su (supuesta) misión en la tierra, y la llevará a cabo con tal perfección que el resultado sorprenderá incluso a él.
Dada la curiosa fisiología olorosa de Grenouille, lo primero que viene a la mente es la teoría del conocimiento aristotélica: el alma es en cierto modo todas las cosas, del mismo modo que el sentido olfativo es el receptor potencial de todo posible olor en acto. Pues eso es Grenouille, un tipo tan vacío de olor en potencia que puede distinguirlos todos en acto y seguir rastros infinitamente mejor que mil perros juntos.
Otro punto destacable de la obra es que parece claramente inspirada en el clásico de la novela gótica Melmoth el Errabundo (Melmoth the Wanderer), de Charles Robert Maturin. Grenouille, igual que Melmoth, es un sujeto fantasmal, casi invisible a los ojos de los demás, que viene y va presenciándolo todo sin que nadie sea capaz de percibirlo a él a menos que se haga notar explícitamente. Ambas son historias imprescindibles de hombres malditos por alejados de Dios: en el caso de Melmoth con conocimiento de causa, y en el caso de Jean-Baptiste por ignorancia substancial.
Entrada clasificada como: Literatura y cine,Recomendaciones literarias
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2 comentarios Deja un comentario
1.
canislupus | 16 de octubre de 2007 a las 19:06 GMT+2
Me ha encantado eso de "un sujeto nacido con la facultad de no despedir olor alguno pero ser capaz de captarlos todos y recrearlos a la perfección".
2.
Alexiei | 20 de octubre de 2007 a las 11:27 GMT+2
Estoy de acuerdo contigo en que es una novela maravillosa y que deja una impresión profunda y duradera (otra cuestión es que, como yo soy muy canónico no me atreva a hablar de obra mayor estando Kafka o Thomas Mann, etc. Deformación profesional
)
Por añadir algo a lo que has dicho: me gusta de ella la idea de plantear una teis "falsa" -novelesca- sobra la realidad (a saber que nuestro atractivo reside en el olor aunque creamos que lo hace en otras cosas), y que resulte verosímil. También me gusta la parodia deliciosa que hace sobre el cientificismo del siglo XVIII (ahora tenemos una nueva ola), donde se pretenden disparates en nombre de la ciencia (aquel noble que pretendía fecundar los campos con semen de toro... Magnífico).
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