Breve análisis de la categoría ontológica de literatura de aeropuerto
Popularidad: 11%
2 comentarios 18 de mayo de 2007 a las 20:47 GMT+1 seleucus
Aritméticamente, la mayoría de lectores en todo el mundo lee las mismas obras: los superventas. La industria se aguanta con ellos, y eso permite tener liquidez para publicar obras de mayor calidad pero de menor proyección en el mercado. Eso no quita que una exquisitez como Imre Kertész pueda vender muchísimo, pero tal fenómeno es una rareza y, de hecho, suele suceder tras la entrega de un Nobel.
El motivo por el cual la mayoría de lectores se mueve alrededor de un mismo tipo de obras responde, a mi juicio, a un elemento más innato que adquirido: nos gusta que nos cuenten la misma historia bajo diferentes formas. Arquetipos. El mundo corre peligro y, al final, el chico no sólo lo salvará sino que se quedará con la chica. El paquete entero. Seguimos instalados en la repetición.
Voy a exponer las que creo que son las pautas comunes de la literatura de aeropuerto más auténtica. No todas las obras del género las cumplen, así que aclaro de antemano que me refiero al núcleo duro más íntimo. Sello de calidad pata negra, cuyo máximo exponente hoy día es Dan Brown. Dichos libros:
1. Suelen presentar un grosor considerable, semejante al de Guerra y paz (que me perdonen los puristas, pero considero que ese folletín es literatura de aeropuerto, aunque de alta calidad).
2. Suelen ser claramente dicotómicos: bien y mal enfrentándose.
3. Suelen contener elementos religiosos de cualquier tipo, pero si se trata del catolicismo, todavía mejor.
4. Suelen contener sangre.
5. Suelen recrear un aura de misterio que se remite a una conspiración, cuanto más oscura e inverosímil, mejor.
6. Suelen desarrollarse con un ritmo narrativo alto que provoca que el lector se enganche.
No se me ocurre nada más. Quien quiera añadir, negar o puntulizar, ya sabe lo que tiene que hacer.
Entrada clasificada como: Literatura de aeropuerto,Observaciones varias
Etiquetas:








