Últimos apuntes acerca de La catedral del mar
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10 de abril de 2007 a las 22:49 GMT+1 seleucus
Para empezar, no sé cuál ha sido el problema informático con la anterior entrada acerca de esta novela, pero no se han podido dejar comentarios. Por si a alguien le sirve de consuelo, lo lamento.
Me queda señalar que el tremendo éxito de la novela (más de un millón de copias vendidas en todo el mundo) se ha debido a una magistral jugada del departamento de promoción. Cuando te puedes gastar 200.000€ en promocionar una novela histórica que trata de una ciudad de moda como Barcelona, juegas a caballo ganador. No importa que literariamente sea un palazo antológico. Se va a vender.
Entrada clasificada como: Literatura de aeropuerto,Qué sucede en el mundo editorial
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2 comentarios Deja un comentario
1.
Shackleton | 11 de abril de 2007 a las 12:50 GMT+2
La cuestión de los best-sellers en nuestro país. Asunto tan trillado como aburrido. Aunque se sostenga lo contrario, la causa última del asunto éste de los libros es hacer caja. La edición es un negocio, y los demás criterios se supeditan al interés económico. No hay que perder eso de vista cuando se critican ciertos usos del mundo editorial. Creer que los que trabajan haciendo libros no están sujetos a los mismos motivos espurios que los demás ámbitos del sistema, es caer en una visión romántica (por ello deformada y simplista) de la realidad. Así que gastarse la pasta para “jugar a caballo ganador” es lo que haría cualquier gran grupo (ése es el caso) que necesite, busque o fabrique un superventas.
Y no queda ahí el asunto; ayer mismo se presentó otra presunta novela histórica con elementos de intriga: La clave Gaudí, con esa Barcelona inexistente de diseño y barretina como escenario virtual. Los escritores (necesitaron a más de un tío para pergeñar tamaña estupidez) convocaron a los media en el Parque Güell, a mayor gloria de los topicazos localistas.
Por lo demás, es indiscutible que la calidad literaria de este tipo de artefactos es nula. El caso más flagrante es El Código da Vinci, libro infumable que, además, adolecía de una absoluta falta de rigor histórico. Resultado: se vendieron millones de ejemplares. Ya se sabe, por eso se les llama best-sellers.
A qué rasgarse tanto las vestiduras.
2.
seleucus | 11 de abril de 2007 a las 13:33 GMT+2
No me las rasgo. De hecho, las editoriales viven de eso, y tal sistema permite que se publiquen a autores menores pero mejores. Con lo que ganan vendiendo mediocridades se permiten el lujo de editar obras superiores en calidad, las cuales, naturalmente, venderán menos.
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