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30 de agosto de 2010 a las 7:07 GMT+1
seleucus
Viendo cómo se han desarrollado las cosas, tenía que pasar. Por un lado, el mercado español es impenetrable; por otro, servidor se trasladará a Singapur dentro de tres semanas para enseñar filosofía a adolescentes. Sería vano intentar mantener el blog tal como ha venido siendo desde el comienzo, hace tres años y medio.
A partir de ahora, dejaré de aceptar originales en lengua española y mi único vínculo con España será la traducción de literatura griega moderna, siempre que encuentre a un editor interesado en mis propuestas.
Naturalmente, la pestaña "Quiénes somos y qué hacemos" queda totalmente reescrita.
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27 de agosto de 2010 a las 7:39 GMT+1
seleucus
De la película de Bertolucci sólo me ha quedado la belleza de Debra Winger. En cambio, la novela me ha dejado una sensación muy extraña. Es buena, mas no entiendo que se la valore tanto. Iré por partes.
Para empezar, Bowles (Nueva York, 1910-Tánger, 1999) también era músico, aunque se haya terminado recordándolo como escritor. Una vez se hubo instalado en Marruecos en 1947, apenas se movió de allí, y a los dos años publicó su obra más conocida, El cielo protector, donde una parejita de turistas americanos imprudentes se deja caer por África y se topa, muy a su pesar, con una tierra que les da y les quita más de lo que pueden soportar.
A partir de aquí, los problemas. Y es que la novela no ha envejecido bien. La desintegración de los materiales, que decía Adorno. En su momento, sin duda, el texto transmitía al lector una fuerza estética que se ha perdido precisamente porque la noción de África como continente misterioso ya cansa, y más después de ver en el Mundial a Shakira y su "Waka Waka", subtitulada "Esto es África" (por si algún despistado pensaba que era el Peloponeso o la Galaxia de Andrómeda). A estas alturas, no cuela que a la protagonista se le vaya la olla cosa fina como a Kurtz en El corazón de las tinieblas.
Otro problema son los diálogos, un tanto impostados. No he terminado de creérmelos. En ese sentido, hay un abismo entre la capacidad de Bowles para la narración pura, sin diálogos, y la que los contiene.
Y a la postre, la edición que he leído es la de Seix Barral en traducción de Nicole d'Amonville Alegría. Al final de todo, en una Nota del Editor, leo que Bowles estaba inquieto por la mala calidad de la primera traducción. Busco en el ISBN del Ministerio de Cultura y no aparece ésta de Seix Barral (????), pero sí la anterior, de una tal Ana o Aurora Bernárdez (??!!) que publicaron, entre otras, RBA y Alfaguara. Todo muy raro. Además, la nueva traducción tampoco mata, por más que se deje leer con comodidad. Un ejemplo:
"Mientras sorbía el té, que advirtió estar hecho con hojas de menta seca, en lugar de fresca, [...]." [Página 103.]
Lo correcto aquí es "que advirtió que estaba hecho", dado que el infinitivo en este tipo de frases sólo se puede usar cuando el sujeto de la principal y el de la subordinada son el mismo. Y no es el caso, toda vez que el protagonista no está hecho de menta seca sino de carne y huesos. Al menos hasta que se demuestre lo contrario.
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23 de agosto de 2010 a las 7:32 GMT+1
seleucus
Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939) tiene, por lo que veo, varios volúmenes publicados en Acantilado. Conozco su faceta como crítico literario en La Vanguardia, y nunca me ha entusiasmado. Sin embargo, con este volumen descubro dos cosas interesantes: que enseña (o enseñaba) literatura en lengua española en la Universidad de Westminster de Londres y que es mejor narrador que crítico.
La noche de la conspiración de la pólvora en un librito de poco más de 200 páginas donde encontramos veinte relatos, todos con el nexo común de la memoria, sea en forma de evocación de la infancia, sea estructurada alrededor de reminiscencias de la Guerra Civil española (qué original). Si el asunto se alargara mucho, cansaría, pero afortunadamente los tiempos están bien medidos. Las percepciones subjetivas, base de los cuentos, justifican hasta cierto punto determinadas referencias, un tanto repetitivas, al sexo y a lo escatológico (en sentido no teológico), aunque en mi opinión se le ha ido la mano.
Lo meto en "Recomendaciones literarias" por los pelos. A pesar de todo, tiene más virtudes que defectos.
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20 de agosto de 2010 a las 7:34 GMT+1
seleucus
Que sí, que me repito más que el ajo (cosa que nunca hacía Drácula), pero este libro es inagotable. Parece mentira que un ser humano haya podido pergeñar algo hasta tal punto ilegible. Quien quiera ver el segundo vídeo que grabé con unos amigos y La profecía del laurel como guía, lo encontrará en mi canal de Youtube.
Pero a lo que iba. Un amigo hizo limpieza en su casa y apareció un ejemplar de este horror dedicado a los cátaros. Me lo quedé, y si tuviera caja fuerte lo metería dentro. Su valor infraliterario es incalculable. Ahí van tres joyas halladas al azar:
"Aunque había comenzado la primavera y el disco solar, amarillo y rosa, ya asomaba por el horizonte montañoso, ni los pájaros se atrevían a trinar." [Página 13.]
Normal que no trinen. Cualquiera se acojonaría si el sol fuera amarillo y rosa al mismo tiempo.
"Cuando la silueta del castillo se tornaba cada vez más difusa, tomé el sendero que discurría paralelo al profundo cauce del río, donde abundaban las grutas prehistóricas." [Página 31.]
La narración es en primera persona hace unos 800 años, y el protagonista ya usa la noción de prehistoria, inexistente a la sazón. Maravilloso.
"[...] aprovechad para leer algunos de los numerosos volúmenes del estante; son verdaderamente fascinantes. Veréis incunables procedentes del scriptorium de Ripoll, en Catalunya [...]." [Página 38.]
Otro tío que sufre una conexión mental con el futuro à la Flashforward y usa un concepto inexistente en la época cátara, a saber, el de libro incunable. Que escriban 'Catalunya' en catalán en un texto en español ya no me sorprende.
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16 de agosto de 2010 a las 7:31 GMT+1
seleucus
Octavio Escobar (Manizales, Colombia, 1962) es el autor de dos novelas negras magníficas: Saide y Destinos intermedios, ambas publicadas por Periférica. En Letralia hay una reseña a esta última.
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13 de agosto de 2010 a las 7:21 GMT+1
seleucus
No pensaba publicar estas recomendaciones literarias originalmente destinadas a Factual, pero me lo he pensado mejor. Ahí van:
Otro verano más con las mesas de novedades literarias a reventar en las librerías. Uno, que no es estrictamente fetichista de lo recién aparecido, considera que en algunas ocasiones es más interesante tirar de fondo editorial o de libros que llevan pocos meses a la venta, aunque la librería tenga que encargarlos al distribuidor. Así que ahí van cinco propuestas alejadas de la literatura de aeropuerto más al uso.
Primero, la novela corta El desorden, de Juan Carlos Girauta (La otra orilla). Al autor se lo conoce más bien por sus ensayos La eclosión liberal o La República de Azaña. Sin embargo, en este caso le dio por narrar el desarrollo psicológico de un asesino en serie barcelonés. No es un derroche de sangre, pero ni falta que hace. La concepción de la obra no va por el camino de lo truculento sino por el de la introspección.
Segundo, otra novela corta: Señales que precederán al fin del mundo, del mexicano Yuri Herrera (Periférica). La editorial cacereña se ha doctorado en sacarse de la manga autores brillantes de la América de habla española, y hay que reconocerle los méritos. El texto tiene un aire experimental que disgustará a algunos y cautivará a otros. No es para todos los públicos.
Tercero, La ciudad automática, de Julio Camba (Alhena). Esta editorial, especializada en literatura de viajes, ha puesto en el mercado varios volúmenes del gran periodista español. Aquí tenemos su viaje a la Nueva York posterior a la Gran Depresión. Se publicó por primera vez en 1932.
Cuarto, una novela tan genial como larga: El soldado de porcelana, de Horacio Vázquez-Rial (Ediciones Verticales). Que esta edición sea de bolsillo lo simplifica todo, empezando por el tamaño y terminando por el precio. El argentino nos proporciona una biografía novelada de Gustavo Durán, personaje tan singular que, siendo pianista e ingeniero, pasó de general republicano durante la Guerra Civil española a protegido de Roosvelt en la ONU.
En quinto y último lugar, Soy un gato, de Natsume Soseki (Impedimenta). La tercera novela, y la más larga, que la editorial madrileña publica de este japonés que marcó época con su sentido del humor. Los amantes de los gatos no tienen excusa. Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
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Etiquetas: Horacio Vázquez-Rial, Juan Carlos Girauta, Soseki, Yuri Herrera
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9 de agosto de 2010 a las 8:53 GMT+1
seleucus
Noticia leída en Alt1040.
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6 de agosto de 2010 a las 7:22 GMT+1
seleucus
Tercero de los tres artículos originalmente destinados a Factual:
Hace tres años, la editorial Belacqva publicó una de esas joyas que, de vez en cuando, te caen en las manos: Proust enamorado, en traducción de Ramon González Férriz (si ‘Ramon’ no lleva acento, será catalán). Se trata de otra biografía de Marcel Proust, ciertamente, mas no es una biografía al uso sino un texto totalmente centrado en su vida sexual. El responsable, William C. Carter, es Profesor Distinguido de Francés en la Universidad de Alabama en Birmingham y este volumen lo publicó originalmente la Yale University Press. Mejor que no hablemos de lo que publican las editoriales oficiales de las universidades españolas porque no daría para mucho.
Carter aborda la vida sexual de Proust desde sus inicios juveniles, ya marcadamente homosexuales, y la desarrolla de un modo más o menos cronológico hasta la madurez. Como buen especialista en la obra del genio francés, genera paralelismos entre sus vivencias documentadas y lo plasmado en la inabarcable obra maestra En busca del tiempo perdido, rastreando aquellos elementos reales que sirvieron de inspiración literaria. No en vano Proust se consideraba un sujeto sin imaginación, por más que todo análisis que podamos hacer hoy día indique lo contrario. De ahí sus visitas frecuentes a burdeles masculinos, no sólo para solazarse pagando sino para espiar discretamente las perversiones sadomasoquistas de terceros gracias a su amistad con los propietarios de los locales. Lo que sea en nombre de una base fidedigna y factual, dicho esto sin segundas.
Visto a estas alturas, provoca estupefacción que la cura que recomendaban los médicos para la homosexualidad y la masturbación fuera llevar al adolescente a un burdel, y borracho a ser posible. Parece que Proust, enamorado sin correspondencia de Jacques Bizet (compañero de clase e hijo del celebérrimo compositor Georges Bizet), pasó por el tubo de modo más bien desafortunado. Ni esa experiencia era para él ni necesitaba cura alguna. Malgastó tontamente los 10 francos que su padre, médico, le había dado para que se realizase en el lupanar y asumió su tendencia defendiendo a capa y espada el término ‘invertido’ frente a ‘homosexual’. Los motivos no los explicaré aquí. Están en este gran libro.
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2 de agosto de 2010 a las 7:49 GMT+1
seleucus
Leo en Alt1040 que en Amazon ya se venden más libros en formato digital que en papel tapa dura.
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Etiquetas: Libro digital
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30 de julio de 2010 a las 7:51 GMT+1
seleucus
Segundo de los tres artículos originalmente destinados a Factual:
Ni que sea sólo porque no hay derechos intelectuales sobre esta obra maestra, resulta inexplicable que La asesina aún estuviera inédita en lengua española cuando en catalán ya había dos traducciones disponibles. Y es que su autor, Aléxandros Papadiamandis (1851-1911), lleva un pico de años muerto. Menos mal que Laura Salas y Periférica, traductora y editorial respectivamente, se pusieron manos a la obra.
El novelista nació en Skiathos, isla del archipiélago de la Espóradas. Hijo de pope ortodoxo y miembro de una familia numerosísima, intentó entrar al servicio de Dios pero vio que no era lo suyo. Estudió algo de Filosofía en Atenas y regresó desolado a su terruño, donde pasaría el resto de su vida encerrado en sí mismo, traduciendo del inglés y del francés para amigos editores, bebiendo sin control y sumido en una pobreza extrema típica de esos lares a la sazón. Nada que ver con lo que sucede hoy día en las islas griegas, paraísos de playas y de farras nocturnas para los turistas de todo el mundo. Por ende colijo que, aunque en otro sentido, lo del alcohol no ha cambiado demasiado.
En esta edición, La asesina no llega a las 200 páginas, mas no por eso deja de ser una obra descomunal de densidad psicológica admirable. Papadiamandis se mete en la cabeza de la vieja desequilibrada y nos muestra diáfanamente los desvaríos, llenos de una lógica enfermiza, que la impelen a matar niñas. Dijo no sé quién que el primer asesinato siempre es el más difícil, y que el problema llega cuando se le coge el gusto. Pues bien, los giros de la narración encarnan a la perfección la caída libre de la protagonista. Sin embargo, hay que añadir que la oscuridad irreal del texto tiene su luz en la vida misma. Es posible que nuestro hombre no se basara en unos sucesos específicos, pero parece claro que se inspiró en prácticas de la época, y que conocía el percal.
Nadie es profeta en su tierra, y Papadiamandis no fue una excepción. Ya en su momento generaba divisiones en el mundo literario helénico: su narrativa era radicalmente contemporánea, pero se expresaba en cazarévusa, no en griego moderno. De ahí que no pertenezca a la literatura griega moderna propiamente dicha por más que sea un punto de referencia en el canon moderno-contemporáneo griego. No obstante, poco importa a estas alturas la lengua vehicular. Lo reseñable es que el genio isleño ya está entre nosotros, y con él su asesina, tan odiosa como literariamente indispensable.
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28 de julio de 2010 a las 7:23 GMT+1
seleucus
Un profesor de griego antiguo ha dedicado una entrada a Viaje con Venus, la novela que traduje de Ánguelos Terzakis. Está en el blog Didáskalos ("maestro" en griego antiguo).
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26 de julio de 2010 a las 7:10 GMT+1
seleucus
Minúscula ha publicado nueve relatos del suizo Hohl (1904-1980), narrador absolutamente desconocido para los que no estamos metidos hasta las cachas en la literatura en lengua alemana. Se ve que el tipo es un autor de culto para escritores como Peter Handke y Max Frisch, y es obvio que algo tiene.
Hohl se aproxima constantemente a lo extraño, que no sobrenatural. Todo es raro, y en algunos momentos te preguntas a dónde te llevará, para terminar cayendo en la cuenta de que con algunos autores lo que importa es el recorrido, no el destino. De ahí que confiese que quizá no me convencería un volumen mucho más grande, pero sí éste, de poco más de 100 páginas.
Traduce Rosa Pilar Blanco.
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Etiquetas: Ludwig Hohl
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23 de julio de 2010 a las 7:45 GMT+1
seleucus
Primero de los tres artículos originalmente destinados a Factual:
Creo que ha habido, al menos, un grupo musical llamado Bates Motel, por no hablar de atracciones como la sita en Glenn Mills (Pensilvania), una especie de casa del terror para turistas de feria con susto incluido. Todo eso se remonta a Psicosis, la genialidad que dirigió Alfred Hitchcock en 1960, quien se basó a su vez en la novela homónima que Robert Bloch (Chicago, 1917-Los Ángeles, 1994), discípulo de H.P. Lovecraft, publicó en 1959.
Pero si estamos tan cerca del verdadero principio, sería una pena no terminar de remontarnos hasta la zona cero del horror. Y es que el origen del espanto radica en la vida y la obra de Ed Gein (1906-1984), aquel tipo de Wisconsin que desvalijaba tumbas, se decoraba la casa con restos humanos y terminaría asesinando a dos personas antes de que lo detuvieran. Pocos lustros después, Tobe Hooper filmaría La masacre de Texas basándose en dicho sujeto, pero ésa ya es otra historia.
Tal rollazo viene a cuento de que La Factoría de Ideas ha publicado la novela Psicosis en traducción de Ester Mendía, y Bloch bien se merece un artículo. Dos cosas llaman la atención. La primera es que el protagonista cinematográfico no tenga ningún parecido físico con el literario: éste es regordete mientras que Anthony Perkins estaba más bien flaco; la segunda nos remite a un viejo problema de la teoría estética: si la gracia del argumento yace en que el protagonista es un enfermo psicótico que se desdobla en su madre muerta, todo aquel que haya visto la película (es decir, la mayoría) ya sabrá qué sucede en la novela. En otras palabras, la percepción literaria de la obra está condicionada. Quizá alguien esté, entonces, tentado de puntualizar que el condicionamiento es un elemento inalienable en la recepción artística porque es un reflejo exacto de la desintegración de los materiales. Perfecto, responderé, y añadiré que se compre el libro.
Víctima de su propio éxito, Bloch terminaría redactando las novelas Psycho II y Psycho House, que no pienso leer porque dudo que valgan la pena. Y paralelamente pero sin que guarden relación con dichos textos, también fueron apareciendo otras películas con títulos de una originalidad que tira de espaldas, como Psycho II y Psycho III, a cuál peor. Uno supone que, a pesar de todo, Bloch cobró sus regalías como lo deben de estar haciendo sus herederos. Ya sabía Drácula que la sangre nunca sale gratis.
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21 de julio de 2010 a las 7:34 GMT+1
seleucus
A Zamiatin ya le dediqué varias entradas, y no hace mucho, a propósito de su novela Nosotros. Ahora acaba de salir la traducción de La inundación, novela corta inédita en lengua española, gracias a Marta Rebón y la editorial Alfabia.
Reconozco sin rubor que me ha gustado mucho más esta obra menor que su gran clásico distópico antes citado. El motivo es que Nosotros no ha envejecido bien, mientras que La inundación brilla en todo su esplendor y destila una mala uva sin fecha de caducidad.
Aquí no he percibido la influencia de Gógol sino la de Dostoievski e incluso la del Poe de El corazón delator, aunque dudo mucho que este último estuviera en la biblioteca de Zamiatin. A grandes rasgos, tenemos a un ruso borrachín, a su mujer aparentemente estéril y a una huérfana que irrumpe no con un pan sino con la tragedia bajo el brazo.
Para terminar, aconsejo leer el prólogo como epílogo, dado que alguien tuvo la pésima idea de explicar la trama con demasiado detalle. A mí me da lo mismo, pero a un lector que compre el libro por puro placer le sentará como una patada en el páncreas.
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Etiquetas: Ediciones Alfabia, Literatura rusa, Zamiatin
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19 de julio de 2010 a las 7:13 GMT+1
seleucus
La editorial Minúscula, de nuevo en traducción de Ricardo San Vicente, nos presenta a Varlam Shalámov (Vólogda, 1907-Moscú, 1982) y sus cuentos desde el infierno gélido de los campos de concentración soviéticos. Con este volumen, subtitulado El artista de la pala, llevamos tres de los seis. El drama seguirá.
Esta vez tenemos veintiocho relatos en casi 500 páginas. Continúa llamando la atención la falta de compañerismo entre presos. Y es que se hacía lo que fuera por sobrevivir, de modo que el peligro mayor no provenía de los guardias sino del resto de condenados, como el narrador vivió en sus propias carnes.
El noveno relato merece una mención aparte, toda vez que se intitula "RUR", como la obra teatral de Karel Čapek. Shalámov genera un paralelismo entre la Compañía de Régimen Intensivo (RUR en ruso, o Rota Usílennogo Rezhima) y la pieza del checo, que trata de robots que suplantan a la especie humana. A vueltas con la deshumanización de los presos en esas condiciones, señala:
"No, no éramos robots. En la insensibilidad metálica de los robots hay algo de humano." [Página 97.]
La traducción es buena, aunque se nota que la lengua materna de San Vicente es el ruso. No en vano nació allí.
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Etiquetas: Kolimá, Varlam Shalámov
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