¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick
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11 de Octubre de 2007 a las 7:12 GMT+1 seleucus
Philip Kindred Dick nació en Chicago en 1928 y murió en Santa Ana (California) en 1982. En el ínterin se dedicó a marcar el género de la ciencia ficción de manera irrevocable. Incluso existe un premio que lleva su nombre. Y hablando de premios, la obra que nos ocupa fue finalista de los prestigiosos Premios Nebula en 1968 en la categoría de mejor novela, batida por Rito de iniciación (Rite of Passage), de Alexei Panshin.
Do Androids Dream of Electric Sheep? es ideal para introducirse en el universo dickiano. Aparte de que fuera la base para el rodaje de una película de culto como Blade Runner, es una novela corta que reúne de forma inteligible y en absoluto oscura las constantes de su literatura: mundo en decadencia moral, substitución de las presentes religiones por nuevas formas de espiritualidad y exterminio de las formas de vida no humanas.
El argumento es de sobras conocido: parte de la humanidad ha huido de la Tierra para establecerse en las Colonias Exteriores, dado que las condiciones de vida han empeorado tras la guerra mundial que asoló los recursos naturales y provocó la extinción incluso de bichos tan pequeños como las arañas. No obstante, el desarrollo de la biotecnología permite reproducir seres vivos en laboratorio. Naturalmente, se crean también androides, indiscernibles de los seres humanos nacidos de madre a menos que se les haga un análisis de médula ósea (prueba fuerte) o se les someta al Test de Empatía Voigt-Kampff (prueba débil de la cual ya hablé en el blog). Así, y por necesidades de la narración, Rick Deckard (Harrison Ford en Blade Runner) se verá obligado a dar caza a los androides que se hagan pasar por humanos.
Dick, en un alarde de imaginación aplicada a las posibilidades de lo real, inventó el Test de Empatía y lo dotó de un sentido científico absoluto. En ese aspecto, el esfuerzo realizado para la creación de esta novela es comparable al que llevó a cabo George Orwell para inventar la neolengua de 1984 o Anthony Burgess para inventar el lenguaje nadsat de La naranja mecánica, por no hablar de lo que tuvo que hacer Daniel Keyes al escribir Flores para Algernon. Y como os podréis imaginar, la novela y la película presentan fuertes diferencias argumentales, algunas más bien profundas, que prefiero no desvelar. Es mejor leer la obra.
Entrada clasificada como: Ciencia ficción/Futurista, Literatura y cine, Recomendaciones literarias


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