El Cobre Ediciones

Acerca de El secreto de Christine, de Benjamin Black

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20 de Julio de 2007 a las 9:08 GMT+1 seleucus

No voy a revelar nada que no conste en la pegatina chunga que Alfaguara ha puesto en la portada del libro: Benjamin Black es el pseudónimo de John Banville. Se ve que el señor se aburría...

Después de ese desastre llamado El Mar, que cosechó tanto éxito de crítica (no me explico por qué, o quizá sí pero mejor me lo callo), Banville ha sacado una novela negra estimable. Sólo eso, nada de babear diciendo que es una obra maestra. La acción se desarrolla en la Irlanda de los años cincuenta, donde aparece el cadáver de la Christine que da título al libro. Una serie de irregularidades llevará al protagonista a investigar más allá de lo recomendable.

De título original Christine Falls. Banville, más listo que el hambre (propio de todo trepa), hace un juego de palabras con el apellido de la interfecta. Muy agudo. Felicidades.

Entrada clasificada como: Negra

3 comentarios Deja un comentario

  • 1. Shackleton  |  20 de Julio de 2007 a las 10:48 GMT+1

    Banville es el típico autor al que los progres adoran. Y es que tiene todas las cualidades que tan cachondos los pone: confunde sabiduría con complicación, padece una incurable querencia por la sordidez disfrazada de fina introspección y se reviste de esteticismo en todos sus párrafos.

    Imposturas era una novela estimable, pero El mar es un ejercicio onanista, afectado y melifluo. Y con un tufo nihilista que hiede al primero de los libros citados. Todo muy moderno y muy vacuo. Y para no desmerecer, la traducción de Damián Alou: una fuite en avant delirante, llena de palabras sin significado alguno. Por supuesto, la crítica patria, esa panda de paniaguados al servicio del poder y de alma lacayuna, se brindó de inmediato para una felación gratuita y sonriente. Con escasísimas excepciones.

  • 2. lepetitjean  |  23 de Julio de 2007 a las 10:13 GMT+1

    Leí algunas páginas de lo que en inglés se agrupó con el título de Frames y me pareció un excelente prosista, sí. Ocurre, sin embargo, que su literatura no me interesa, o cuando menos no tanto como la de otros. Y como la nuestra es una época de urgencias y descartes, decidí abandonarlo. Farewell, Mr. Banville, farewell. And thanks a lot for this long but well-articulated handjob.
    Porque eso lo sabemos todos: literatura onanista hay a puñados, y no siempre logra uno empalmarse o llegar hasta el final. Digamos (toscamente, lo admito) que la literatura es una discoteca, que John Banville es una tipa que no hace más que moverse a un palmo de ti desde las 2 de la madrugada; pues bien, tú luchas por pasar la noche juntos, o en tu casa o en la suya, y luego os vais al baño diez minutos, y regresas luego a la pista más tranquilito, más leve si cabe, y os tomáis luego un gin-tonic en la barra, y suena el último tema (¿Happy Together, de The Turtles?) y encienden las luces y entonces le ves la cara (os veis las caras) y piensas: "Menos mal que han sido sólo dos pajas recíprocas, porque follar con esta tipa ―ella piensa lo mismo de ti― no me lo perdona Dios ni con mil avemarías”. Y luego te vas, te acuestas, duermes y sueñas con los angelitos.
    El problema, vengo a decir, nos son las tipas-disco-tipo-Banville, que al cabo no prometen más de lo que dan. El problema es esa otra tipa que bailaba junto a Banville, la que estaba realmente buena y te ha puesto realmente cachondo, la que siempre ha sido tu mayor esperanza (la ves todos los sábados con su vestidito) y se marcha siempre e invariablemente sola a casa, después de calentaros a ti y a dos mil más, después de marcar a fuego y sangre en vuestra mente el tanga blanco, rojo o azul, con los colores de la Marsellesa, esa tipa que promete y no da, que tira la piedra y esconde la mano, y luego llega a casa, donde la espera su marido, y se dedica a fornicar hasta las 8 de la mañana. Esa otra tipa, esa otra literatura es la que molesta: la que promete polvazo y, por no servir, no sirve ni para una paja.

    P.S: Con el debido respeto, atribuir a Damián Alou una mala traducción es como culpar al barman de una noche de sequía sexual.

  • 3. Jordi  |  16 de Agosto de 2007 a las 18:01 GMT+1

    Banville es con diferencia el mejor escritor inglés de la actualidad...Y si no, esperad unos cincuenta años, a ver qué queda del resto.

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