Acerca de El juego de Ender, de Orson Scott Card
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Añadir comentario 17 de abril de 2007 a las 7:45 GMT+1 seleucus
Al ver las posibilidades que implicaba su primera novela (que ganó los premios más reputados de ciencia ficción, el Nebula 1985 y el Hugo 1986), Card se lanzó a una serie que, por ahora, termina en la octava entrega. Como suele suceder, cada una es más floja que la anterior, de esperar sobre todo cuando la primera se basa en un elemento sorpresa imposible de mantener vivo a lo largo de todo un ciclo. No obstante, la segunda entrega de la Saga de Ender (La voz de los muertos) ganó también los premios Hugo y Nebula, convirtiéndose Card en el primer y único escritor en ganar ambos premios al mismo tiempo y durante dos años consecutivos.
Con el paso del tiempo, determinados elementos de El juego de Ender han quedado obsoletos. Quizás precisamente por eso los veamos ahora con más simpatía. Por ejemplo, la existencia futura del Pacto de Varsovia (recordemos que la novela se escribió a inicios de los ochenta, poco antes del colapso del régimen comunista), o el hecho de que los que viven fuera de la Tierra se comuniquen por carta con los que viven en la Tierra. Eso último se hace doblemente extraño, no porque justo al caer el Muro de Berlín apareciera públicamente internet sino porque Card introduce en la novela un sistema de comunicación por redes. Parece que no acabó de explotar la idea.
Esta primera entrega de la saga parece también deudora de la mal titulada en español La guerra interminable, de Joe Haldeman (ya hablaré de eso), puesto que Card juega también con la idea del poco envejecimiento que sufre quien viaja a la velocidad de la luz o casi (velocidades relativistas) mientras los parientes y amigos que permanecen en la Tierra siguen sujetos a un ciclo biológico normal y mueren.
Llegados aquí es preciso que nos detengamos. De otro modo, quien no haya leído la novela podría averiguar demasiado acerca de ella.
Entrada clasificada como: Ciencia ficción/Futurista,Observaciones varias
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